Ucronías

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Según la Real Academia Española, la definición de ucronía es “Reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder”. Esto es, imaginar un presente distinto a partir de un hecho histórico que ocurrió de otra manera. Es un género que me encanta, por lo que leí varias obras con esa premisa; entre ellas “Watchmen” (la genial historieta de Alan Moore y Dave Gibbons, y también la película, que a mí me gustó), la novela “Farthing”, de Jo Walton, que imagina a Gran Bretaña firmando la paz con la Alemania nazi mientras en Estados Unidos es presidente Charles Lindbergh –igual que en la novela de Philip Roth que comento más adelante– y otra ficción, “The Yiddish Policemen’s Union”, de Michael Chabon, que imagina a los judíos establecidos en Alaska en 1941: no es lo que más me gusta de este autor, pero está muy bien.

El altamente recomendable sitio Mental Floss publicó hace poco una lista de ucronías imaginadas por escritores y periodistas (algunas desarrolladas en obras completas, otras solo como sugerencias), y aquí reproduzco algunas. De ellas hay dos que no conocía, dos que sí, y otras dos que agrego yo y que son de autores argentinos. Ahí vamos.

1. En el libro “What If?”, varios historiadores se preguntaron que habría pasado si algunos hechos históricos hubieran sucedido de diferente manera. Algunas de estos suposiciones eran bastante populares (por ejemplo, qué habría ocurrido si fracasaba la invasión del Día D) pero otras no. Entre ellas, la de Lewis Lapham, quien recordó la Batalla del Bosque de Teutoburgo, también conocida como el Desastre de Varos; allí se enfrentaron en el año 9 las legiones romanas y las tribus germánicas. Estas últimas emboscaron a los romanos y destruyeron tres legiones, lo que significó que los romanos no volvieran a intentar la conquista de Germania (Alemania, claro). Lapham sostiene que si los romanos hubieran ganado, la historia mundial sería muy diferente: “El Imperio Romano no habría caído en la ruina, Jesucristo habría muerto olvidado en una cruz ignota y, lo más notable, el idioma inglés hoy no existiría” (!).

2. En 2003, la revista inglesa de cine Empire sugirió ucronías relacionadas con Hollywood. Parece que el artículo se lo tomaba bastante en joda porque, por ejemplo, imaginaba qué habría pasado si “The Godfather” hubiera sido un fracaso de taquilla (Coppola se habría dedicado al cine porno; Al Pacino habría vuelto a su trabajo original en una empresa de mudanzas). El más curioso de estos planteos era suponer la película “Pretty Woman” dirigida por Martin Scorsese y no por Garry Marshall; esto no es nuevo: en Internet hay infinidad de estas elucubraciones, como los clásicos de Disney dirigidos por Tarantino. Pero la versión de “Pretty Woman” por Scorsese suena lógica. Es una visión dura y descarnada de la vida en la calle, se llama “The Happy Hooker” y termina con la prostituta (Julia Roberts) muerta por una sobredosis de heroína mientras su cliente (Richard Gere) huye en su lujoso auto riéndose como un maniático.

3. Esta la leí: es la extraordinaria novela “La Conjura contra América” (“The Plot Against America”) de Philip Roth. Es una historia alternativa en la que Charles Lindbergh es candidato republicano a la presidencia de EE.UU. en 1940 y derrota a Franklin Delano Roosevelt. Lindbergh fue famoso por ser el primer piloto que atravesó el Océano Atlántico en avión, y también porque le secuestraron y asesinaron a un hijo pequeño. (Esta última historia se cuenta en varias películas; la más reciente es “J. Edgar” de Clint Eastwood.) Ahora bien, parece que este Lindbergh era flor de sorete: racista, antisemita y homofóbico, entre otras lindezas. Entonces cuando es electo presidente declara la Ley Marcial, manda a la cárcel a sus opositores y forma una alianza con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Roth cuenta todo esto desde la perspectiva de su familia judía en Newark, New Jersey; de hecho, el chico protagonista se llama Philip. Es una gran novela y, a partir de una ucronía, confirma que Lindbergh era un villano.

4. En la novela “Fatherland”, de Robert Harris, la invasión de la Unión Soviética en 1942 por los nazis es un éxito. Alemania firma la paz con los otros aliados y 20 años después, Hitler sigue siendo el líder, reverenciado y adorado por su país. (La foto de un Hitler viejo que ilustra este post es de la película basada en la novela; es muy buena, la protagoniza Rutger Hauer.) La trama de la historia consiste en un policía que investiga el asesinato de un viejo jefe del partido nazi, y así llega a descubrir el secreto mejor guardado de Alemania justo cuando está por llegar al país el presidente de Estados Unidos, que es Joseph Kennedy; ojo: JOSEPH y no John. Es decir, el padre y no el hijo. ¿Cuál es ese secreto que nunca se difundió al ganar Alemania la guerra? ¿Qué hicieron los alemanes durante el conflicto? No lo voy a revelar, pero ya se deberían haber dado cuenta. Lean el libro o vean la película; ambos son excelentes.

