El papá de Papá Noel

Sundblom Santa

Entre las muchas tradiciones que se repiten cuando se acerca el final del año, hay una bastante reciente: la de atribuir a Coca-Cola la invención de la Navidad tal como hoy la conocemos y celebramos. No está mal: es cierto que las imágenes que en las Fiestas decoran la mayoría de los hogares (y todos los locales comerciales) están basadas en viejas campañas publicitarias de la oscura bebida. Lo que resulta interesante, sin embargo, es que esta particular línea gráfica se debe casi absolutamente al arte de un solo ilustrador, el norteamericano de origen sueco Haddon “Sunny” Sundblom. Más interesante aún es descubrir que Sundblom no solo hizo una carrada de trabajos para Coca-Cola, sino que también colaboró con muchas otras marcas. Y que, además, su última obra fue una sugestiva tapa para la revista Playboy.

El hombre nació en Michigan, Estados Unidos, en 1899, y luego se mudó a Chicago, donde comenzó a trabajar en un estudio de diseño; allí decidió que sería ilustrador. Pocos años después, fundó su propia agencia de publicidad con dos amigos. Sus primeros clientes incluyeron a Palmolive, Maxwell House, Buick y Goodyear, entre otros. Y también Coca-Cola, la marca con la que más se lo asocia, y con justa razón. Sundblom es considerado por muchos como “el más grande ilustrador publicitario de la historia”, y alcanzó la cima de su celebridad durante la llamada Era Dorada de los pósters y carteles en los Estados Unidos, entre 1920 y 1940.

Haddon Sundblom

Empezó a trabajar en las campañas de Navidad de Coca-Cola en 1931; a partir de allí, realizó más de 40 pinturas al óleo originales para la marca. El que le encargó el primer trabajo fue el ejecutivo publicitario Archie Lee, que quería “un Santa Claus alegre, juguetón y al mismo tiempo realista” para ilustrar una campaña destinada a aumentar las ventas de Coca-Cola durante las Fiestas. Es importante señalar que hasta ese momento, a Santa Claus se lo describía de diversas maneras: a veces era alto, flaco y consumido; otras veces era un elfo pequeño y regordete. Su vestimenta podía ser una bata púrpura –como la de un obispo– o un tapado de piel (qué políticamente incorrecto sería hoy este atuendo). En ocasiones tenía un aspecto duro y hasta amenazante. En resumen, estaba lejos de la imagen que todo el mundo acepta en la actualidad.

Para dibujarlo, Sundblom se inspiró en un clásico navideño: el poema “A Visit from St. Nicholas”, también conocido como “The Night before Christmas”, escrito por Clement Clarke Moore en 1822. Una parte del poema dice: “¡Sus ojos, cómo brillaban! ¡Qué alegres eran sus hoyuelos! ¡Sus mejillas eran como rosas, su nariz como una cereza! […] ¡Y su barba era blanca como la nieve; tenía una cara ancha y una pequeña panza redonda que se sacudía con su risa, como un tazón lleno de jalea!” Con esta detallada descripción, Sundblom hizo posar a su amigo Lou Prentiss, un vendedor retirado, y comenzó a realizar los primeros bocetos. Él mismo afirmó que su amigo tenía “arrugas en la cara, pero eran arrugas felices; Lou era la encarnación del espíritu de la Navidad”. Resulta lógico suponer que el traje rojo y blanco de Santa Claus/Papá Noel se diseñó de acuerdo con los colores de la marca Coca-Cola, pero el dato no está registrado. De cualquier modo, ese traje ha pasado a ser el estándar cuando se trata de representar esa figura. Incluso en países como la Argentina, donde la Navidad llega en pleno verano y se ve a pobres tipos sudando la gota gorda adentro de un traje pensado para el Polo Norte.

