El “naming”, una acción poética

Edsel Corsair
En algún momento, todos o casi todos aquellos que trabajamos en agencias de publicidad hemos recibido el encargo de nombrar un nuevo producto o servicio: un seguro, un chocolate, una tarjeta de crédito, un detergente, etc. Este pedido, denominado “naming”, suele provocar interminables listas de propuestas, en general agrupadas en diversos caminos conceptuales. El resultado más habitual de estos pedidos es que el nombre ganador es el que el cliente ya tenía pensado o, peor, el que viene impuesto por la casa matriz. Todos tenemos alguna historia interesante relacionada con el trabajo de “naming”. Esta que comparto, me parece, les gana a todas.
A mediados de la década de los 50, la Ford Motor Company estaba a punto de lanzar un nuevo auto. El vehículo no tenía nombre: solo usaban el código “E car”, en el que la “E” significaba “Experimental”. La compañía condujo una serie de estudios internos para decidir el nombre y hasta hizo que sus empleados realizaran encuestas informales a la salida de los cines. Como no se decidían, contrataron a la agencia Foote, Cone & Belding, o FCB, que les presentó una lista con más de 6.000 (seis mil) posibilidades. Uno de los más altos funcionarios de Ford, bastante frustrado, respondió que los habían contratado para desarrollar un nombre, no seis mil. En esa extensa lista aparecían algunas denominaciones que gustaron en la empresa: Citation, Corsair, Pacer, Ranger. Todos ellos terminaron siendo modelos del auto, pero no su nombre principal.
Marianne_Moore_1935
En octubre de 1955, dos empleados de Ford decidieron contactar de manera “no oficial” a Marianne Moore para que los ayude con el nombre. ¿Quién era Moore, la mujer de la foto que ilustra este post? Una poetisa y escritora modernista estadounidense nacida en 1887, ganadora de un premio Pulitzer y conocida por su ingenio e ironía. El intercambio entre Moore y uno de los hombres de Ford, Robert Young, consistió en una serie de cartas que se inició con el “brief”, en el que, entre otras cosas, Young decía: “Queremos que este nombre sea más que una marca. Queremos que sea persuasivo por sí mismo. Que transmita un sentimiento visceral de elegancia, velocidad, diseño. Un nombre, en suma, que sea capaz de crear una imagen dramáticamente deseable en la mente de las personas”. Un encargo muy sencillo, como se ve.
La cuestión es que Moore aceptó. Y así comenzó un ida y vuelta de cartas en las que la poetisa proponía nombres tan extraordinarios como delirantes. El excelente sitio Lists of Note recopiló estos nombres en orden cronológico:

The Ford Silver Sword
Hirundo (Golondrina)
Aerundo
Hurricane Hirundo
Hurricane Aquila (Águila)
Hurricane Accipter (Halcón)
The Impeccable
Symmechromatic
Thunderblender
The Resilient Bullet (La Bala Resistente)
Intelligent Bullet (La Bala Inteligente)
Bullet Cloisoné
Bullet Lavolta
The Intelligent Whale (La Ballena Inteligente)
The Ford Fabergé
The Arc-en-Ciel (El Arco Iris)
Arcenciel
Mongoose Civique
Anticipator
Regna Racer
Aeroterre
Fée Rapide (Creado Rápido)
Tonnere Alifère (El Trueno Alado)
Aliforme Alifère
Turbotorc (usado luego como adjetivo por Plymouth)
Thunderbird Allié (El Primo Thunderbird)
Thunder Crester
Dearborn Diamanté
Magigravure
Pastelogram
Regina-Rex
Taper Racer
Varsity Stroke (Golpe de Equipo Universitario)
Angelastro
Astranaut
Chaparral
Tir á l’arc (Tiro al Blanco)
Cresta Lark
Triskelion (que corre sobre tres piernas)
Pluma Piluma
Andante con Moto (tiempo musical, “camina con movimiento”)
Turcotinga (La Cotinga Turquesa; la cotinga es un gorrión sudamericano)