5. Javier Aguirre, Eduardo Blanco y Fernando Sánchez, tres de los creadores de la revista Barcelona, escribieron el libro “Ucronías Argentinas”. Consiste en diez historias alternativas desarrolladas a partir de planteos como estos: ¿Qué habría pasado si hubieran ganado los Montoneros? ¿Habrían instalado el Hospital de Niños en el Sheraton, como prometían? ¿Y qué habría pasado si los pueblos originarios hubieran vencido en la Campaña del Desierto? ¿Y si le hubieran anulado a Maradona el gol con la mano contra los ingleses? Lo más curioso es que en este libro de 2008, los autores se preguntan que habría pasado si hubieran elegido Papa a Jorge Bergoglio, lo que, como todos sabemos, sucedió cinco años después. Bueno, la respuesta a esa pregunta ya la tenemos.

6. En cierta sintonía con las ucronías pesadillescas que imaginan un triunfo nazi, el argentino Juan Simeran supuso la victoria de los militares en las Malvinas en el libro “¡Argentinos a Vencer!” cuya historia sucede 30 años después, en 2002. Las potencias globales imponen un embargo económico a la Argentina y la “Junta Cívico-Militar” prohíbe la emigración, por lo que el país es ahora una gigantesca y decadente prisión. En ese contexto, el autor narra las aventuras de un grupo improvisado de muchachos que dudan entre huir o quedarse (el tema del héroe colectivo remite a Oesterheld, por supuesto). No lo leí, pero el libro suena muy interesante.

Hay muchas más ucronías dando vueltas por ahí y, como ya dije, es un género que me fascina. Si alguien me quiere recomendar una historia alternativa en particular, aquí la espero, dispuesto a creerme casi cualquier cosa.

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Marketing Psicótico

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Cuando se trata de elegir la mejor película de Hitchcock, cada uno tiene su preferida. Entre esas preferidas habitualmente figura el que tal vez sea su filme más popular: “Psycho” (“Psicosis”, 1960). Todos la vieron; y si no, al menos conocen la secuencia de la ducha y tararean la clásica música de Bernard Herrmann en situaciones que lo ameritan. Lo que no muchos saben es que la película tuvo una campaña de marketing espectacular, y que gran parte de ella la hizo el mismo Hitchcock. La constante presencia del director se debía a que su cara era ya muy conocida, no solo por sus cameos en sus películas, sino también porque ya había empezado su programa de televisión en el que él mismo era el presentador. Tanto durante la filmación como poco antes del estreno y con la película ya en los cines, las “acciones” (hoy las llamaríamos así) fueron tan creativas como eficaces. Por ejemplo:

• Como todos saben (acá no hay peligro de spoiler, supongo) el personaje de Anthony Perkins, Norman Bates, ha adoptado la personalidad de su madre, muerta desde hace años, pero esto se revela al final de la película cuando vemos el cadáver de la madre y a Perkins con un vestido y una peluca. Es decir, la madre no aparece nunca en la película. Antes de la producción, Hitchcock despistó a todos anunciando que estaba considerando actrices para interpretar a la madre. Una de esas actrices –siempre según Hitchcock- era Helen Hayes; otra era Judith Anderson (que ya había trabajado con él en “Rebecca” en 1940). Los que habían leído el libro sabían que esto era un ardid, pero hubo muchas actrices que le escribieron a Hitchcock postulándose para el papel. Ya en filmación, el director usó otro recurso: hizo fabricar una silla de lona como las que usaban él y los actores, y atrás hizo escribir “Mrs. Bates”. La silla siempre estuvo presente –y vacía- en el set de filmación, lo que aumentó el “enigma” sobre quién hacía de la madre.

• En el verano de 1960, antes de su estreno en septiembre, la película se publicitó con un aviso de radio locutado por el mismo Hitchcock. En aquella época, los anunciantes usaban la expresión “Brand X” para referirse a la competencia de su marca. En el aviso, Hitch declaraba que quería comparar su nueva película con Brand X. A continuación, se escuchaba una serie de sonidos de caballo: relinchos, cascos trotando. Volvía la voz del director y decía: “Brand X es un Western. En cambio, mi película…”; en ese momento se escuchaba un alarido que helaba la sangre. Fin del aviso.

