The silence of “The Lamb”

The Lamb

Durante la segunda mitad de los años 60, todos los 70 y parte de los 80, aparecieron numerosos discos de rock que encajaban en las categorías de “álbumes conceptuales” o, en algunos casos, “óperas rock”. Son rubros diferentes: el disco conceptual desarrolla un tema único sin que por eso esté contando una historia ni incluya personajes; es el caso de “Dark Side of the Moon”, de Pink Floyd, o “Tales from Topographic Oceans”, de Yes. En las llamadas óperas rock se cuenta una historia y, tal como en la ópera original, hay partes cantadas por los diferentes personajes; el ejemplo más conocido es “Tommy”, de los Who, pero además están “Arthur”, de los Kinks, “Quadrophenia”, también de los Who, y “The Wall”, que se considera como perteneciente a esta categoría. Un ejemplo más actual es “American Idiot”, de Green Day. (Aclaración necesaria: no todos están de acuerdo en esta división entre álbumes conceptuales y óperas rock, pero a mí me parece bastante razonable.)

Todas estas obras son muy conocidas, no solo por sus innegables virtudes sino además, y sobre todo, porque han tenido varias encarnaciones más allá de los discos originales: películas, musicales, representaciones teatrales y giras, recientes o no, especialmente dedicadas a tocarlas en vivo. No es el caso de “The Lamb Lies Down On Broadway”, la enorme creación de Genesis de cuya aparición se cumplen 40 años en noviembre. “The Lamb…” es solamente el disco, y lo demás es silencio (de allí el ingenioso título de este post). No hay película, no hay musical, no hay gira actual en la que se interprete toda la obra. Hubo una gira presentación en su momento y hay un disco grabado en vivo, pero ni siquiera está completo. Y no hay filmaciones de aquellos recitales, salvo algunas canciones sueltas registradas con una pobrísima calidad de imagen. Una edición de “The Lamb…” en DVD, que salió en 2008, incluyó una especie de reconstrucción visual del concierto, con los slides originales que la banda usaba en el show, filmaciones piratas y fotografías. La versión en vivo, que apareció en la caja “Genesis Archives 1967-75”, que salió en 1998, está casi completa excepto por la canción final, “It”, que es una versión de estudio remixada con la voz de Peter Gabriel regrabada.

Aunque no sea tan famosa ni goce del reconocimiento con que cuentan otros discos de la época, “The Lamb Lies Down On Broadway” es una obra esencial del llamado rock progresivo y del rock en general. Editado como álbum doble, cuenta la historia de un delincuente juvenil de origen portorriqueño llamado Rael (obvio anagrama de “real”; además suena bastante parecido al apellido del cantante, Gabriel) que vive en Nueva York y que es arrastrado al mundo subterráneo de la ciudad, donde se enfrenta con una serie de peligros, criaturas extrañas, pesadillas, epifanías y hasta una castración, todo para rescatar a su hermano John. Eso es, al menos, lo que cree Rael. Pero cuando encuentra a su hermano, descubre que este tiene su mismo rostro; es él mismo, en definitiva. Una de las interpretaciones de la historia es que Rael está buscando una parte de sí mismo. El baterista Phil Collins declaró alguna vez que el concepto del álbum era la múltiple personalidad. El sonido general del disco parece confirmarlo: canciones violentas (“Back In NYC”, “In The Cage”, “Fly On A Windshield”) se alternan con melodías dulces y bellísimas (“The Carpet Crawlers”, “The Lamia”, “Hairless Heart”). Las otras teorías sobre el significado de la historia son innumerables; menciono solo dos: 1. Rael muere al principio y el resto es su paso de esta realidad hacia otro plano. 2. La historia es la pasión de Cristo, lo que parece confirmar la imagen del cordero de sacrificio; Genesis solía recurrir a las historias bíblicas, el mismo nombre de la banda tiene esa procedencia, y el protagonista se llama casi igual que Israel. Obviamente, el disco cuenta con varios niveles de interpretación. Sus alusiones a figuras públicas (Marshall McLuhan, Groucho Marx, Lenny Bruce, Howard Hughes), íconos estadounidenses (Times Square, los cigarrillos Winston, el Ku Klux Klan) y diversos símbolos, religiosos o no, han generado websites dedicados a analizar las letras de los temas, verso por verso. Una de las críticas hechas a “The Lamb…” es justamente la poca claridad de la narración, sus incoherencias, y las canciones que parecen injertadas ya que no contribuyen a la historia (“Counting Out Time” se menciona como un ejemplo). Otra crítica señala que el personaje de Rael no está bien definido, y observan que es por lo menos raro que un delincuente juvenil portorriqueño se exprese con un lenguaje más propio de un joven británico de clase media alta.