Si estos nombres suenan originales, la última sugerencia de Moore los superó: la poetisa propuso “Utopian Turtletop”, algo así como “Caparazón Utópico”, un nombre tan fuera de lo común que hoy es el que más se recuerda. De todos modos, las propuestas de la escritora fueron descartadas. En las primeras etapas de desarrollo del auto, la compañía había pensado llamarlo “Edsel”, en honor a Edsel B. Ford, hijo del fundador de la empresa, Henry Ford. Aunque la familia se opuso al nombre, el directorio terminó por aprobarlo, según se dice aprovechando una reunión a la que no asistió Henry Ford II, el principal objetor de la denominación. En definitiva, y como mencioné al principio, lo que sucedió es bastante habitual: la empresa se decidió por el nombre que ya tenían en la cabeza.
Este nombre se cita en la actualidad como una de las razones para el rotundo fracaso del Ford Edsel. No fue el único problema: parece que el auto tenía algunas fallas mecánicas y de diseño, la campaña de marketing no fue la adecuada, el precio no era el correcto y, encima, en 1957 hubo una fuerte recesión en los EE.UU., clima muy poco propicio para lanzar un auto. Una pena que no le hayan hecho caso a Moore: al menos a mí, siempre me quedarán las ganas de ver pasar un Ford Utopian Turtletop a toda velocidad.

(Fuentes: Lists Of Note, Wikipedia)

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Logos con mensajes escondidos

Esta infografía fue publicada por stocklogos.com y es tan interesante que la reproduzco aquí. Hay algunos ejemplos bastante conocidos -como la flecha que va de la A a la Z en el logo de Amazon- pero hay otros que, al menos para mí, son toda una revelación. Recorran este gráfico y también se van a sorprender. (Los textos están en inglés.)

Fuente: stocklogos.com

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Aplicaciones

Aplicaciones

Yo no sé si a todos les pasa esto, pero a mí me sucede con mucha frecuencia. Leo reportajes a personas relacionadas con el tema de la tecnología, comunicaciones, negocios, etc., y para el periodista es inevitable realizar la siguiente pregunta: “¿Cuáles son las aplicaciones que más usás?” (Se refiere, desde luego, a aplicaciones para dispositivos digitales y no a, por ejemplo, la aplicación de una vacuna contra la gripe.) Bueno, lo que me pasa es que las aplicaciones que mencionan estas personas nunca son las que uso yo. Más aún, las desconozco por completo. Y cuando averiguo qué es lo que hacen, concluyo que jamás las usaría porque no entiendo su posible utilidad. No se me ocurre ninguna circunstancia en la que me fuera a resultar provechoso usar esa aplicación.

Tal vez por esa razón, suelo pensar aplicaciones que sí me puedan ser útiles en situaciones puntuales. A continuación, dos ejemplos concretos.

1. Es innegable el ingenio de esta aplicación, y también su potencial peligrosidad. Sería más o menos así: la aplicación se conecta con Facebook de manera que permita al sitio leer el primer pensamiento que le viene a la cabeza al usuario cada vez que lee un post ajeno. Con la aplicación, Facebook no solo lee el pensamiento, sino que también lo postea automáticamente en forma de comentario. Veamos ejemplos que ilustren esta idea. Como sucede con toda frecuencia, alguien postea que se encuentra en determinado lugar. Educados, comentamos “¡Qué bueno!”, o “¡Disfrutalo!” o alguna memez semejante, y a veces ni siquiera eso, sino solo un misericordioso like. Pero ese no fue nuestro primer pensamiento al leer el post ajeno, no. Lo primero que pensamos fue “¿Y a mí qué carajo me importa?” La aplicación corrige esta reprochable hipocresía y postea nuestra primera reacción lo que, seguramente, llevará a una larga serie de comentarios tan injuriantes como entretenidos.