• El director se encargó de enviar una gacetilla de prensa antes del estreno. El texto: “Hay un rumor según el cual ‘Psicosis’ es tan terrorífica que la gente enmudece del susto. Algunos de los hombres de mi equipo han enviado a sus esposas a verla en una proyección especial. Las mujeres salieron de la sala muy afectadas, pero aún vigorosamente locuaces”.

• El trailer original de la película no mostraba escenas de la misma sino, desde luego, a Hitchcock. Este recorría el set ubicado en los Universal Studios y terminaba en el famoso baño. Hitchcock corría la cortina y detrás de ella aparecía Vera Miles gritando horrorizada. (La protagonista de la escena en la película era Janet Leigh, pero la rubia no estaba disponible para filmar el trailer; por eso la reemplazó Miles, que en el filme hacía de su hermana.)

• Al final del trailer de 6 minutos recién mencionado, se anunciaba una de las claves de la campaña: no se le iba a permitir el ingreso al cine a nadie una vez que la película hubiera comenzado. Era una orden estricta de Hitchcock que hasta fue incluida en los contratos de los dueños de cada sala (hecho que, por supuesto, se divulgó a la prensa). El motivo principal para esta medida era que la campaña publicitaria sugería de manera engañosa que la protagonista de la película era Janet Leigh. Esto tenía dos objetivos: por un lado, el shock producido por el asesinato de Leigh a la media hora de película iba a ser aún mayor; por el otro, si alguien llegaba al cine después de esa media hora se iba a preguntar dónde estaba la “estrella”. El texto de los avisos en diarios era muy claro: “Usted DEBE ver ‘Psicosis’ desde el principio. Nadie –ni el Presidente de los Estados Unidos, ni el hermano del dueño del cine, ni la Reina de Inglaterra (Dios la bendiga)- podrá entrar a la sala cuando la película haya comenzado. Esto le permitirá disfrutar más de ‘Psicosis’. Ya que estamos, cuando la haya visto, no cuente el final. Es el único que tenemos”.

• En todos los cines que proyectaban el filme, había una figura en tamaño real de Hitchcock señalando su reloj, con una nota que decía: “El gerente de esta sala tiene instrucciones, y de ello depende su vida, de no admitir a nadie cuando la película haya comenzado. Cualquier intento espurio de ingresar por puertas laterales, salidas de emergencia o conductos de ventilación, será impedido por la fuerza. El objetivo de esta medida extraordinaria es, desde luego, ayudarlo a disfrutar más de ‘Psicosis’. Alfred Hitchcock”.

• El estudio envió una grabación a cada sala, para ser emitida en la antesala del cine. Contenía música ocasionalmente interrumpida por una voz que decía “Diez minutos para ‘Psicosis’”, “Cinco minutos para ‘Psicosis’”, y así.

• También se realizó otra grabación, guionada por James Allardice (que escribió casi todo el material promocional de la película) y locutada por el director: “Soy Alfred Hitchcock. Confiamos en que la presencia de un policía durante esta función de ‘Psicosis’ no les resultará molesta o temible. Personalmente, me asustan mucho. Pero el policía solo representa al dueño del cine, quien ha sido instruido para asegurarse de que nadie entre una vez que la película haya comenzado”. Al final de la grabación, Hitchcock recomendaba al público en la fila que volviera a sus actividades habituales: mirar la nuca del de adelante y divertirse con esa señora que intenta colarse a los codazos.

“Psicosis” fue un éxito tremendo, porque es una gran película, porque su presupuesto era ínfimo para la época, y por esta campaña que si hoy parece original, imaginen lo que fue en 1960. A mí me parece que cada una de estas acciones de marketing merecería hoy un video generosamente difundido en los medios y las redes sociales. Y el “caso” completo ganaría premios en cualquier festival. ¿O no?

Cumpleaños: nuevas Reglas de Etiqueta

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Nadie duda que las redes sociales lo han cambiado todo. Pero a no asustarse: no es mi intención compartir una obvia y fatigosa lista de todas las cosas que ya no serán iguales. Lo que sí deseo es detenerme por un rato en las Reglas de Etiqueta, que también han sido afectadas por las redes y medios digitales. Hay ciertos aspectos que todo el mundo conoce y que solo mencionaré al pasar; por ejemplo, aquellos acontecimientos que la gente hace saber, principalmente en Facebook, y ante los cuales la reacción es casi automática. El que no le da “like” a un post que anuncia un nacimiento, es claramente un hijo de puta. Sobre todo si el post incluye una foto del recién nacido (en estos casos es conveniente abstenerse de comentar cosas como “qué fulero” o “se parece al profesor de yoga de tu mujer” o similares). De todos modos, aquí se presenta una breve serie de opciones; aquella que se elija dependerá de la relación que uno tenga con el/la autor/a del post: la reacción, de menor a mayor, puede ser un simple like, un comentario, compartir la imagen y, ya en el ámbito analógico, correrse hasta la clínica para felicitar en persona, práctica hoy en desuso.

