Z de Zombie

wwz oatmeal

Si uno ve una película basada en un libro que leyó, lo más frecuente es sostener que “el libro es mejor”. Es mucho más raro asegurar que la película es mejor, aunque hay algunos casos; por ejemplo, quienes leyeron el libro “The Bridges of Madison County”, de Robert James Waller, declaran que la película de Clint Eastwood no solo es mejor, sino que es infinitamente mejor. No es mi caso porque nunca leí ese libro.
Pero sí leí “World War Z”, la novela de Max Brooks (hijo de Mel Brooks y Anne Bancroft) en la que está basada la película del mismo nombre, producida y protagonizada por Brad Pitt y dirigida por Marc Foster, imperdonable perpetrador de “Quantum of Solace” pero que también hizo la simpática “Stranger Than Fiction”. Me encuentro en una situación extraña; no estoy en condiciones de afirmar si es mejor el libro o el filme, ya que son dos obras radicalmente diferentes. (Las principales diferencias se pueden apreciar en la ilustración de The Oatmeal que reproduzco sin permiso.) En realidad esto ya lo declaró el mismo Brooks, quien sostuvo que “lo único que comparten es la premisa general”. ¿Cuál es esa premisa? La del título: una epidemia global de zombies y la guerra que se libra en su contra. La película, que vi pese al terror insoportable que les tengo a los muertos vivos, narra el comienzo de la epidemia sin que se identifiquen sus causas, y la odisea de un tipo (Pitt) que va de acá para allá tratando de entender qué pasa y cómo podemos enfrentar a los zombies. Vale la pena aclarar que estos zombies son de los que corren, no de los que caminan; algo así como “The Running Dead”.
En el libro, la narración es muy diferente. Tiene un subtítulo bastante claro: “Una Historia Oral de la Guerra Zombie”. Y empieza después de la guerra, por lo que no hay peligro de spoilers: el conflicto ya se ganó (a lo Pirro, aclaremos) y el resto del libro va contando cómo. El narrador ha escrito un informe para las Naciones Unidas y publica el libro para contar todo lo que, por distintas razones, no pudo incluir en ese informe. Luego del prólogo, la novela se hace “coral”, es decir, varias personas de todo el mundo son entrevistadas y cuentan en diálogos con el autor su participación en el conflicto, desde su origen hasta su aparente final, pasando por todas las etapas de la crisis. El tema del origen de la plaga es interesante. El libro relata que comenzó en China, aunque no quedan claros sus motivos biológicos. En la película, en cambio, el origen geográfico no se explicita del todo: se habla de Corea del Norte como el “Ground Zero” pero después también hay referencias a la India; según parece, la decisión obedeció a que los productores no querían perder el inmenso mercado chino, cada vez más importante para Hollywood.
Si bien el libro no tiene un protagonista norteamericano, blanco y heroico, tan imprescindible para las producciones hollywoodenses, muchos sostienen que el personaje de Brad Pitt es en verdad quien realiza las entrevistas, ya que se trata de un funcionario de las Naciones Unidas y ese es el cargo de Gerry Lane (personaje de Pitt) en el filme. Pero desde luego, elegir a Pitt como protagonista para después sentarlo a entrevistar gente no suena muy redituable en términos de taquilla.
En la novela se exponen las reacciones de gobiernos, partidos políticos, fuerzas armadas, ONG, familias, etc., ante la epidemia y la guerra posterior. La diversidad de voces, situaciones y ámbitos hace que el libro sea por un lado muy interesante y entretenido, y por el otro francamente infilmable. Es una pena que la película no haya rescatado al menos algunas de las secuencias más extraordinarias de la novela. Una de ellas, la principal, es la Batalla de Yonkers, en la que el ejército norteamericano se enfrenta a los zombies de Nueva York y comprueba la inutilidad de sus métodos para esta guerra; es la omisión más lamentada por Max Brooks, que sospechaba (y tenía razón) que todos los que hubieran leído su libro iban a estar esperando esa secuencia. Otras escenas para mí memorables del libro ausentes en el filme son: el submarino nuclear chino cuyos tripulantes escuchan golpes y arañazos en el casco (son zombies que van caminando por el fondo del océano); el entrenamiento de los perros que detectan muertos vivos; la aventura de la aviadora cuya nave cae en una zona infestada; la creación del arma ideal para matar zombies, el “lobotomizer” o “lobo”, una mezcla de un hacha con una pala; etc. Otra de las virtudes del libro es la muy original descripción del comportamiento de algunos que, aunque no infectados, tienen actitudes similares a las de los zombies.
Pero insisto, la novela tal como está es infilmable, y tal vez por eso no se hayan producido las habituales protestas de los fans en estos casos. La única manera que se me ocurre para filmar el libro no es en una película sino en una serie: cada temporada corresponde a una etapa de la guerra, y cada episodio a un capítulo contado desde el punto de vista de una persona diferente. Suena raro, pero puede quedar muy bien. Así que si algún estudio se entusiasma, aquí lo espero con los brazos abiertos y los pelos de punta.
(Imagen: theoatmeal.com)

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