Otro ejemplo: alguien declara que se dispone a escuchar una charla de Fulanito. Y resulta que Fulanito es nuestro ídolo y mentor pero nosotros no hemos podido asistir a la charla –porque es muy cara, porque tenemos mucho trabajo, porque es en Cannes, por lo que sea. El comentario clásico es “¡Después contame!” o “¡Aprovechala!” o el un poco más honesto “¡Ay, cómo te envidio!”. Pero la revolucionaria aplicación postea lo que realmente pensamos: “Andá a lavarte el culo, vos y Fulanito” o, de manera más violenta aún, “Ojalá a Fulanito le explote la laptop y se mueran todos, vos el primero”.

Mucho más terribles serían las consecuencias en otros casos. Imaginen, por ejemplo, que alguien comparte la foto de su hijo y el comentario sincero fuera “¡Qué cara de boludo tiene!”. O, peor, la foto de la hija ya crecidita: “¿No hay fotos en la playa?”. O fotos de novias/os o esposas/os, lo que puede suscitar dos clases de comentario brutalmente franco: “Es más fea/o que pisar mierda descalzo” o “¿Qué hacés subiendo fotos en lugar de estar dándole para que tenga y guarde?” Sin duda, el momento de gloria de esta aplicación se produciría al ver fotos de contactos atractivos, tanto femeninos como masculinos. El comentario más común y sincero en estos casos sería el tantas veces murmurado y nunca puesto por escrito “Te parto en veinte pedazos”. Las posibles reacciones ante esta afirmación son impredecibles.

2. La otra aplicación que deseo proponer también realiza comentarios automáticos en redes sociales, pero lo hace de modo más simple y, quizá, contundente. Lo que hace la aplicación es tomar el verbo usado en el post y conjugarlo agregando la palabra “esta”. Por ejemplo, alguien escribe “¡Estoy a punto de subir al Uritorco!” y el comentario generado es “Subite a esta”. Otro: alguien postea “¡Qué rico almuerzo me estoy comiendo!” y sube una foto de la comida a Instagram, red social que solo sirve para eso; el comentario automático es, claro, “Comete esta”.

Estos son ejemplos sencillos. En otros casos, se puede presentar un desafío para la aplicación, que hasta será capaz de formular preguntas. Si el post es algo así como “Acabo de ver la película X, buenísima”, el comentario será “¿Y ya viste esta?”. La aplicación es ideal para responder los innumerables mensajes que se reciben para fin de año. Al clásico saludo “¡Felices Fiestas!” la app responde “Felicitame esta”; también existe la posibilidad de escandalizar a alguno que escriba “Que Dios los bendiga” ya que la respuesta será “Bendecime esta”. La aplicación contará con el imaginativo nombre de “Esta” que, en inglés, se traduce literalmente como “This One”.

A mí, estas dos aplicaciones me serían de gran utilidad. Si alguien desea financiar su desarrollo, aquí lo espero con el celular bien cargado.

The Walking Paul

GreatHoax

Debe haber pocas leyendas urbanas tan famosas como la que asegura que Paul McCartney murió en 1966 y que los restantes Beatles lo reemplazaron con un tipo muy parecido, revelando la existencia del complot con claves escondidas en sus discos, especialmente en “Abbey Road”. El origen de la leyenda, sin embargo, no es tan conocido. Y el alcance de estas “claves” es tan delirante que vale la pena revisarlo.

En 1969, los Beatles acababan de lanzar “Abbey Road” y estaban en franco proceso de desintegración. Paul McCartney aparecía poco en público; se la pasaba en su granja de Escocia con su nueva esposa Linda, planeando su incipiente carrera solista. El 17 de septiembre de ese año, el diario estudiantil de la Universidad de Drake, en Iowa, EE. UU., publicó un artículo titulado “¿Está muerto el Beatle Paul McCartney?”, que describía el rumor que ya circulaba en esa institución. Se hablaba de claves incluidas en discos anteriores de los Beatles. Por ejemplo, se decía que si se pasaba al revés “Revolution 9”, del Álbum Blanco, se escuchaba a Lennon decir “turn me on, dead man”. (Algo así como “excítame, hombre muerto”. Supongo que la idea de escuchar “Revolution 9” al revés se debe a que escucharla al derecho es una experiencia insoportable.) Ante la avalancha de consultas, el encargado de prensa de los Beatles, Derek Taylor, se vio en la necesidad de salir a aclarar que el rumor no era cierto.