Este sistema, bastante ampliado, se aplica a los cumpleaños, y aquí ya entramos en tema. Si en algo han influido mucho las redes sociales, es en los cumpleaños. Y otra vez, hablamos principalmente de Facebook, que tiene la amabilidad de alertar cuando hay onomásticos. (Hay quien sostiene que esta característica es una de sus dos mayores utilidades; la otra, desde luego, es poder ver fotos de compañeras/os de trabajo con poca ropa.) Como tantas otras cosas, antes era distinto. Por un lado más difícil, porque había que acordarse de los cumpleaños; pero después era más fácil porque había menos opciones: o no saludás, o llamás para saludar, o vas a la casa si te invitan a la fiesta, único caso que exige la portación de un regalo. Y listo.

Hoy hay muchas más opciones, en Facebook, en otras redes y en la vida física. Yo no sé si a todos les pasa lo que me pasa a mí: cada cumpleaños que Facebook me comunica, desata una serie de dudas acerca de la salutación más adecuada. La primera es ¿conozco a esta persona? Y si es así, ¿cuánto la conozco? ¿La conozco en persona o “de Facebook”? ¿Me saludó a mí para mi cumpleaños? ¿Me sirve personal o profesionalmente saludar a esta persona? Es decir, saludarla por su cumpleaños, ¿me acerca la posibilidad de tener sexo con ella, o de que me ofrezca un trabajo extraordinario, o de que no me eche del que ya tengo? (Sí, esta última pregunta es muy interesada y egoísta; y todos ustedes se la hicieron alguna vez.) La duda principal es siempre la misma: en caso de saludar, ¿cómo hacerlo? ¿Con qué herramienta, con qué énfasis, con cuántos signos de admiración?

La lista que sigue no pretende ser un manual de instrucciones, sino solo eso: una lista, para que todos sepamos con cuántas maneras de saludar contamos hoy, adentro y afuera de Internet. La manera elegida, es decir, la Regla de Etiqueta a utilizar, depende, otra vez, de la relación que cada uno tenga o crea que tiene con los cumpleañeros, y eso es cosa de ustedes. Esa relación puede ser casi inexistente o de amistad indoblegable, y así está ordenada la lista. Veamos:

• Nada. Nada de nada: ni saludo digital, ni llamado, ni “like”, ni un carajo. Se aplica cuando uno no conoce al festejado, y lo más probable es que sea este quien hizo la solicitud de amistad en Facebook, por razones insondables. Sí, se corre el riesgo de quedar mal, sobre todo si en el cumpleaños de uno, la otra persona lo saluda. Pero en todo caso conviene esperar que esto suceda y en el próximo cumpleaños de esta persona, saludarla como corresponde. La opción “Nada” también se recomienda cuando la amistad (o relación) con esta persona ha finalizado pero, por algún motivo, aún siguen conectados en redes sociales.

• “Like” al infaltable post de agradecimiento por los saludos. En Facebook, es prácticamente obligatorio agradecer por los saludos; la fórmula habitual es un simple “Gracias por los saludos” pero no está mal agregar algún dato de color: “Lo pasé muy bien”, “Estuve rodeado de cariño”, “Trabajé todo el día como un pelotudo”, etc. Darle “like” a este post es el mínimo gesto de saludo. Significa algo así como “No te conozco pero de última me gusta que hayas cumplido años”.

• Comentario al infaltable post de agradecimiento por los saludos. Esto ya implica un grado de conocimiento mayor pero hasta ahí nomás. El mensaje es similar al que uno hubiera hecho en la página del cumpleañero, pero su presencia como comentario en otro post le resta relevancia. En general es suficiente el “Feliz cumple!” pero como habitualmente los posts de agradecimiento salen al día siguiente, se permite agregar un “atrasado” para completar el mensaje. (Presten atención a la puntuación. No es lo mismo “Feliz cumple atrasado!” que “Feliz cumple, atrasado!”)

