Verás que todo es mentira

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Todos o casi todos vimos la primera foto que ilustra este post: John Kennedy y Marilyn Monroe acaramelados en un momento íntimo. Y todos o casi todos pensamos “Ah, así que era verdad lo del romance de estos dos”. No sé si era o no verdad; lo que sí sé es que esta foto es una creación de Alison Jackson, una artista británica nacida en 1970 y conocida, justamente, por sus fotografías de personas que se parecen a celebridades.

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Ya lleva tres colecciones de fotos publicadas, pero no es solo fotógrafa: comenzó como pintora abstracta luego de recibirse en el Chelsea College of Art and Design. Su fama comenzó cuando produjo fotos en blanco y negro que, en apariencia, mostraban a la princesa Diana y Dodi Al-Fayed con un bebé. Esas fotos fueron parte de una serie denominada Mental Images (creada como tesis de graduación), y a partir de allí siguió realizando fotografías oscuras de modelos parecidos a celebridades, siempre en situaciones sorprendentes, impactantes y extrañas; según Jackson, estas fotos muestran a los famosos “representando nuestras sospechas”.

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El propio website de la artista la describe como alguien que explora el culto a la celebridad: un fenómeno extraordinario de nuestra época que ocurre gracias a la amplia disponibilidad de imágenes fotográficas en filmes, TV, Internet, y al interés en la publicidad. Son las imágenes que los medios no consiguen; situaciones que todos hemos imaginado pero que nunca hemos visto. Entre sus obras, las más conocidas (es decir, las que nos han engañado una y otra vez) incluyen a George W. Bush luchando con un Cubo de Rubik, Mick Jagger planchando la ropa, Elton John haciéndose una irrigación de colon, Paul McCartney intentando pegarle a su ex mujer con su propia pierna artificial, y muchas más.

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De acuerdo con Alison Jackson, vivimos en un mundo de pantallas, imágenes e Internet, y ella se pregunta si debemos creer todo lo que vemos. Es una buena pregunta, sobre todo con la cantidad de páginas en Facebook y Twitter (History Pics, Classic Pics, etc.) que comparten sus obras permanentemente como si fueran reales. Al menos uno de los propósitos de Jackson se ha cumplido: sus imágenes ya son parte de la cultura popular. Tanto como las fotos verdaderas de celebridades.

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Tanto los fanáticos de las películas de James Bond –yo lo soy- como aquellos que no lo son, saben que hay elementos de la saga inmediatamente identificables: las mujeres, los villanos, los artefactos extraños y mortales, los lugares exóticos y los inevitables planes para dominar y/o destruir el mundo, entre otros. Hay uno de esos elementos clásicos que me resulta de particular interés: la publicidad. Ya desde el primer filme de Bond, “Dr. No” (año: 1962; Bond: Sean Connery), hay marcas que aparecen en la trama, a veces de manera sutil y otras de manera por lo menos grosera. Detrás de estas presencias de marcas hay algunas historias realmente interesantes. Veamos:

• En “From Rusia with Love” (año: 1963; Bond: Connery) sucede algo muy curioso: en la película hay un aviso de otra película. En una escena aparece un cartel de vía pública de “Call me Bwana”, protagonizada por Bob Hope y Anita Ekberg, y que se estrenaría el mismo año. La razón es sencilla: Harry Saltzman y Albert R. Broccoli, productores de Bond, habían producido también el filme de Bob Hope. Como estaban seguros del enorme éxito de la segunda película de la saga (y no se equivocaron) no quisieron perderse la oportunidad.

• La presencia de marcas en las películas resulta mucho más efectiva si la acción se hace con gracia memorable. Es el caso de “Moonraker” (año: 1979; Bond: Roger Moore). Tal vez sea el Bond con los “product placements” más obvios y frecuentes ya que, por ejemplo, en la película aparecen nada menos que tres líneas aéreas: Air France, Varig y British Airways. Esta última es la más original; resulta que se están llevando a Bond y a la chica (Lois Chiles como la doctora Goodhead) secuestrados en una ambulancia que corre calle arriba por Río de Janeiro. Bond saca a patadas a uno de los villanos de la ambulancia, y el malandra se desliza sin control calle abajo sobre una camilla. Finalmente la camilla se estrella contra un cartel de British Airways, y el tipo queda encajado justo en la boca de la enorme foto de una azafata. El título del cartel es “We’ll take more care of you”, es decir, “Te cuidamos más”.

• Para el estreno de “Licence to Kill” (año: 1989; Bond: Timothy Dalton) se hizo una promoción bastante particular. La persona que ganara el concurso iba a hacer un breve “cameo” en la siguiente película de Bond. Pero debido a cuestiones de producción -y de cambio de protagonista- el siguiente filme recién se estrenó seis años después: fue “GoldenEye” (año: 1995; Bond: Pierce Brosnan). Pese a la demora, la mujer que ganó el concurso aparece en la película. Es en la escena en la que Bond juega al baccarat con la asesina Xenia Onatopp; la ganadora está justo detrás de Onatopp, en un elegante vestido negro y dorado.