Pero el 12 de octubre un oyente llamó a la radio WKNR-FM de Detroit, y le contó al conductor, Russ Gibb, todo sobre el rumor y sus claves. El programa de Gibb dedicó la siguiente hora a debatir el tema. Dos días después, el diario The Michigan Daily publicó una crítica satírica de “Abbey Road”, escrita por el estudiante Fred LaBour, con el título “Murió McCartney; descubren nuevas evidencias”. El artículo identificaba pruebas del complot en las tapas de discos de los Beatles; varias de esas pruebas habían sido inventadas por LaBour, que se sorprendió mucho cuando la nota fue reproducida por varios periódicos estadounidenses. El 19 de octubre, la misma radio WKNR-FM hizo un programa especial de dos horas sobre la cuestión: “El Complot Beatle”. Y el 21 de octubre, un conductor de la radio WABC de Nueva York discutió el tema durante una hora. Fue suficiente: ese programa se escuchaba en 38 estados y también en otros países. Ya todos hablaban de la muerte de Paul. Por eso, ese mismo día la oficina de prensa de los Beatles volvió a negar el rumor que ya estaba siendo comentado por medios de todo el mundo.

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La leyenda debería haber terminado el 7 de noviembre de 1969, cuando la revista Life publicó un reportaje a McCartney y su familia en la granja de Escocia, incluyendo una foto en la tapa en la que Paul aparecía irrefutablemente vivo. El músico reconocía que el origen del rumor podía deberse a su escasa presencia pública en los meses recientes y afirmaba, por si fuera necesario, que la historia era “pura basura”. Nada de esto importó: los lunáticos siguieron encontrado claves, y con ellas armaron la historia. De acuerdo con ella, el 9 de noviembre de 1966 Paul discutió con sus compañeros en medio de la grabación de “Sgt Pepper’s…” y se fue muy enojado en su auto. Estaba tan furioso que chocó y se mató. Para evitar la pena de todo el mundo y seguir adelante con la banda, los Beatles restantes lo reemplazaron con un tal William Campbell o William Sheppard, quien había ganado un concurso de gente parecida a Paul. Además de la referencia encontrada en “Revolution 9”, otra frase de Lennon, esta vez en “Strawberry Fields Forever”, confirmó las sospechas de los creyentes. Se trata de las palabras que murmura al final, y que supuestamente son “I buried Paul” (“Enterré a Paul”). El mismo McCartney se encargó luego de aclarar que lo que Lennon dice en realidad es “cranberry sauce” (“salsa de arándanos”). Los cazadores de conspiraciones descubrieron infinidad de claves en los discos “Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band” y “Magical Mystery Tour”, en las portadas y en las letras de las canciones. En la tapa del álbum blanco no encontraron nada –claro, es blanca– pero sí en algunos temas, además del ya nombrado “Revolution 9”. Para los que quieran divertirse un rato, el muy simpático website Beatles Bible muestra la lista completa. De todos modos, la mayoría de las claves fueron descubiertas en el disco “Abbey Road”, tanto en la tapa como en la contratapa, y también en las canciones.

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Se trata del último disco que los Beatles grabaron juntos; “Let It Be” se editó después pero lo habían hecho antes. Si bien “Abbey Road” no inició el rumor de la muerte de Paul, contribuyó con varias de las “claves” que lo habrían de alimentar. La más conocida está en la celebérrima tapa, que muestra a los muchachos cruzando la calle en lo que parece ser una procesión funeraria. John encabeza la marcha y está vestido de blanco, como un pastor que oficia la ceremonia. Ringo, vestido de negro, es el director de la funeraria o el que porta el féretro. George, con ropa de trabajo, es el sepulturero. Y Paul es el cadáver: avanza con su pie derecho mientras los demás lo hacen con el izquierdo; sus ojos están casi cerrados; está descalzo, lo que llevó a muchos a razonar que está muerto porque en varias partes del mundo a los muertos los entierran sin zapatos (!); está fumando un cigarrillo, también llamado “coffin nail”, clavo de ataúd, en Gran Bretaña; encima lleva el cigarrillo en su mano derecha cuando todos sabían que Paul era zurdo.