• Saludo en Facebook. Esto es, postear en la página de la persona homenajeada. Hoy es el más común de los saludos, incluso entre quienes son amigos desde mucho antes del nacimiento de Mark Zuckerberg. Este saludo puede desarrollarse en una gran cantidad de formatos, desde la frase más simple (“Feliz cumple!”) hasta la inclusión de una foto o video con dos opciones: temática cumpleañera (canción, video, ilustración) o algo que refleje los gustos del cumpleañero (música, cine, TV, deportes, etc.). En el medio puede haber muchas variantes de la frase de saludo que, en algunos casos, llega a ser un párrafo entero, lo que demuestra el esfuerzo realizado por el saludador y, en consecuencia, su compromiso con el cumpleaños en cuestión. Encomiable.

• Mensaje privado en Facebook. Algunos antisociales tienen su muro de Facebook clausurado por lo que, si realmente uno quiere saludarlos, no tiene más remedio que enviar un mensaje privado. Pero no es la única oportunidad en que este medio se utiliza: también es recomendable cuando se desea mandar un mensaje más personal y/o cuando se haga alusión a algún tema del que no se tienen que enterar los amigos en común. Aunque esto no suceda, el mensaje privado siempre es más personal, incluso si el texto es un simple saludo.

• Saludo por Twitter. Esto ya requiere un compromiso mayor; como es sabido, Twitter no avisa cuando alguien cumple años. Por eso, uno debe enterarse por otros medios: o se acuerda (casi imposible) o nota que alguien más está saludando al cumpleañero o, lo más probable, se entera por Facebook y después saluda por Twitter. Aquí se debe ser cuidadoso: los tuiteros se destacan por su escasa tolerancia, y un saludo de cumpleaños puede provocar reacciones como, por ejemplo, “¿Por qué no te guardás esas boludeces para Facebook?”; esto hace que un saludo en Twitter sea muy significativo.

• Mensaje telefónico. Acá ya entramos en relaciones más estrechas. Entre otras cosas, porque hay que tener el número de celular de la persona, lo que no es poco. La frase de saludo puede ser similar a la que uno pondría en Facebook, pero el solo hecho de que sea por mensaje de texto la hace más cercana. Más aún, obliga a una respuesta del cumpleañero: solo un maleducado incorregible deja un mensaje de texto sin contestar. En Facebook, en cambio, el homenajeado puede likear el saludo, contestar cada uno o, la opción más elegida, no hacer nada. Pero el mensaje telefónico se contesta, y enviarlo es una gran manera de forzar una invitación a la fiesta (si la hay). En este caso, hay que tener en cuenta un riesgo: es imprescindible la adquisición de un regalo.

• Llamada telefónica. Se realiza también al celular; ya nadie llama nunca a la casa de nadie, salvo los abuelos y los políticos. Es muy personal, desde luego, y se potencia lo dicho en el ítem anterior: es inevitable una invitación al festejo y la consiguiente compra de un obsequio. Parece obvio aclararlo, pero se recomienda recurrir a este método solo entre amigos cercanos; de otro modo, la conversación puede incluir incómodos momentos de silencio.

• Visita personal sorpresiva a la casa del cumpleañero. Nadie lo hace. De hecho, no sé si alguien lo hizo alguna vez. Perdón por mencionarlo, fue un error. No volverá a suceder.

Ahora solo falta que decidan qué grado de relación tienen ustedes con quien cumple años, y en consecuencia elijan una de estas opciones. Tal vez hayan notado que no incluí aquí la aplicación “Birthdays” en Facebook, para la que muchos insisten en enviar invitaciones. Es que, francamente, no le veo sentido porque Facebook ya te avisa. Si alguien conoce un aspecto útil de la aplicación, espero su recomendación con el gorrito de fiesta puesto y listo para soplar las velitas.

Mis villanos favoritos

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Los fans suelen enfrascarse en debates interminables sobre infinidad de cuestiones acerca de los superhéroes. Pero hay algo en lo que todos están, o deberían estar, de acuerdo: los mejores villanos son los de Batman. El único que se le acerca (y aun así está muy lejos) es el Hombre Araña, que lucha contra tres o cuatro malandras memorables. Pero la galería de malos de Batman es extraordinaria, y gran parte de ella se debe a la serie televisiva estrenada en 1966.