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Pese a estas críticas menores, el disco fue y es reconocido como una obra maestra, y marcó una gran diferencia con lo que Genesis venía haciendo. Sería la última creación de la formación clásica y más celebrada de la banda: Peter Gabriel en voz, Tony Banks en teclados, Steve Hackett en guitarras, Mike Rutherford en bajo y Collins en batería y coros. Su álbum anterior había sido el maravilloso “Selling England By The Pound”; el grupo se juntó en la casa Headley Grange, famosamente usada por Led Zeppelin, entre otras bandas, para escribir y grabar el próximo. Todos estaban de acuerdo en que sería un disco conceptual, pero Gabriel no asistió a las sesiones de composición y ensayos porque su esposa estaba teniendo problemas con su embarazo. Casi toda la música fue escrita por Banks, Collins y Rutherford, más algunas contribuciones de Hackett, cuya presencia en el álbum es mucho menor que en discos anteriores, en parte porque se había lastimado una mano y en parte porque ya se sentía no apreciado por sus compañeros lo que, luego, lo llevaría a dejar la banda. Gabriel insistió en escribir él solo la historia y las letras, lo que causó fricciones con sus compañeros, sobre todo porque Rutherford quería basar la obra en “El Principito”, el libro de Saint-Exupéry. Al final se pusieron más o menos de acuerdo: Gabriel escribió el relato que aparece en la tapa del disco, y casi todas las letras para las composiciones de sus compañeros, como “The Lamia”, de Banks, o “Here Comes The Supernatural Anaesthetist”, de Hackett. Y los otros contribuyeron con algunas letras cuando a Gabriel no se le ocurría nada, como en el caso de “The Light Dies Down on Broadway”. Algunas canciones salieron de antiguos y nunca usados temas de la banda en 1969 (“Anyway”, “Lilywhite Lilith”).

Cuando ya estaban en la etapa de preproducción de la obra, Gabriel se las volvió a tomar. Esta vez para reunirse con el director William Friedkin (“Contacto en Francia”, “El Exorcista”), quien había leído la historia escrita por Gabriel que salió en la contratapa del álbum “Genesis Live” y quería colaborar con el cantante en un guion, aunque aparentemente no se trataba de “The Lamb…”. Pese a la resistencia de sus compañeros, Gabriel se fue, pero la asociación con Friedkin nunca se concretó; el cantante consideró la posibilidad de filmar “The Lamb…” con el chileno Alejandro Jodorowsky, cuya película “El Topo” le encantaba, pero esto también quedó en la nada.

La elección de Rael como protagonista de la historia es una de las grandes diferencias con la obra anterior de Genesis. Gabriel afirmó que en aquel entonces, 1974, ya se sentía la inminente llegada del punk y de la música disco, y que los tiempos de narrar leyendas mitológicas o pastorales estaban tocando a su fin. Él quería contar una historia sobre una persona extremadamente alienada por el ambiente urbano; según el cantante, “a Rael jamás le hubiera gustado Genesis”La otra gran diferencia con los discos previos es que aquí las canciones son más simples, muchas de ellas con la clásica estructura estrofa-estribillo-estrofa. Pese a la opinión de varios, para quienes todo lo hecho en este álbum es inédito en la obra de Genesis, la banda ya había editado canciones bastante duras (“The Knife”, “Get’ Em Out By Friday”, ciertas secciones de “Supper’s Ready”) pero esa potencia está usada aquí con más frecuencia y sentido. Lo que sí repite el grupo es su marca registrada de pasajes ambientales y experimentales, en general usados como transición entre dos escenas de la historia. Es célebre la colaboración de Brian Eno en el disco, y hasta apareció en los créditos por su “Enossification”, aunque Tony Banks se encargó, años después, de minimizar su participación limitándola a los efectos de distorsión en un par de canciones (“In The Cage”, “The Grand Parade of Lifeless Packaging”).