Por atrás de la banda hay otras claves. La más popular es el Volkswagen Beetle con la patente “28IF”, que sugiere que Paul tendría 28 años si (“if”) estuviera vivo. En realidad McCartney tenía 27 años cuando el disco apareció, pero este detalle no detuvo a los lunáticos, quienes alegaron que Paul se había interesado en el misticismo oriental y que, según este, nuestra vida comienza en la concepción y por lo tanto todos somos un año más viejos. Las primeras tres letras de la patente del Beetle son LMW, y fueron interpretadas como “Linda McCartney Weeps” (“Linda McCartney llora”). El problema de esta interpretación es que si Paul murió en 1966, aún no había conocido a Linda. Pero sigamos, porque en la tapa hay otra clave: es la camioneta de policía estacionada en la calle; un enfermo llamado Joel Glazier, autor del artículo “Paul is dead… miss him, miss him” (frase que, según la teoría de la conspiración, se escucha al final de “I’m So Tired” pasada al revés) asegura que la policía fue sobornada para que no revele el accidente fatal de McCartney. Siempre de acuerdo con Glazier, la presencia de la camioneta en la tapa es una clara referencia a ese hecho.

abbey road back cover

La contratapa de “Abbey Road” también tiene sus secretos. Como se ve en la imagen, aparece una mujer caminando frente a una pared con el cartel de la calle. En la pared, además, hay unos mosaicos que forman la palabra “Beatles” pero la letra “s” está partida al medio, sugiriendo que la banda también había sufrido un daño terrible. A la izquierda de la palabra “Beatles” se ven ocho puntos que, conectados, forman el número 3. Por lo tanto, en la contratapa dice, literalmente, “3 Beatles”. El mencionado Glazier fue al lugar donde se tomó la foto y constató que en la pared hay 13 puntos; su conclusión fue que los restantes Beatles cortaron la imagen para comunicar cuántos de ellos quedaban. Glazier también advirtió que a la derecha de los mosaicos hay una sombra muy extraña que parece una calavera. Algunos insanos sostienen que la mujer que pasa caminando es Jane Asher, novia de Paul en el momento de su muerte, y a quien le habrían pagado para que guarde silencio sobre el accidente. Pero otros insanos –distintos de los anteriores– aseguran que la imagen de la mujer ofrece una clara referencia a McCartney: para ellos, si se mira la foto desde lejos es posible ver el perfil de la cara de Paul, con la nariz arriba a la derecha y el codo de la chica formando la boca.

Las letras del disco tienen lo suyo, en particular “Come Together”. Las imágenes medio indescifrables que describe la letra dieron y dan lugar a interpretaciones al mismo tiempo fascinantes y demenciales. La canción arranca con la frase “Here come old flattop”, es decir, “Aquí llega el viejo cabeza plana”, y esto, dicen, se refiere a las heridas fatales que sufrió Paul en el accidente. “He wear no shoeshine” (“No usa pomada para zapatos”) puede aludir a que Paul está descalzo en la tapa del disco. “Got to be good looking ’cause he’s so hard to see” (“tiene que ser apuesto porque es muy difícil de ver”) se refiere a la ausencia del “Beatle lindo”, como llamaban a McCartney. “Got to be a joker, he just do what he please” (“tiene que ser un bromista, él hace lo que quiere”) habla del complot que reemplazó a Paul por un tipo parecido. Y la frase “One and one and one is three” significa, desde luego, que ahora hay tres Beatles y no cuatro.