“Batman” estuvo en el aire tres temporadas; en las dos primeras la serie salía dos veces por semana, por lo que acumuló la friolera de 120 capítulos. Son muchos los fans que entonces, y también ahora, se quejan del tono “camp” del programa porque, según ellos, le restó seriedad al personaje –seriedad que recién recuperó con el Batman más oscuro y siniestro desarrollado luego en cómics. Puede ser, pero también es verdad que la serie tuvo innumerables aciertos; uno de ellos fue resucitar al mayordomo Alfred, al que habían matado en los cómics. Otro de sus aciertos, y mayúsculo, es su ya mencionada contribución a la legión de villanos de Batman. ¿A qué se debió esto? Principalmente a que la serie fue un éxito tremendo: en 1966, Batman estaba en todos lados a través de la TV, revistas, remeras, disfraces, pósters, discos, cine (se hizo una película) etc. Algunos sostienen que fue la mayor fiebre del marketing norteamericano después de los Beatles.

Esto hizo que personalidades del cine, la TV, la música y los medios en general, se ofrecieran para interpretar villanos y disfrutaran haciéndolo (lo que se nota, y mucho). Se les permitía sobreactuar y, de paso, obtenían una considerable exposición en uno de los programas más vistos de la época. Es más, en los créditos iniciales, su nombre aparecía como “Special Guest Villain”, y cada villano tenía su propia música. Muchos de estos chorros ya habían debutado en los cómics; varios otros fueron creados para la serie -algunos de ellos después fueron incorporados en historietas y dibujos animados- y hasta hubo villanos tomados de Superman y Green Arrow. Vamos a repasarlos no sin antes hacer una salvedad: los nombres están en inglés a menos que me acuerde de sus denominaciones en español, lo que no sucede con mucha frecuencia.

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• Catwoman (Gatúbela): el personaje proviene de los cómics y fue interpretado por Julie Newmar en las primeras dos temporadas, Eartha Kitt en la tercera y Lee Meriwether en la película de 1966. Antes de la tercera temporada, Newmar avisó que se había comprometido a hacer la película “Mackenna’s Gold” (con Gregory Peck y Omar Sharif) y por lo tanto no iba a poder estar en Batman. Fue reemplazada por Eartha Kitt; algunos de las repetidoras del sur estadounidense objetaron la presencia de Kitt, actriz y cantante negra, pero los productores de la serie no le dieron bola a la protesta.

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• Egghead (El Cascarón o Cabeza de Huevo): lo hizo Vincent Price y fue creado específicamente para la serie. Se trata de un maestro criminal que, como todo chorro que se respete, tiene un “theme”: en su caso, los huevos. Como sucedió con varios villanos creados para el programa, el Cascarón apareció en un episodio de la serie animada de 2009, “Batman: The Brave and the Bold”.

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• The Joker (El Guasón): Cesar Romero hizo este personaje que ya había aparecido, desde luego, en los cómics. Romero se negó a afeitarse el bigote por lo que el maquillaje blanco se le aplicó encima –y se nota. Antes de decidirse por Romero, los productores pensaron en José Ferrer y en Gig Young (parece que al primero le ofrecieron el papel y no quiso saber nada). Se dice que Frank Sinatra quiso hacer del Guasón pero fue rechazado, nadie sabe por qué. Lo cierto es que Romero ya es una de las caras clásicas del Guasón, en gran parte gracias a la risotada del personaje, creada por accidente: el actor estaba esperando reunirse con los productores cuando se puso a ver los bocetos para el vestuario del Guasón y le parecieron tan absurdos que se empezó a reír a carcajadas; uno de los productores lo oyó y le pidió que hiciera lo mismo en la serie.

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• King Tut (El Rey Tut): este personaje, creado para la serie, fue interpretado por Victor Buono. Es uno de los pocos villanos con “origin story”: el profesor William McElroy es egiptólogo de la Universidad de Yale; durante una revuelta estudiantil (esto era en los 60 y la serie era conservadora) sufre un golpe en la cabeza y empieza a creerse que es la reencarnación del Rey Tut. Cada vez que lo golpean en el balero, cambia de personalidad. Como otros, fue adaptado en “Batman: The Brave and the Bold” pero como los derechos del personaje los tenía la Fox, aquí se llamó El Faraón. También en 2009 apareció en cómics.

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• Mad Hatter (El Sombrerero Loco): basado en el personaje del mismo nombre que ya había aparecido en historietas; el actor era David Wayne.

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• Mister Freeze: el villano se llamaba Mr. Zero en la historieta, pero después le cambiaron el nombre por este, usado en la serie. Tiene su “origin story”: cuando Batman lo arresta, lo rocía accidentalmente con un sustancia criogénica, lo que le impide sobrevivir en temperaturas superiores a los 50° bajo cero. A este chorro lo hicieron tres actores: George Sanders, Otto Preminger (en realidad director de, entre otras, “Anatomía de un asesinato”; es el que está en la foto) y Eli Wallach. Preminger fue “obligado” a actuar en la serie por sus nietos; Wallach, por sus hijos.