Comic The Lamb 2-a

Con la edición del disco, la banda se embarcó en una gira mundial; Gabriel insistió en que debían tocar “The Lamb…” completo y dejar sus hits anteriores para los bises. Muchos fans se sintieron desilusionados ante esta estrategia, ya que el álbum era tan reciente que varios de ellos aún no lo habían escuchado. De todos modos, el grupo siguió adelante con la idea e interpretó la obra completa en vivo 102 veces. A poco de empezar, Gabriel anunció que dejaría la banda al finalizar la gira. La separación fue amigable –o al menos más amigable que en otros grupos– y la salida del cantante recién se comunicó en agosto de 1975 (la gira había terminado en mayo). Durante el show, Gabriel dio rienda suelta a su pasión por el teatro y los disfraces, que en principio había usado para vencer su timidez a cantar en público. En la primera mitad del recital aparecía con una remera, jeans y campera de cuero, casi un uniforme punk. Para la segunda mitad, su aspecto era mucho más elaborado: trajes fosforescentes, otros que eran raras estructuras cónicas, un monstruo bulboso con genitales inflables (!). La canción final, “It”, era cantada por Gabriel junto a un maniquí tan idéntico a él que no se sabía cuál era el verdadero: el real, Rael. Todo el show era acompañado por una serie de slides con escenas de la historia; según Banks, no hubo un solo recital en el que estos slides hayan funcionado correctamente. El histrionismo del cantante generó celos en sus compañeros, quienes pensaban que se estaban convirtiendo en un mero grupo de acompañamiento. Cuando la gira terminó y Gabriel concretó su partida, ellos consideraron disolver Genesis pero finalmente decidieron seguir adelante con Phil Collins como cantante, y editaron el excelente álbum “A Trick of The Tail”. Muchos sugieren que una de las mejores canciones del disco, “Squonk”, no habría sido posible sin el antecedente de “The Lamb…”. Personalmente, no estoy tan seguro: tampoco es que “Squonk” parezca un tema de los Sex Pistols.

A lo largo de los años hubo varios intentos de reunir a la banda para una gira basada en “The Lamb…”. En las sucesivas giras del grupo como trío (sin Gabriel y sin Hackett, que se fue en 1977) tocaban algunos temas de la obra: “The Carpet Crawlers”, “In The Cage”, en general como parte de un medley de clásicos. Para el disco de grandes éxitos “Turn It On: The Hits”, de 1999, los cinco miembros originales grabaron una nueva versión de “The Carpet Crawlers”, en la que Gabriel y Collins se alternan en la voz principal, y en la que, por alguna razón, se omite la última estrofa. En 2004, en coincidencia con el 30º aniversario del álbum, los cinco miembros se juntaron para discutir una gira mundial, pero Gabriel tenía compromisos solistas y la idea no prosperó.

En un hermoso artículo publicado en The New Yorker, el escritor Jon Michaud afirma que, pese a que algunas radios de clásicos pasan de vez en cuando canciones del disco, “The Lamb…” es obstinadamente un álbum y no una colección de canciones. Su integridad se ve sostenida por su relativa oscuridad y falta de “hits” o películas de sus recitales. Michaud sostiene que, ya desde su aparición, hay solo una manera de experimentar “The Lamb Lies Down on Broadway”: cerrar la puerta, ponerse los auriculares, y darle Play. Los invito a hacerlo.

Comic The Lamb 3-a

Posdata personal: cuando este álbum salió, mi viejo trabajaba en una línea aérea y viajaba con mucha frecuencia, por lo que mis hermanos y yo le pedíamos discos importados. Pero yo no podía esperar al siguiente viaje para tener “The Lamb…”, por lo que fui a comprarlo a la disquería “El Surco Loco” de Castelar (que todavía existe). Lo escuché y me encantó, pero me parecía que el sonido estaba raro, no era tan claro y fiel como en los álbumes anteriores de Genesis; lo atribuí a la edición local, ya que estas en general eran deficientes en este aspecto –y en otros. Así que después lo encargué importado. Grande fue mi sorpresa cuando descubrí que el sonido era básicamente el mismo. Me di cuenta entonces de que esa era la intención de la banda, y mi amor por la obra aumentó. Tanto, que hace unos 30 años adapté una de sus canciones, “Fly On A Windshield”, a un cómic de tres páginas realizado con una técnica medio extraña: pinté los cuadros de negro y luego dibujé sobre ellos en blanco. Tres de esos cuadros ilustran este post.

Fuentes: “The Annotated Lamb Lies Down On Broadway” (bloovis.com), wikipedia, “The Ulysses of Concept Albums” (Jon Michaud en The New Yorker)

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Una de las escenas más extraordinarias de la historia del cine nunca se filmó

norht by northwest

Me resulta difícil elegir mi película favorita de Alfred Hitchcock, son muchas las que me gustan. Pero siempre le tuve un cariño muy especial a “North By Northwest”, de 1959, conocida aquí con dos nombres igualmente imbéciles: “Con la Muerte en los Talones” e “Intriga Internacional”. De todos modos, convengamos en que estos títulos son disculpables, ya que el original no significa nada: la expresión “al Norte por el Noroeste” no tiene sentido, no se menciona durante el filme, y ni siquiera es una dirección válida en una brújula.

Más allá de esto, la película es una joya. Cuenta la historia de un ejecutivo de publicidad (!) que es confundido con otro hombre, incidente a partir del cual comienza una serie de peripecias que lo ponen en grave peligro hasta el célebre clímax en Mount Rushmore. No es la primera película de Hitchcock en la que al protagonista le confunden la identidad: de hecho, hay una anterior con Henry Fonda que se llama directamente “The Wrong Man”. En esta, la víctima del error es Cary Grant, y con él están Eva Marie Saint, James Mason y un joven Martin Landau, cuya actuación como un asesino profesional sugestivamente afeminado casi hace que prohíban la película.