yes girl

Las ilustraciones de “Sunny” fueron un éxito instantáneo. La imagen de Papá Noel como un gordo divertido y a veces travieso (una pintura lo muestra robando pollo de una heladera, siempre tomando una Coca-Cola helada), fue adoptada de inmediato por el público; tanto, que la compañía empezó a recibir montañas de cartas de admiradores. El artista trabajó para la marca durante unos 45 años y desarrolló todo un universo basado en su Santa Claus. Para crear sus personajes, usó como modelos a sus vecinos, amigos, familiares y mascotas. Y se incluyó a sí mismo como modelo del “Father Christmas” cuando su amigo Prentiss murió. Su trabajo se aplicó en afiches de vía pública, avisos gráficos, material de punto de venta, calendarios promocionales y hasta muñecos. Durante su período de mayor actividad, en la década de 1940, Sundblom produjo como mínimo la mitad de los carteles de Coca-Cola; uno de sus trabajos, conocido como “The Yes Girl”, sigue siendo un ícono para los diseñadores de pósters. Sucede que, además de su talento, el ilustrador poseía otra ventaja: era muy rápido. Se dice que era capaz de completar varias pinturas en una sola sesión de trabajo. Pero también se dice que, paradójicamente, tenía otra característica típica de los creativos publicitarios: problemas con las fechas de entrega. Esto hizo que en más de una oportunidad las agencias para las que trabajaba tuvieran que recurrir a otros artistas para completar la obra. Uno de ellos fue Gil Elvgren, admirador y discípulo de Sundblom, que terminó por convertirse en otro de los grandes ilustradores publicitarios del siglo 20.

Sundblom Santa Heladera

Por todas estas razones, muchos aseguran que Sundblom creó la actual imagen de Papá Noel y, agregan de manera exagerada, de la mismísima Navidad. Otros afirman que esto no es exactamente así. “No, Sundblom no inventó a Santa Claus como un hombre gordo, alegre y canoso” escribió Joanna Berry, conferencista de Marketing en la Universidad de Newcastle, “pero sí fue quien más hizo por grabar esa imagen en nuestras mentes; y es una de las imágenes de marca más fuertes de la historia”. Hay quien sostiene que Sundblom definió el llamado “Sueño Americano” en imágenes, incluso en mayor medida que el gran Norman Rockwell. Lo cierto es que, aunque se lo recuerda por su trabajo para Coca-Cola, “Sunny” hizo mucho más que eso. Colaboró con otras grandes marcas como, por ejemplo, Quaker Oats, cuyo personaje creó basándose en su asistente Harold McCauley. No solo eso, sino que también empezó, a mediados de los años 30, a dibujar mujeres para revistas y calendarios. De hecho, su último trabajo fue una ilustración para la tapa del número de Navidad de Playboy en 1972.

Sundblom Santa Mina

Las representaciones de Santa Claus que pintó Sundblom siguen estando hoy entre las más instantáneamente reconocidas de la historia de la publicidad gráfica, y también audiovisual. En los actuales comerciales navideños de Coca-Cola, la figura de Papá Noel sigue basándose en la obra de “Sunny”. No se puede aseverar que el hombre haya inventado la Navidad. Pero algo de eso hay.

(Fuentes: raleigh.aiga.org, Wikipedia, The Coca-Cola Company)

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Clinton Road: la ruta del horror

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El título parece el nombre de una pésima película de terror, y no es casualidad. Clinton Road, en West Milford, New Jersey, Estados Unidos, es considerado como el camino que más leyendas sobrenaturales ha generado en el mundo. Hay varias razones para ello. Esta ruta, que recorre solo 16 km, es una de las más desoladas de ese país: hay muy pocas casas y la zona que la rodea es, en su gran mayoría, terreno público agreste sin ningún desarrollo. Clinton Road tiene dos carriles, conecta dos áreas de población casi inexistente, y su tránsito es escaso incluso en las horas pico; además, está afuera del sistema de autopistas del Estado, por lo que cuenta con muy poco mantenimiento. Más aún, el camino debe su nombre al pueblo de Clinton, que ya no existe en la actualidad. Según el jefe de policía local, “estas características hacen que la imaginación se vuelva loca”.

Otro de los motivos que llevan a la creencia de que allí ocurren cosas raras es que en Clinton Road tiene lugar el tiempo de espera más largo en un semáforo de todo Estados Unidos. Hay una doble intersección con la Ruta 23 que hace que los conductores deban esperar cinco minutos. Y durante esa espera pueden suceder muchos hechos terroríficos, la mayoría de los cuales han sido consignados por la revista “Weird NJ” (sí, se llama así) que alguna vez dedicó un número entero a este camino. Lo curioso es que entre estos hechos hay varios paranormales pero otros que son bien reales, y por eso más horrorosos: la soledad de la ruta la convirtió por un lado en un lugar de reunión preferido por el Ku Klux Klan local, y por el otro, en un depósito ideal de cadáveres provistos por asesinos profesionales. Los testimonios sobre actividades sobrenaturales cubren todo tipo de fenómenos, desde fantasmas hasta brujas. Entre ellos:

  • El Niño en el Puente. El puente aludido cruza el Arroyo Clinton a la altura de, nada menos, la “Curva del Muerto”. Si alguien pone una moneda de 25 centavos sobre la línea amarilla del camino y se queda esperando, a medianoche la moneda le será devuelta por el fantasma de un niño. Hay dos versiones sobre el chico: o se ahogó nadando en el arroyo, o se cayó al agua mientras estaba sentado en el borde del puente. Hay quien asegura que el niño fue atropellado por un auto y que aparece para recrear esa situación: cuando alguien presencia la escena e intenta salvarlo, el fantasma, ingrato, lo empuja al agua.
  • El Camaro Fantasma. Se trata de un Chevrolet Camaro que aparece en la ruta conducido por una chica quien, según dicen, tuvo un accidente en Clinton Road en 1988, mientras manejaba de noche. Pero no se aparece porque sí, sino que lo hace cada vez que alguien menciona la leyenda mientras viaja en auto de noche por ese camino. No es el único vehículo fantasma que se menciona: también hay un camión, y hasta dos luces delanteras solas, sin auto atrás, que aparecen de repente para hacer salir de la ruta a los desprevenidos.
  • Los Guardaparques Fantasmas. Hay un lugar llamado Terrace Pond, al que solo se accede escalando desde Clinton Road. Un grupo de jóvenes instaló su carpa en la zona y fueron visitados por dos guardaparques. Al día siguiente, cuando contaron el episodio, les dijeron que esos dos guardaparques habían muerto en 1939 mientras trabajaban en el lugar. Escalofríos.
  • El Templo Druida. Esta leyenda tiene su explicación, y es bastante pedestre. Al Este del camino hay una estructura cónica y algunos aseguran que es un sitio erigido por druidas locales para llevar a cabo sangrientos rituales. Por eso, si alguien intenta inspeccionar la construcción o la visita en el momento equivocado, le han de suceder cosas terribles. La estructura es en realidad una fundición de hierro levantada durante la guerra revolucionaria norteamericana, y hasta aparece como el “Horno de Clinton” en el Registro Nacional de Lugares Históricos. Una pena.
  • Criaturas Extrañas. Perros infernales, monos, híbridos imposibles de identificar, y otras inusuales criaturas han sido vistas en la ruta, siempre de noche. Hay quien afirma que se originaron en Jungle Habitat, un parque de atracciones local que cerró en 1976. Las criaturas lograron sobrevivir y se reprodujeron entre ellas, creando así los mencionados híbridos. Otros alucinados sostienen haber visto a personas vestidas de manera extraña, paradas al costado del camino; a veces miran fijamente, a veces se desvanecen en el aire ante la sorpresa de los testigos.
  • El Castillo Cross. Un tal Richard Cross construyó un castillo en 1905, cerca del reservorio que está al lado de Clinton Road, y se fue a vivir allí con su esposa y sus tres hijos. Muchos años después, parte del castillo se incendió y el resto quedó en ruinas; es un sitio muy popular para los jóvenes de la zona, que acampan allí y organizan fiestas sin duda envidiables. Pero los visitantes reportan sucesos anormales: algunos sufren convulsiones, a otros les salen moretones sin motivo, otros tienen visiones. Y también aparecen inscripciones satánicas en las paredes interiores del castillo, siempre en lugares inaccesibles.
  • El Hombre de Hielo. Según la ya mencionada revista Weird NJ, en mayo de 1983 un ciclista encontró un buitre devorando los restos de un cadáver. La autopsia reveló que era un hombre y que había sido asesinado, pero también descubrió algo muy singular: había cristales de hielo en sus venas más cercanas al corazón. Como consecuencia, sus órganos se habían descompuesto mucho más lentamente que su piel. La conclusión de los médicos fue que habían congelado el cuerpo después de matarlo para confundir a la policía sobre la hora de su muerte. La investigación posterior condujo al arresto de Richard Kuklinski, involucrado con la mafia de Rockland; el hombre no solo confesó ese crimen, sino también que había asesinado a más de 100 personas y había tratado a todos los cadáveres del mismo modo. Esto le valió el mote de “El Hombre de Hielo”. Esta última historia es, tal vez, la más espantosa de todas. Porque es verdadera.

En cualquier caso, algo queda muy claro: si alguna vez viajan a través de New Jersey, les conviene evitar Clinton Road.