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• The Penguin (El Pingüino): la actuación de Burgess Meredith como el Pingüino era una de las más populares del programa; tanto, que los productores siempre tenían un guion preparado para cuando el actor estuviera en Los Angeles. Antes de elegir a Meredith, el papel le fue ofrecido a Mickey Rooney, que lo rechazó; también llamaron a Spencer Tracy, pero este dijo que lo hacía con una condición: que le permitieran matar a Batman. Lo sacaron cagando, desde luego. Cuando lo eligieron, Meredith llevaba 20 años sin fumar; el graznido típico del Pingüino es el resultado de la irritación en la garganta que le producían los cigarrillos.

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• The Riddler (El Acertijo): interpretado por Frank Gorshin en las temporadas 1 y 3, y por John Astin (Homero en “Los Locos Addams”) en la 2. El villano ya había salido en los cómics, pero era un personaje menor: su popularidad actual se debe a la serie. Cuando estaba por comenzar la producción de la temporada 2, Gorshin pidió un aumento de sueldo; los guionistas se guardaron los episodios con el Acertijo hasta que la cuestión se resolviera pero, como el conflicto siguió, terminaron adaptando dos historias al villano The Puzzler. Finalmente, usaron a John Astin; luego, la situación con Gorshin se arregló y este volvió para la tercera temporada. La clásica y estridente risotada de Gorshin como el Acertijo está basada en la del siniestro personaje Tommy Udo, que hizo Richard Widmark en “Kiss of Death” (1947).

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• Archer (El Arquero): una versión retorcida de Robin Hood, el Arquero se creó para la serie pero se basó en un enemigo menor de Superman; lo hizo Art Carney; después apareció en “Batman: The Brave and the Bold”.

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• Black Widow (Viuda Negra): creada para el programa, esta villana roba bancos y ama las arañas (?). Fue el último papel de Tallulah Bankhead, más conocida por su protagónico en la enorme “Ocho a la deriva” (“Lifeboat”, de Alfred Hitchcock, 1944). Se adaptó a “Batman: The Brave and the Bold”.

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• Bookworm: otro que después se usó en dibujos animados, este villano que hizo Roddy McDowall se creó para la serie; basaba sus crímenes en libros y temas literarios.

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• Chandell: un pianista interpretado por Liberace a quien su hermano gemelo, Harry, extorsiona para obligarlo a dedicarse al mal bajo el nombre de “Fingers”. Como tantos otros, se adaptó a “Batman: The Brave and the Bold” en 2009.

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• Nora Clavicle: creada para la serie, Clavicle (Barbara Rush) es una activista de los derechos femeninos –que fuera villana es otro signo del conservadurismo del programa- que intenta destruir Ciudad Gótica para cobrar un seguro; manipula a la esposa del alcalde para ocupar el puesto del Comisionado Fierro-Gordon y reemplazar a todos los oficiales de policía por mujeres.

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• The Clock King: también ideado por los guionistas de la serie; Walter Slezak hacía de un malo obsesionado por los relojes, aunque su “origin story” no se revelaba. Está basado en un viejo enemigo de Green Arrow que luchó contra la Liga de la Justicia.

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• False-Face (Falsafaz): ya había aparecido en cómics; aquí lo interpretaba Malachi Throne (primer jefe de Robert Wagner en la serie “Ladrón sin destino”). Se usó en un episodio de “Batman: The Brave and the Bold”.

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• Lord Marmaduke Ffogg: el apellido era una variante de “fog” (niebla) porque el villano la usaba para cubrir sus crímenes; Ffogg (Rudy Vallee) era el fundador de una escuela de ladrones.

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• Colonel Gumm: papel creado para la serie y adjudicado a Roger C. Carmel. El villano fabrica estampillas falsas en episodios en los que también aparecen el Avispón Verde y Kato.

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• Lola Lasagne (Lola Lasaña): amiga de la infancia del Pingüino, interpretada por Ethel Merman.

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• Louie the Lilac: volvió a aparecer en el dibujo animado “Batman: The Brave and the Bold”. Es un gangster (Milton Berle) fanático de las flores.

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• Ma Parker: jefa de una banda de criminales que consiste en sus hijos, Ma Parker (Shelley Winters) se deja capturar para apoderarse de la Penitenciaría de Ciudad Gótica. Sí, también está en “Batman: The Brave and the Bold”.