(Paréntesis: durante la filmación, Landau estaba preocupado porque veía que Hitchcock daba constantes indicaciones a los demás actores y a él nunca le decía nada. Le preguntó la razón al director y este le contestó que solo daba instrucciones a aquellos actores que no estaban haciendo bien las cosas. Si no le decía nada a Landau, era porque él estaba impecable. Cierro paréntesis.)

“North By Northwest” tiene varias secuencias inolvidables: la ya mencionada en las cabezas gigantes de presidentes estadounidenses en Mount Rushmore, la de las Naciones Unidas y, sobre todo, la de la avioneta que persigue a Grant en un campo. Pero hay una secuencia que se planeó y nunca se filmó. Si lo hubieran hecho, esa escena sería hoy una de las más famosas de la historia del cine. Hitchcock había pensado realizarla en la planta automotriz de Ford, en Michigan. La idea era que Roger Thornhill (Grant) estuviera hablando con un operario mientras los dos caminan junto a la línea de ensamblaje. En la conversación, mencionan a uno de los capataces de la planta; detrás de ellos, y a medida que caminan, vemos cómo un auto se va armando, desde el primer tornillo hasta la pieza final. Cuando el auto ya completo sale de la línea de ensamblaje, Thornhill abre la puerta y de adentro del coche cae el cadáver del capataz del que estaban hablando. Es de suponer que Hitchcock planeaba filmar todo esto en una sola toma, para recalcar el hecho de que el muerto había aparecido de la nada. Sin embargo, ni él ni el guionista Ernest Lehman encontraron la manera de encajar la escena en la historia.

Una pena. Igual, no se pierdan la película, que es maravillosa. Y ya que están, fíjense si encuentran alguna forma de meter la secuencia del auto. Esté donde esté, el Maestro se los va a agradecer.

Mala suerte, Sr. Gorsky

Mother Volcano Gorsky

Hay pocos momentos históricos de la humanidad que hayan generado tantos mitos como el alunizaje de la nave Apolo 11. El más célebre, por supuesto, es aquel que afirma que tal alunizaje nunca existió, sino que fue filmado en un estudio de Hollywood porque los EE.UU. querían ganarle la carrera al espacio a la Unión Soviética, y por eso fingieron haber llegado primero. Este mito se fue haciendo mucho más elaborado con los años: se dice que el director de esa filmación fue Stanley Kubrick, y más aún, que la película “The Shining”, de 1980, está llena de guiños colocados por el director como una especie de confesión –y arrepentimiento– por haber participado del engaño. El delirante documental “Room 237”, de Rodney Ascher, describe esta y otras teorías conspirativas creadas por lunáticos (nunca mejor utilizado el término) acerca del clásico de Kubrick.

Pero hay otra leyenda urbana que salió del viaje de la Apolo 11 que me parece mucho más divertida y, tal vez por esa razón, menos paranoica. Se trata de una supuesta y enigmática frase de Neil Armstrong, el primer hombre que caminó en la luna. Lo primero que dijo Armstrong, y esto es historia conocida, fue “Un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad”. Hasta ahí, todo bien. A esa frase le siguió una conversación técnica y normal entre el astronauta, sus compañeros de viaje y el personal de la NASA en la Tierra. Sin embargo, según el relato del mito, antes de volver a ingresar al módulo Armstrong dijo “Buena suerte, Sr. Gorsky”.

Mucha gente de la NASA pensó que era una referencia casual dirigida a algún astronauta soviético considerado como su rival, pero al revisar los programas espaciales rusos no encontraron a nadie con ese nombre. La leyenda asegura que Armstrong fue interrogado varias veces sobre su frase, hasta que en un reportaje que le hicieron el 5 de julio de 1995 en Tampa, Florida, el veterano astronauta confesó la verdad. Resulta que cuando Armstrong era chico, estaba jugando al béisbol con su hermano en el patio de su casa. El hermano bateó la pelota tan fuerte que esta se metió por la ventana de la casa de los vecinos, el señor y la señora Gorsky. Neil fue a buscar la pelota y oyó que la señora Gorsky le gritaba a su marido lo siguiente: “¿Sexo oral? ¿Querés que te haga sexo oral? ¡Te voy a hacer sexo oral cuando el chico de al lado camine en la luna!”