El extraordinario “medley” de canciones que cierra “Abbey Road” alimentó de manera abundante a los teóricos de la conspiración. Esta forma de enganchar lo que son casi fragmentos de temas era bastante novedosa en aquel entonces: la revista Rolling Stone la definió como “el punto más alto de la madurez de los Beatles”. Los lunáticos observan que la presencia de la canción “Sun King” confirma la existencia del plan para sustituir a Paul. El llamado Rey Sol era el monarca francés Luis XIV, reemplazado por su hermano gemelo en “El Hombre de la Máscara de Hierro”, la novela de Dumas. Confirmado, entonces. Otro teórico sostiene que el medley está lleno de referencias a la muerte, y no le falta razón. El tema “You Never Give Me Your Money” incluye la frase “All good children go to Heaven” (“Todos los chicos buenos van al Cielo”); “Golden Slumbers” se interpreta como el Gran Sueño, esto es, la muerte. La expresión “Carry That Weight” (“Carga con ese peso”) puede ser entendida como la tarea de quien porta el féretro en un funeral y, de hecho, así se usó la canción en la impresentable adaptación musical de Sgt. Pepper’s protagonizada por los Bee Gees y Peter Frampton. El medley termina con una alusión contundente: “The End”. A los investigadores no les importó que después de ese final apareciera la bella y cortita “Her Majesty”. Y tampoco se les ocurrió profundizar en el significado de la canción “Maxwell’s Silver Hammer”, cuya sola existencia hizo que más de uno deseara la muerte de Paul en serio.

McCartney siguió desmintiendo la historia a lo largo de los años, en muchos casos simplemente presentándose para demostrar que no había muerto. Su mejor desmentida, sin duda, es la tapa de su disco “Paul is Live”, de 1993. El nombre del álbum es un juego de palabras que significa “Paul en vivo” y también “Paul está vivo”. La portada es una imagen de él cruzando Abbey Road con su perro Arrow (descendiente de la protagonista de “Martha My Dear”, del Álbum Blanco). Paul está parado sobre su pie izquierdo y sujeta la correa del perro con la mano izquierda. Tiene los ojos abiertos y está calzado. La camioneta de la policía no está, pero el Volkswagen Beetle sí: la patente dice “51 IS”, la edad de McCartney cuando salió el disco. Un disco excelente, ya que estamos.

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La leyenda sobre la muerte de Paul McCartney provocó muchas referencias en la cultura popular, y las sigue provocando. Una de las más célebres es una aventura de Batman editada en 1970, en la que Batman y Robin deben descubrir cuál de los integrantes de una famosa banda de rock acaba de morir. “¡La clave está en la tapa del disco!” revela Robin con su habitual entusiasmo. También aparecieron discos basados en la historia: “The Ballad of Paul”, de los Mystery Tour, “Brother Paul” de Billy Shears and the All Americans, “So Long Paul” de Werbley Finster, seudónimo de José Feliciano (sí, José Feliciano). En 1969, el cantante Terry Knight sacó la canción “Saint Paul” en la que lamentaba la inminente separación de los Beatles; meses después, el tema se interpretó como un tributo al fallecido McCartney. El ya nombrado Fred LaBour, cuya crítica satírica fue uno de los disparadores de la leyenda, apareció en un programa de televisión de 1969 en el que fue interrogado junto con otros “testigos” acerca de la muerte de Paul. El interrogador era el abogado F. Lee Bailey; antes de la grabación del programa, LaBour le aclaró que su artículo era solo una broma, pero el abogado le sugirió que siguiera adelante con la historia porque “tenemos una hora de televisión para llenar”.

John Lennon también aludió a la leyenda urbana en su canción “How Do You Sleep?”, por lo demás un virulento ataque a McCartney. En la letra, los que habían propagado el rumor eran calificados de “freaks”. Inconmovibles, los teóricos de la conspiración siguieron y siguen creyendo que Paul está muerto, incluso ahora que John y George lo están de verdad. Las interpretaciones psicológicas y sociológicas de la historia son innumerables. La mía personal es que fue una forma bastante particular de elaborar el duelo por la separación de los Beatles. Ese duelo que, para muchos de nosotros, sigue vigente.