(Fuente: Wikipedia)

Payaso maldito

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En su momento, Jerry Lewis fue tal vez el actor más famoso del mundo. Hoy, en cambio, se lo recuerda casi exclusivamente por haber sido el autor original de “El Profesor Chiflado”, cuya versión de 1996, que contaba con Eddie Murphy interpretando a varios personajes, fue un suceso tan tremendo que llevó a la realización de una olvidable secuela. Pero lo cierto es que, además de esa película, Lewis protagonizó, escribió y dirigió docenas de buenos filmes que, además, fueron éxitos arrasadores. Empezó actuando en pareja con el gran cantante y actor Dean Martin en clubes en la década de 1940, y luego en varias comedias, cada una más popular que la anterior.

(La mejor tal vez sea “Sailor Beware”, de 1952, conocida en español como “¡Vaya par de marinos!”, “Qué suerte tiene el marino” y otros títulos igualmente imbéciles. Este filme incluye la, para mí, mejor escena de Jerry: en un enorme playón, cientos de marineros están haciendo gimnasia y él está en primera fila haciendo cualquier otra cosa; es una escena tan breve como extraordinaria, y felizmente está en YouTube. No se la pierdan.)

El dúo Martin & Lewis gozó de una fama increíble durante los años 50. El documental “Method to the Madness of Jerry Lewis”, producido por el mismo actor y por eso no demasiado objetivo, muestra escenas de la pareja siendo adorada por sus fans. No es exagerado comparar esas escenas con las que, poco tiempo después, iban a protagonizar los Beatles. Pero el dúo se separó, y no en los mejores términos. A continuación y para sorpresa de muchos, comenzó la carrera “solista” de Jerry, que incluyó excelentes películas, en algunos casos también escritas y dirigidas por él, como “The Bellboy”, además de la mencionada “El Profesor Chiflado” (“The Nutty Professor”, 1963). Todo lo que hizo fueron comedias y Lewis no estaba del todo satisfecho con esta situación: él quería, según sus propias palabras, “ser tomado en serio como un artista”. Tenía sus ambiciones. Por eso pensó que el filme “El día que el payaso lloró” (“The Day the Clown Cried”, 1972) iba a cambiar la percepción que todos tenían de él. Lo hizo, pero no de la forma en que él esperaba.

La película nunca llegó a estrenarse, y vamos a ver por qué. Fue dirigida y protagonizada por Lewis y se basó en un guion de Joan O’Brien y Charles Denton. Es la historia de un payaso alemán llamado Helmut Doork (una variante de la palabra “dork”, que significa idiota, cretino) al que conocemos al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Doork fue muy exitoso en su carrera pero ya no lo es: triste y deprimido, se emborracha en un bar y se burla a los gritos de Alemania mientras imita ferozmente a Hitler. La Gestapo lo arresta y lo lleva a un campo para prisioneros políticos, donde permanece tres años esperando un juicio. Pero resulta que a ese campo llega un gran número de prisioneros judíos, entre ellos muchos chicos. Doork actúa para ellos desde el otro lado de una alambrada y a los chicos les encanta. El payaso está contento al ser apreciado otra vez y el comandante del campo le encarga ayudar a subir a los chicos judíos a los trenes que se los llevan fuera del campo. Debido a un error, Doork termina subiéndose al tren con ellos. El tren se dirige a Auschwitz. Sintiéndose culpable, el payaso pide que lo dejen acompañar a los chicos que van a ser ejecutados en cámaras de gas. A último momento, Doork decide quedarse con ellos. De acuerdo con la que parece ser la única copia disponible del guion, la última escena es una cámara de gas vista de afuera; se oyen risas de los chicos mientras el payaso los entretiene en los momentos previos a su horrorosa e inminente muerte. Fin.

El resumen del argumento quizá no haya dejado en claro un importante detalle: la película es una comedia. El guion sostiene específicamente que la interpretación debe ser humorística (“played for laughs”). ¿Cómo llegó Jerry Lewis a hacer este filme, y qué pasó después?

Lewis fue contactado originalmente por el productor Nathan Wachsberger, quien le ofreció la posibilidad de protagonizar y dirigir la película. Ese ofrecimiento ya había sido rechazado por otras estrellas más sensatas, como Bobby Darin, Milton Berle, Karl Malden y Dick Van Dyke. En principio, Jerry no estaba convencido; el guion lo asustaba y llegó a proponerle al productor que contratara a un actor serio como Laurence Olivier en su lugar. Pero luego pensó que podía contribuir a narrar los horrores del Holocausto y aceptó. Como preparación para el rodaje, en 1972 visitó los campos de concentración de Auschwitz y Dachau, filmó edificios en París para tomas exteriores y solo comió pomelos por seis semanas para bajar casi 20 kilos. Según Lewis, se reunió con un hombre llamado Rolf Greiber, encargado de bajar la palanca en las cámaras de gas de un campo de concentración; Jerry quería consultarlo para que la descripción de los campos fuera precisa, pero afirmó que le llevó un mes y medio hacerse del valor suficiente para hablar con Greiber.