Los detalles de la historia cambian según quién la refiera, sobre todo en cuanto al nombre del vecino: Gorsky, Klein, Schultz, Seligman, etc. Lo cierto es que el mito se originó como una broma en Internet (of course) alrededor de 1995; su inmediata repercusión en la prensa obedeció a varios motivos, como la especificidad de ciertos datos –el nombre del vecino, la fecha del reportaje– y el hecho de que el apellido de los vecinos aludidos fuera siempre judío. Uno de los estereotipos humorísticos judíos es la supuesta reticencia de las esposas a tener sexo, en particular sexo oral. Otra razón para la popularidad de la leyenda es que se la considera como un intento por “humanizar” a Armstrong y hacerlo ver al mismo tiempo como un héroe y un tipo común.

De todos modos, y lamentablemente, la historia no es verdadera. Las transcripciones de la NASA no revelan que Armstrong haya dicho eso ni nada parecido, y el mismo astronauta sostuvo que la primera vez que escuchó el mito fue a través de un chiste contado por el comediante Buddy Hackett. Esto no impidió el uso de la leyenda en una situación muy adecuada: en marzo de 2002, la nave espacial Columbia completó una serie de reparaciones en el telescopio Hubble; cuando este se alejaba, el jefe de la misión, John Grunsfeld, dijo “Buena suerte, Sr. Hubble”. Otra referencia al mito aparece en la extraordinaria secuencia de títulos de la película “Watchmen”, que incluye la escena de Armstrong caminando en la luna y pronunciando la frase.

En definitiva, el señor Gorsky no existe. Pero seguramente hay algún vecino por ahí deseando que se concrete, de una vez por todas, una misión a Marte.

(Ilustración: Mother Volcano. Usada sin permiso, desde luego.)

Qué bello es el copyright

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El que no llora durante los últimos cinco minutos de “Qué bello es vivir” (“It’s a Wonderful Life”, Frank Capra, 1946) es un hijo de puta.

Dicho esto, pasemos a la extraña historia de sus derechos. Considerada hoy un clásico de clásicos, esta película con James Stewart y Donna Reed fue un fracaso en el momento de su estreno. Una de las razones fue que salió una semana después que “Los mejores años de nuestra vida” (“The Best Years of Our Lives”), dramón de posguerra de William Wyler que ese año arrasó en la taquilla y en los Oscars. Otra posible razón para el fracaso de “Qué bello…” es que tal vez mucha gente no haya llegado a ver los últimos minutos, como le pasaba al personaje de Phoebe en “Friends”. Y si uno ve toda la película pero se pierde los últimos instantes, se queda con la sensación de que acaba de presenciar el filme más deprimente de la historia.

No importa: me parece más interesante lo que pasó luego. Resulta que a la película se le otorgó un plazo de 28 años de derechos exclusivos, con la opción de renovarlos por otros 28 años. Pero como el filme seguía sin interesarle a nadie, el pedido de renovación de derechos no se realizó y en 1975 la obra entró en “dominio público” en los Estados Unidos. Entonces la empezaron a pasar en las grandes cadenas de TV, en canales locales y, más adelante, en canales de cable, siempre para Navidad (que es cuando transcurre la historia). Ahí fue cuando explotó: la gente se fanatizó con la película y la convirtió en un clásico, distinción que merecía largamente -tanto Capra como Stewart declararon que era su película favorita de las muchas que habían hecho, juntos o separados. El estudio productor notó esta tendencia y también advirtió algo que, en verdad, nunca les pasa inadvertido: estaban perdiendo dinero. O para expresarlo con mayor precisión, estaban perdiendo la oportunidad de ganar más dinero. Por eso recurrieron a la Cláusula de Copyright de la constitución norteamericana.

Esta cláusula reconoce dos hechos fundamentales. Uno, si la gente quiere música nueva o avances científicos, los autores deben ganar plata. Esto hace que el copyright y las patentes sean necesarias. Dos, la cláusula admite que el propósito de los copyrights y las patentes es el progreso de la civilización, pero no una beca perpetua para el dueño del copyright. El avance científico requiere que una patente tenga vencimiento, para que otros puedan incorporar la idea patentada a sus propias ideas y así seguir investigando, descubriendo y progresando. Lo mismo sucede con el copyright; cuando algo es escrito o producido es propiedad de quien lo crea, pero después de un tiempo lógico esta propiedad intelectual se hace parte de la cultura general. No hay copyright vigente sobre las obras de Shakespeare, por ejemplo.

¿Y cuánto dura ese “tiempo lógico”? La primera vez que se determinó fue en 1790. El plazo para el copyright se estableció en 14 años renovables por otros 14. Pero a partir de allí, se fueron agregando correcciones y objeciones para hacer que este plazo fuera cada vez más largo. Esto fue lo que hizo el estudio con “Qué bello es vivir”. Argumentaron que si bien la película ya había entrado en dominio público, el cuento original (“The Greatest Gift”, de Philip Van Doren Stern) no estaba en las mismas condiciones, por lo que la película no podía ser exhibida. El éxito de esta estrategia provocó el hecho de que hoy la película se pase solo dos veces por año, y en la cadena NBC. Un absurdo por donde se lo mire: NBC tiene los derechos exclusivos de un filme hecho hace 63 años, basado en un cuento escrito hace 70 años.

