¡Forro!

flor de forro

La gran mayoría de los insultos que proferimos a diario son inexplicables. Varios de ellos se refieren a partes del cuerpo humano que, francamente, no merecen ser insultados sino todo lo contrario, como los testículos y la vagina. Otros aluden a condiciones sexuales dignas del más absoluto respeto, y hasta a antiguas profesiones que exigen más comprensión y menos desprecio. De todos modos, no es mi intención desarrollar este tema, que ya ha sido abordado por gente más sabia e ingeniosa (entre ellos, desde luego, Roberto Fontanarrosa). No, lo que pretendo es cuestionar un insulto en particular. El que titula, no sin cierto efectismo, este artículo.

¿Por qué la palabra “forro” es considerada un denuesto? Para empezar, imagino que el forro aludido es el preservativo y no el papel que se usa (o se usaba) para proteger cuadernos y carpetas en la escuela. Y lo imagino porque el preservativo interviene en el acto sexual, y ese acto es, por alguna razón, constantemente mentado en los insultos más comunes. Partiendo de esa premisa, insisto en que su empleo como “mala palabra” es inexplicable. El forro es útil por donde se lo mire: impide embarazos no deseados, previene el contagio de enfermedades, es higiénico, es económico, tiene una efectividad de casi el 100%. ¿Entonces?

Alguien me comentó que la palabra sirve para insultar porque es un adminículo que “se usa y se tira”. Este argumento no resiste el menor análisis. Sin ir más lejos, hay infinidad de otros convenientes artículos que también se usan y se tiran, pero nadie anda por ahí gritando “¡Pedazo de pañal!”, “¡Fósforo de mierda!” o “No le des bola a ese, que es un rollo de papel higiénico”. Nadie discute la utilidad de estos elementos ni de tantos otros equivalentes, como el pañuelo descartable, pero “forro” se usa para ultrajar, degradar, lastimar.

Yo opino que no solo hay que dejar de decir esta palabra para insultar, sino que, además, hay que imponer su empleo para el elogio. El forro o preservativo o condón impide, como ya señalé, el advenimiento de desgracias. Y como tal, debemos aplicar la palabra para describir actos heroicos que previenen catástrofes. No estaría mal, por ejemplo, sostener que el Cardenal Samoré y el Papa Juan Pablo II, que prácticamente impidieron la guerra entre Argentina y Chile, eran dos reverendos forros. O que el Sargento Cabral, cuyo legendario valor salvó la vida del General San Martín, fue el forro más grande de nuestra historia. O que Sergio Goycochea, que atajó como cincuenta penales en el Mundial de Italia, fue el más forro de los cracks de la Selección Argentina. Más recientemente, la jugada en la que Mascherano evitó el gol de Robben en la semifinal contra Holanda del Mundial de Brasil, fue una gigantesca forrada.

Les dejo la inquietud. Y ya que estamos, si alguna marca de preservativos quiere financiar la campaña (que más que campaña sería un movimiento social, algo tan de moda en estos días), aquí la espero. A menos que me consideren un forro pinchado. Ese sí que es un insulto.

(Imagen: aseparatelife.wordpress.com)

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2 pensamientos en “¡Forro!

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