(Fuentes: Wikipedia, turnmeondeadman.com, ispauldead.com, beatlesbible.com)

Duelo de titanes

titan

“Futilidad, o el naufragio del Titan” es una breve novela escrita por el norteamericano Morgan Robertson en 1898. Como todas sus obras, no fue bien recibida por la crítica y tampoco por el público. Pero el caso de “Futility…” es notable por otra razón: la similitud entre su trama y lo que le pasó al Titanic catorce años después. Empezando, claro, por el casi idéntico nombre del barco.

El héroe de la novela de Robertson se llama John Rowland. Es un ex oficial naval que ha sido expulsado de la Marina por su alcoholismo. Por eso se embarca para trabajar a bordo del Titan, el barco más grande construido hasta ese momento. Antes de la mitad de la novela, el Titan choca contra un iceberg en el Atlántico Norte y se hunde. Rowland logra salvar del naufragio a la pequeña hija de una antigua amante, y salta junto con ella al iceberg. Allí, combate y vence a un oso polar (!) y encuentra un bote salvavidas en el que escapa con la niña. Finalmente son rescatados por un barco; el héroe se recupera de su adicción, consigue un trabajo lucrativo y reinicia su relación con su amante, madre de la niña a la que salvó. La novela fue escrita incluso antes de que a alguien se le ocurriera construir el Titanic. Aun así, los dos barcos y las dos historias son tan similares que asusta:

  • En una noche de abril, el Titan de la novela navegaba a 25 nudos cuando chocó con un iceberg por el lado de estribor, a 400 millas náuticas de Newfoundland. En la noche del 12 de abril de 1912, el Titanic navegaba a 22,5 nudos cuando chocó con un iceberg por el lado de estribor, a 400 millas náuticas de Newfoundland.
  • En la historia de Robertson, el Titan contaba con 24 botes salvavidas, menos de la mitad de los necesarios para trasladar a 3.000 personas, su capacidad máxima de pasajeros. El Titanic tenía 16 botes salvavidas más otros 4 botes plegables, menos de la mitad de los necesarios para trasladar a 3.000 personas, su capacidad máxima. En ambos casos, y de manera bastante lógica, más de la mitad de los pasajeros murieron.
  • Las dos naves eran prácticamente idénticas en tamaño; el Titanic medía solo 25 metros más. Tanto en la novela como en la vida real, los dos barcos se describen como “unsinkable”, es decir, era imposible que se hundieran. (La leyenda asegura que el Titanic fue calificado así desde su misma concepción, pero en realidad esto sucedió, no sin ironía, recién después de su naufragio.) Ambos tenían la misma velocidad máxima, de más de 20 nudos.
  • Tanto el Titan como el Titanic eran barcos británicos, tenían 3 hélices y 2 mástiles, y habían sido construidos con acero. En la novela, el Titan choca “cerca de la medianoche”; el Titanic chocó a las 23:40. El primero contaba con 40.000 caballos de fuerza, el segundo con 46.000. Las palabras con que se describen las comodidades del Titan son casi las mismas usadas para el Titanic: “No se reparó en gastos para hacer el barco más lujoso del mundo; los camarotes igualan a cualquier hotel de primera clase”. Algunos llegan a asegurar que ambas naves se hundieron en sus respectivos viajes inaugurales, pero esto solo es cierto en el caso del Titanic.

Luego de la tragedia de 1912, Robertson volvió a publicar su novela, según parece para aprovechar económicamente las similitudes de ambas historias. De hecho, cambió algunas circunstancias de su obra (sobre todo las medidas de la nave) para que fuera aún más parecida al desastre que conmovía al mundo. Ante las consultas de aquellos que lo consideraban un profeta sobrenatural, el escritor, que había sido marinero, respondía que no, sino que su premonición se debía a que “conozco los temas sobre los que escribo”. Sin embargo, esa modestia no le impedía afirmar que había inventado el periscopio en su novela “El destructor submarino”, cuando en realidad el aparato había sido patentado tres años antes. Julio Verne, no era. Pero sí fue un escritor que, aunque mediocre, anticipó casi todo lo que iba a pasar con el Titanic. Excepto, desde luego, la notoria popularidad que le dio a Leonardo DiCaprio.