La filmación, que se inició en Suecia, estuvo plagada de problemas. Lewis parecía “distraído, nervioso, preocupado”, según algunos integrantes del elenco; su preocupación era el dinero, que no aparecía o aparecía demasiado tarde. El productor Wachsberger nunca fue al set; más aún, se quedó sin plata, por lo que Jerry puso dinero de su bolsillo para completar la película. Productor y director se amenazaron con juicios y, una vez terminado el filme, Lewis se lo llevó para asegurarse de que no se perdiera para siempre. Incluso anunció que lo iba a presentar en el Festival de Cannes de 1973, luego de lo cual se estrenaría en los Estados Unidos.

clown jerry lewis

Pero esto nunca sucedió. Las razones para ello varían de acuerdo con quien las formule. Algunos afirman que el filme quedó atrapado en medio de litigios internacionales, por lo que estrenarlo provocaría una catarata de acciones legales. Otros sostienen que es, redondamente, la peor película de la historia. El actor Harry Shearer (uno de los tres “Spinal Tap”) asegura que lo vio y que “en muy raras ocasiones uno se encuentra en presencia de un objeto tan perfecto; la película es tan drásticamente errónea, sus intentos de comedia tan salvajemente fuera de lugar, que es imposible mejorarla”. Shearer agregó que para Lewis “El día que el payaso lloró” era su mejor oportunidad de ganar un Oscar, y que por eso la hizo. La guionista Joan O’Brien dijo que el primer corte del filme era un “desastre”, sobre todo por los cambios que le hizo Lewis a la historia; en el guion original, el payaso era un “verdadero bastardo” y Jerry lo hizo más simpático. Su argumento, declaró O’Brien, era sobre la redención de un hombre egoísta, pero Jerry convirtió la historia en una comedia oscura chaplinesca, al estilo de “El gran dictador”.

Jerry Lewis nunca fue demasiado claro sobre las causas para no estrenar la película. En un reportaje de la revista Entertainment Weekly, sostuvo que el filme era muy malo porque él había “perdido la magia”. “Ustedes nunca la van a ver, nadie la va a ver, porque me da vergüenza el pobre trabajo que hice”, dijo. Pero cuando el periodista le dice que, a esta altura, hay solo dos posibilidades: o es el peor filme de la historia o es mejor que “Citizen Kane”, Lewis se muestra evasivo y no admite ninguna de esas opciones. Pero sí reconoce que él tiene la única copia de la obra “en una bóveda” y que el público podrá acceder a ellas recién después de su muerte. El website oficial del Museo Jerry Lewis, por su parte, comunica que el actor y director espera poder “completarla” algún día.

Lo que resulta más difícil de creer es que en más de una oportunidad se habló sobre posibles “remakes”, sobre todo luego del estreno de películas con temas similares. Una de ellas fue “La vida es bella”, del inexplicable Roberto Benigni; otra, “Jakob the Liar”, con Robin Williams, estrenada en la Argentina con el imbécil título “Una señal de esperanza”. Los planes para una nueva versión de “El día que el payaso lloró” incluyeron actores muy conocidos en el papel principal; entre ellos el mismo Williams, Richard Burton y William Hurt. En Francia, donde la adoración por Jerry Lewis no tiene límites, aseguran poseer 75 minutos de la película, y varios críticos han escrito ensayos acerca de ella. Hace relativamente poco, surgieron algunas escenas del filme en YouTube (cuándo no) pero se trata solo de pruebas de maquillaje y vestuario.

Es cierto que después de 42 años, el asombro producido por el concepto de la película no parece ser tan grande, y menos después de que “La vida es bella” ganó un Oscar. Sin embargo, el misterio sobre “El día que el payaso lloró” no ha hecho más que crecer. Tal vez algún día salga a la luz. Si esto sucede, yo ya decidí que no la voy a ver.

(Fuentes: FilmThreat, Wikipedia, Entertainment Weekly, IMDb)