Es cierto que no todos los cambios a las leyes de copyright estadounidenses han sido negativos. La primera ley, de 1790, no protegía los derechos de los autores extranjeros, por lo que Charles Dickens, por ejemplo, nunca cobró un mango por sus obras editadas en los Estados Unidos. Los creadores de “Night of the Living Dead” (George A. Romero, 1968) se encontraron con que el distribuidor de la película no incluyó la leyenda de copyright en las copias, por lo que el filme entró en dominio público apenas estrenada y ellos nunca vieron un dólar por su exhibición en televisión o su salida en video o DVD. Las nuevas leyes de copyright aseguran que esto no volverá a suceder, pero también han generado situaciones ridículas: el primer dibujo animado protagonizado por el ratón Mickey, “Steamboat Willie”, iba a entrar en dominio público en 2003, después de 75 años de derechos protegidos (!), pero justo en ese momento el congreso norteamericano le extendió los derechos por otros veinte años. Claro, es Disney.

Todas estas presiones de estudios, políticos, abogados y canales de televisión hacen que hoy no sea tan fácil encontrarse con “Qué bello es vivir” haciendo zapping en Navidad. Una lástima: la película sigue siendo una hermosura. Más allá de quién posea sus derechos, nosotros tenemos derecho a disfrutarla una vez más.

(Fuente: PJ Media)

Mafalda, hija de Quino (y de la publicidad nativa)

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Es mucho lo que se habla hoy de “publicidad nativa”, y gran parte de eso que se habla son malas palabras. Lo más curioso es que se trata el tema como si fuera una verdadera innovación. Para aquellos que desconocen la expresión, “publicidad nativa” es la introducción de contenido por parte de una marca con un formato similar al del contenido editorial de un medio, en general digital. Y son muchos los medios que trabajan con publicidad nativa, desde BuzzFeed hasta el New York Times. Los rechazos e insultos provienen de aquellos que, o bien se tragan un artículo y recién descubren al final que se trata de publicidad, o bien desprecian a la marca y al medio por recurrir a esta estratagema, o bien opinan que la credibilidad del medio se ve afectada por el recurso.

Antes de seguir insultando, me gustaría destacar que una de las creaciones argentinas más celebradas y reconocidas en todo el planeta nació gracias a una campaña –fallida, eso sí– de publicidad nativa. Aquellos que leyeron el título del post ya se habrán dado cuenta de que estoy hablando de Mafalda, el personaje de Joaquín Lavado, “Quino”.

Resulta que a Quino le encargaron una historieta que funcionara como publicidad encubierta, una expresión más honesta y brutal que en aquel entonces se usaba para denominar a la hoy llamada poéticamente publicidad nativa. La marca era una línea de electrodomésticos, Mansfield, de Siam Di Tella, y por eso todos nombres de los personajes debían empezar con M. (No sé si esta es la razón del nombre de Manolito, no logré encontrar el dato; sí sé que Miguelito apareció mucho después, por lo que en este caso el nombre no obedece a la campaña de Mansfield.)

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El pedido se lo había hecho su amigo Miguel Brascó quien, por su parte, había recibido el encargo de la agencia Agens Publicidad. Quino boceta entonces una familia tipo en la que ya se reconoce a Mafalda y a sus padres, pero la niña no se llama Mafalda sino directamente Mansfield. Está claro que la campaña no se destacaba por su sutileza. Con doce tiras ya listas, Agens le propone al diario Clarín entregarle el trabajo a cambio de que no se le cobre el espacio publicitario. Pero el diario advierte de inmediato la publicidad encubierta (según contó Quino años más tarde, en la historieta aparecían inexplicables elogios a una aspiradora) y el acuerdo no se concreta. Por motivos que nada tienen que ver con esta historia, los productos Mansfield nunca llegan a salir al mercado.

Luego del fracaso de la campaña, Brascó publica tres tiras del personaje, que todavía no se llamaba Mafalda, en un suplemento de la revista Leoplán. Cuando a Quino le ofrecen publicar en la revista Primera Plana, adapta la historieta y la titula Mafalda, inspirado en un personaje de la novela “Dar la cara”, de David Viñas. “Arranqué la historieta sin ningún plan, pero como ya no tenía que alabar ningún electrodoméstico, a la nena la hice protestona y cascarrabias” diría el autor después. Mafalda debutó en Primera Plana el 29 de septiembre de 1964 y, como reza el lugar común, el resto es historia.