• Hablando de “GoldenEye”, esta película es la primera en la que Bond usó un auto alemán, en este caso un BMW Z3. De acuerdo con el “Hollywood Reporter” y el libro “Product Placements”, se trata de la presencia más eficaz de una marca en la historia del cine. A la automotriz le costó 3 millones de dólares, pero significó 240 millones solo en ventas anticipadas, en gran parte gracias a la exposición en los medios. Se fabricó una edición limitada “007 Model” del auto que se agotó en un solo día. “GoldenEye” fue solo el primer filme donde apareció en BMW Z3, ya que la compañía hizo un acuerdo por tres películas. Lo bien que hicieron.

• No todos los artefactos o “gadgets” de los filmes de Bond son imaginarios. En “You Only Live Twice” (año: 1967; Bond: Connery), 007 usa una pistola y un cigarrillo que lanzan cohetes. Estas eran armas verdaderas, por cuya presencia en la película el fabricante pagó, con la esperanza de vendérselas a los militares y agentes de inteligencia. Pero resultó que las armas eran demasiado caras (las municiones costaban tres veces más), torpes (no servían a menos de 15 metros) y poco confiables (eran imprecisas y, encima, se prendían fuego con frecuencia). Por todo esto, se dejaron de fabricar en 1969.

• Una de las mayores pasiones de James Bond es el Vodka Martini (“shaken, not stirred”); por eso muchos fans se sintieron traicionados cuando se anunció el acuerdo entre los productores de “Skyfall” (año: 2012; Bond: Daniel Craig) y la cerveza Heineken. Arreciaron las protestas en Twitter -cuándo no- y hasta se habló de “sacrilegio”, no solo por la presencia de Heineken en la película sino también porque hubo comerciales de la marca protagonizados por Craig haciendo de Bond. Los productores del filme contestaron, con bastante lógica, que “Skyfall” era una película muy cara y ese aporte financiero les resultaba imprescindible: un tercio del presupuesto se obtuvo mediante acuerdos publicitarios. El mismo Craig apoyó este argumento: “el hecho es que sin ellos no la podríamos hacer. Es desafortunado, pero es así”.

• En “Goldfinger” (año: 1964; Bond: Connery) debuta el auto más famoso de la saga: el Aston Martin DB5. El fabricante de juguetes Corgi creó una miniatura especial del coche y se lo regaló al príncipe Carlos, en aquel entonces de 15 años, y además lanzó un auto de juguete que siguió vendiendo por décadas (yo tenía uno). Las ventas del Aston Martin DB5 aumentaron en un 50% con el estreno de la película, lo que le valió el título de “el auto más famoso del mundo”.

• Otra de autos, que tiene que ver con “The Spy Who Loved Me” (año: 1977; Bond: Moore), realizada cuando la saga era ya un tremendo éxito mundial y los anunciantes competían para aparecer en las películas, en especial las automotrices. Don McLaughlin, Gerente de PR de Lotus, concluyó que en lugar de perseguir a los productores de Bond para firmar un acuerdo, era mejor hacer que los productores lo persiguieran a él. ¿Qué hizo? Se fue hasta los Pinewood Studios (donde la productora de Bond tenía sus oficinas) manejando un Lotus Esprit aún no lanzado al mercado, y con la marca tapada. Lo estacionó y se quedó esperando; a la hora del almuerzo, una pequeña multitud de reunió alrededor del auto preguntando qué clase de coche era. En lugar de responder, McLaughlin se subió al auto y se fue. Los productores encargaron una búsqueda y descubrieron que era un Lotus Esprit; acordaron con la compañía, y el auto terminó apareciendo en la película: es la terrible máquina “sumergible” con la que Bond sale del Mediterráneo y se va manejando por la playa.

• También hay marcas que no quieren saber nada con 007. En “The Living Daylights” (año: 1987; Bond: Dalton) se ve un helicóptero con el símbolo de la Cruz Roja, y el logo también aparece en unas bolsas de opio. La Cruz Roja de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá protestó por su presencia en la película, declarando que su uso era inapropiado y no había sido autorizado. El logo de la Cruz Roja también estaba en “On Her Majesty’s Secret Service” (año: 1969; Bond: George Lazenby) pero en ese caso no protestaron. Otro caso ocurrió en la ya mencionada “Licence to Kill” (también con Dalton; ¿tienen algo contra Dalton?): tenían que filmar una escena en un banco de México, y el Bancomer negó permiso para hacerlo porque sentían que su imagen se vería afectada por el lavado de dinero que describía el guion.

Todas estas historias, y muchas más, tienen un punto en común: más allá de protestas ocasionales por exceso de publicidad o alguna marca no deseada, los “product placements” están vistos como parte integral del universo Bond. Es una buena noticia para los productores, que seguirán obteniendo de esta manera gran parte de su presupuesto.

(Fuentes: Businessweek, The Economic Times, IMDb, 007.com)