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• Marsha, Queen of Diamonds (Marsha, la Reina de Diamantes): la actriz era Carolyn Jones, la Morticia de “Los Locos Addams”. Es decir, la pareja principal de los Addams apareció en Batman –y Largo (Ted Cassidy) hizo un cameo en una de aquellas escenas en las que Batman y Robin trepan la pared de un edificio con una soga.

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• Minerva: creada para la serie e interpretada por Zsa Zsa Gabor.

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• The Minstrel (El Trovador): por algún motivo, Van Johnson se disfrazaba de trovador medieval aunque su personaje era un genio de la ingeniería electrónica.

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• The Puzzler: el actor era Maurice Evans, y el personaje era un viejo enemigo de Superman; los episodios en que aparecía habían sido escritos para el Acertijo, pero cuando Frank Gorshin discutió su salario, fueron reescritos y Evans fue elegido para el papel.

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• Sandman: había un personaje del mismo nombre en los cómics, pero este se creó para la serie y fue interpretado por Michael Rennie (el de “El día que paralizaron la Tierra”; la buena, no la de Keanu Reeves).

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• Shame: el nombre de este cowboy (Cliff Robertson) es una parodia de “Shane”, el maravilloso western con Alan Ladd. El villano se adaptó a “Batman: The Brave and the Bold”.

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• Siren (Sirena): creada para la serie, protagonizada por Joan Collins. Sirena cantaba notas tan altas que hechizaba a los hombres.

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• Cassandra Spellcraft: alquimista, ocultista y criminal, creada para la serie (Ida Lupino).

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• Zelda the Great: maga y artista del escapismo; la actriz era la gran Anne Baxter.

Había tres grandes villanos que el cómic ya había presentado pero nunca aparecieron en la serie: Poison Ivy (Hiedra Venenosa), Scarecrow (El Espantapájaros) y Two-Face (Dos Caras, Harvey Dent). En el último caso estaban pensando en usarlo pero no llegaron porque la serie fue cancelada. Lo irónico es que los tres personajes terminaron apareciendo en películas: Poison Ivy en la infame “Batman y Robin”, Scarecrow en “Batman Begins” y Two-Face en “Batman Forever” y “The Dark Knight”. Desde luego, hay otros villanos hoy clásicos que en aquel entonces aún no habían sido creados y no estuvieron en la serie. Los más conocidos son Ra’s Al Ghul (y su hija), Bane, Harley Quinn y Killer Croc, entre otros.

Creo que fue Alfred Hitchcock quien dijo que cuando mejor es el villano, mejor es la película. Tenía razón el Viejo. Y no hay mejor prueba que Batman.

(Fuentes: Wikipedia, IMDb, neatorama.com, wikia.com)

Una (parcial) reivindicación

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Para aquellos que, como yo, crecieron rateándose al colegio para ir a ver películas “eróticas” al cine Devoto, al Ciudadela o al Continental de Flores, las películas de Olmedo y Porcel, ya sea juntos o separados, son casi objeto de culto.

Cuesta creer que esas películas se pasen de vez en cuando por televisión abierta los domingos a la tarde. Y también cuesta creer el éxito tremendo que tenían en el momento de su estreno: varias de ellas fueron récord de taquilla, y en algunos casos fueron las más vistas del año respectivo. Cuesta creerlo porque salvo alguna rara excepción, son muy malas. Las que hicieron con Enrique Carreras en los ‘80, que eran aptas para todo público, son inmirables (curiosamente o no, estuvieron entre las más exitosas del dúo). En todas sus películas, el principal generador de humor era la imposibilidad de ponerla. Olmedo y Porcel se cruzaban con toda clase de minas y planeaban complicadas estrategias para levantárselas, pero era inútil: nunca pasaba nada. En uno de los filmes, incluso, Porcel quedaba a solas con una mujer dispuesta a hacerlo y el Gordo, sin razón aparente, salía corriendo.

Más allá de esto –y acá viene la reivindicación- cada una de esas películas tiene por lo menos una escena inolvidable. En sus películas “solistas” (las que cada uno de ellos realizó por separado) esa escena es por lo general el obligatorio cameo del otro. La aparición de Olmedo haciendo de sí mismo en “Te Rompo el Rating”, de Porcel, es genial. Y la de Porcel en “Departamento Compartido”, de Olmedo y Tato Bores, tan breve como contundente: la escena es en el baño de un bar; Olmedo: “¿Tiene una lapicera, señor?”; Porcel: “Yo acá no vengo a escribir, pibe”.

De las que hicieron juntos hay por lo menos una escena rescatable en cada una. Eso sí: hay que bancarse el resto de la película. A veces la escena lo vale; a veces no.