Así que ya saben: la próxima vez que se tropiecen con una pieza de publicidad nativa, antes de ponerse a insultar a los gritos recuerden que de una iniciativa similar nació Mafalda. Y guarden el palito de abollar ideologías.

(Fuentes: mafalda.net, historieteca.com)

Dale gas, Mr. Methane

mr methane

“Usted es una criatura repugnante”.

Con esta frase implacable, y no del todo inexacta, Simon Cowell, jurado del programa “Britain’s Got Talent”, interpeló a un participante de la temporada 2009. El talento que este participante demostró durante su acto fue la interpretación del vals “Danubio Azul”, de Johann Strauss II, con pedos. Su performance no logró superar los dos minutos, ya que gran parte del público comenzó a reprobarlo y los tres jurados lo descalificaron de inmediato (pese a que dos de ellos, Piers Morgan y Amanda Holden, no podían parar de reírse). Como resultado, el personaje no llegó a la final del concurso.

Reitero por si no quedó claro: el participante interpretó el “Danubio Azul” con pedos. ¿Quién es este vilipendiado artista? Su nombre es Paul Oldfield y su nombre artístico es “Mr. Methane”. Se define a sí mismo como un “professional farter” o “flatulist”, y sostiene que es el único en el mundo en su clase, una afirmación difícil de discutir. Parece que Oldfield descubrió su particular habilidad mientras practicaba yoga a los 15 años. Al día siguiente se tiró veinte pedos en menos de un minuto para entretener a un grupo de amigos. Su performance se hizo tan popular que se convirtió en profesional y comenzó a abrir recitales de bandas de rock de su ciudad natal, Macclesfield. Luego viajó a Nueva York, donde se presentó en Broadway (!) y en el programa de radio de Howard Stern. Para ese entonces, Mr. Methane ya había adoptado su vestuario artístico, bastante parecido al del Acertijo, clásico enemigo de Batman.

El flatulista apareció en varios programas de TV europeos, donde demuestra su talento siempre en la misma posición: acostado boca arriba en una mesa, con las piernas levantadas y aplicándose talco en el traste para hacer aún más espectacular su performance. También grabó un disco cuyo título es la URL de su website, “mr methane.com”, que fue votado como el segundo disco más bizarro de la historia. Sin embargo, los retrógrados de siempre se resisten a apreciar su arte. El productor Phil Spector, por ejemplo, se quejó de que el flatulista había tomado una de sus obras (la canción “Da Do Ron Ron”) y la había “profanado”. En los años 90, Mr. Methane produjo una parodia del tema “In The Air Tonight” de Phil Collins, llamada “Curry In The Air Tonight”, pero el manager de Collins le negó el derecho a editarla porque “es una canción muy seria y no vemos la razón para tomarla tan a la ligera”.

Mr. Methane no se quiere quedar afuera de la era digital. Por eso, en julio de 2014 lanzó una aplicación para dispositivos Android llamada, desde luego, “Fart App”. La había desarrollado en 2010 para el iPhone, pero en su momento Apple la rechazó. Hoy existen dos versiones en Google Play, una full y otra limitada y gratuita.

Además de su propio y bizarro website, el flatulista ofrece en YouTube una cantidad de videos con sus performances. Véanlos si gustan, pero tengan en cuenta que Simon Cowell no estaba muy equivocado: Mr. Methane es, en efecto, una criatura bastante repugnante.

Hay una leyenda urbana en el aire esta noche

phil collins

La trama principal de esta notable leyenda urbana afirma que Phil Collins escribió “In The Air Tonight” después de ser testigo de un incidente espantoso, durante el cual un hombre se negó a ayudar a otro que se estaba ahogando. Esta trama cuenta con infinitas variantes de lugar, tiempo, protagonistas e incidentes, todas ellas fácilmente obtenibles en Internet (dónde si no).

La canción “In The Air Tonight” apareció en el primer disco de Phil Collins, “Face Value”, en enero de 1981. Ese disco no solo inició la carrera solista de Collins, sino que revitalizó la carrera de Genesis, la banda a la que pertenecía el cantante y excepcional baterista. Y esa canción en particular definió el sonido de Collins, el de Genesis a partir de ese momento, y el de gran parte de la música rock y pop de los 80.

Todos conocen “In The Air Tonight”: su atmósfera macabra y amenazante, sus sombríos efectos de eco, sus lacerantes notas de guitarra aportadas por el gran Daryl Stuermer y, por supuesto, la furibunda entrada de la batería al final, conocida como el “magic break”. Pero también está la letra. Collins declaró que escribió la canción después de divorciarse de su primera mujer, Andrea. Esa es la razón por la que el texto está lleno de rabia y tristeza. “Improvisé la letra en el estudio, sobre una música que ya tenía y me gustaba; encendí el micrófono y me puse a cantar de manera espontánea, lo que me salió” dijo el músico una y otra vez en diferentes reportajes. Pero eso no impidió el nacimiento y crecimiento de la leyenda urbana, ayudada por la poca claridad del texto, que incluye frases sugerentes como:

“Si me dijeras que te estás ahogando, yo no te daría una mano; he visto tu cara antes, mi amigo, pero no sé si sabés quién soy; yo estaba ahí y vi lo que hiciste; lo vi con mis propios ojos”.

Toda la canción, en verdad, consiste en un oscuro monólogo dirigido a una persona no identificada, y la historia del incidente del ahogado fue solo el comienzo de la leyenda. Hay quienes sostienen que Collins presenció el hecho, y otros afirman que se lo contaron. En algunas versiones Collins escribió el tema inmediatamente después del incidente; en otras esperó un par de años, o muchos años porque lo presenció cuando era chico. La misma naturaleza del hecho también varía: el hombre se ahoga en un accidente; el hombre es asesinado; la mujer de Collins fue violada; la víctima era el hermano de Collins; Collins sorprendió a su mujer en pleno adulterio, etc. La identidad de la víctima tiene más alternativas: era un amigo cercano de Collins, era un extraño (a quien Collins reconoce como el violador de su esposa y se rehúsa a ayudarlo), o era el mismo Collins que supuestamente casi se ahoga cuando su bote se da vuelta.

En aquellas versiones de la leyenda protagonizadas por una víctima anónima e inocente, Collins no la ayuda porque está borracho y/o drogado. Y en las versiones en las que Collins descubre la identidad del asesino/violador (para algunos mediante la asistencia de un detective privado) invita al hombre a uno de sus recitales o le envía entradas, lo hace iluminar por un solitario spot y le canta la canción. Los resultados de esa revelación musical difieren según quién cuente la leyenda: el invitado es humillado (a veces su esposa lo deja, otras veces pierde su trabajo); el invitado se suicida; el invitado es arrestado por la policía, que lo está esperando a la salida del concierto. Parte de estas elucubraciones surge de los mismos recitales del músico en aquella época, en los que las luces jugaban un papel fundamental. Cuando el tipo arrancaba con esta canción, el estadio quedaba completamente a oscuras excepto por un spot que daba vueltas iluminando pequeños sectores de la multitud. El efecto parecía sugerir que Collins estaba buscando a alguien.

Lo cierto es que la canción fue y es inmensamente popular, y no solo debido a la leyenda sino a que es un verdadero temazo. Apareció en innumerables películas (“Risky Business”, “The Hangover”), programas de TV (“Family Guy”, “Miami Vice”, donde Collins actuó), juegos (Grand Theft Auto) y avisos publicitarios (Michelob, NBA, NBC, Mountain Dew). Un director de cine declaró que quería usar la canción pero terminó por descartar la idea porque el público iba a esperar con ansiedad la entrada de la batería, suponiendo que en ese momento sucedería algo tremendo en la historia: un beso, un choque, un asesinato, una explosión, el apocalipsis. Una reciente aparición del tema, y tal vez la más ingeniosa, fue en el aviso de Cadbury de 2007, donde un gorila aparece tocando la famosa secuencia de batería. El aviso fue tan popular que, además de ganar una carrada de premios, volvió a instalar la canción en los rankings: llegó al puesto 14 en el chart de singles y al 9 en el de downloads de Gran Bretaña, y alcanzó el primer lugar en Nueva Zelanda 26 años después de su debut.

Es también famosa la mención de “In The Air Tonight” en el tema “Stan”, de Eminem, que cuenta la particular relación del músico con uno de sus fans. Tal vez por eso, Eminem hace referencia a la leyenda urbana: “¿Conocés la canción de Phil Collins “In The Air of the Night” (sic) sobre ese tipo que podría haber salvado a un ahogado pero no lo hizo, y Phil lo vio y después lo encontró en un show?”

Aun hoy, el pelado Collins sigue siendo interrogado sobre el origen de la canción. “Lo único que puedo decir es que la escribí con furia”, dijo a la BBC, “porque representa el lado amargo de una separación; pero sigo escuchando estas historias, particularmente en los Estados Unidos, donde siempre viene alguien y me pregunta si vi cómo se ahogaba un tipo, y yo siempre contesto que no. Pero cada vez que voy las historias se hacen más elaboradas. Es muy frustrante porque de todas las canciones que compuse, es la única cuyo significado ignoro”.

Y bueno, Phil. Como todos sabemos, si algo hay en el aire son leyendas urbanas.

(Fuentes: Snopes.com, Wikipedia)