Pequeñas advertencias

Politicians discussing

La foto de esta escultura dio y sigue dando vueltas en las redes sociales, siempre identificada como “Políticos discutiendo el calentamiento global” (“Politicians discussing global warming”). El artista que la creó se llama Isaac Cordal, es español, vive en Londres y se define como un artista de la calle.

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Lo curioso es que la obra no se llama así, sino que forma parte de una instalación más grande denominada “Sigue a los líderes” (“Follow the leaders”). Son pequeñas figuras de cemento dispuestas en “sombrías escenas de desintegración urbana”, que representan a los anónimos hombres de negocios que rigen el orden capitalista de nuestro planeta. “Las piezas reflejan nuestra propia decadencia”, dice Cordal, “porque vivimos el colapso de un sistema que necesita cambiar”. No es casual, entonces, que esa especie de inteligencia colectiva (o conciencia colectiva) que es Internet le haya adjudicado la referencia al calentamiento global, un recordatorio brutal de nuestro fracaso para actuar al respecto.

Cordal es un escultor al que se podría calificar de tradicional. Modela sus figuras en arcilla y después produce múltiples estatuillas en cemento; cada figura tiene entre 15 y 25 cm. El artista siente cariño por sus pequeñas obras, y estas pueden aparecer en veredas, cañerías, techos de edificios, paradas de ómnibus. Lo que hace es colocar sus obras en ámbitos urbanos de manera que armonicen con él: por eso usa cemento. Cordal fotografía sus instalaciones y luego las deja ahí para que la gente “las patee, las ignore o se las lleve”. Esta estrategia se parece bastante a las instalaciones o intervenciones publicitarias tan de moda hoy y que se documentan mediante videos y/o fotografías para que esa documentación se convierta en la misma pieza publicitaria. Como ya sostuve alguna vez, la “acción” es la idea, el video es la campaña. En el caso del escultor español, la calificación de obra de arte le corresponde a la instalación pero también a la fotografía; es esta última, después de todo, la que difunde la obra. Se podría decir que las muestras o exposiciones de Cordal consisten estrictamente en sus fotos.

hombre con tumba

El artista pretende representar el concepto de “La muerte de la distancia”, es decir, cómo las noticias globales diarias se transforman en parte de nuestro ámbito local. El trabajo que viene desarrollando hoy, y del que “Sigue a los líderes” forma parte, se llama “Eclipses de Cemento” y se postula como una crítica social. “Hay una inercia colectiva que nos hace pensar que nuestras pequeñas acciones no pueden cambiar nada; pero yo creo que cada uno puede contribuir a un cambio grande” dice el español.

libro

La iniciativa ha sido documentada en varios websites, y ya cuenta con libro propio, “Cement Eclipses: Small interventions in the big city”. Vale la pena conocer todas las obras. Y cuando caminen por cualquier ciudad grande, estén atentos: pueden tropezarse con alguna minúscula instalación de Isaac Cordal.

(Fuentes: cementeclipses.com, designboom.com)

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Contenido o incontinencia: la historia de Mark y Audrey

marc y audrey

Empezó como una conmovedora historia de amor. Mark y Audrey, una pareja de Singapur, decidieron compartir en las redes sociales su resistido romance. ¿Por qué resistido? Porque él tenía 23 años y ella 47. La aparentemente rígida sociedad singapurense no veía con buenos ojos la diferencia de edad de los tortolitos, y las primeras en protestar habían sido sus respectivas familias. Pese a esta situación, Mark y Audrey siguieron adelante y buscaron para ello el apoyo de la gente, mediante la creación de una página en Facebook y un canal en YouTube. La página se llamó “Calling out for Blessings – Spread to your friends”, algo así como “Solicitamos bendiciones – Compártanlo con sus amigos”.

Miles de personas comenzaron a seguirlos en las redes, alentándolos a persistir en su romance mediante likes, comentarios y shares. Tan grande fue el apoyo que Mark y Audrey anunciaron que se iban a casar y que su boda iba a ser transmitida en vivo online. Durante una semana fueron compartiendo sus preparativos con fotos y videos; la cantidad de fans aumentaba y también lo hacía la repercusión de la historia, no solo en las redes sociales sino también en los medios que empezaron a reproducir la movida. Hasta que llegó el día del casamiento.

El streaming en vivo comenzó con Mark subiéndose a un auto con sus padrinos, todos ya listos para ir directamente a la boda. Uno de los padrinos filmaba la situación con su cámara. De repente, Mark anuncia que olvidó algo fundamental en su habitación del hotel y que debe ir a buscarlo. Se baja del auto pero no lo vemos, porque la cámara sigue mostrando el interior del vehículo. Escuchamos un terrible sonido de frenada y un golpe fuerte y seco. Esto hace que los padrinos se bajen corriendo del auto, dejando la cámara adentro. La pantalla funde a negro y aparece una leyenda:

“En la vida ocurren cosas inesperadas. Asegurate para proteger a los tuyos.”

El video seguía con la aclaración de que la historia de Mark y Audrey era una ficción sobre “dos amantes que lucharon para estar juntos pero cuyo futuro les fue negado por un evento desafortunado”. Y cerraba diciendo que “esta campaña fue creada para destacar la incertidumbre de la vida”.

En efecto, se trataba de una campaña publicitaria. Y seguía siendo incógnita o teaser, es decir, la marca detrás de ella todavía no se revelaba; sin embargo, era sencillo adivinar que se trataba de una compañía de seguros. Pero las protestas ante la acción fueron de tal magnitud y violencia, que la empresa decidió no hacerse cargo. Y tampoco lo hizo la agencia de PR responsable de la idea: su identidad aún no ha sido dada a conocer. (Al menos eso sostienen los medios que cuentan la anécdota; a mí me resulta un poco difícil creer que nadie sepa quién hizo la acción.) La campaña “Mark & Audrey” se realizó en 2011 y hasta hace poco seguían apareciendo comentarios negativos en la página de Facebook, que finalmente fue levantada. Sucede que mucha gente se había enganchado con la historia de la pareja y fue enorme su decepción ante la revelación de que era solo una acción publicitaria y de que “Mark” y “Audrey” eran actores que interpretaban sus papeles. De hecho, la furia de los defraudados fans se dirigió también a estos actores, que denunciaron al medio Asia One que estaban siendo objetos de “hostigamiento”. La actriz que hizo de Audrey confesó estar preocupada por su seguridad y la de sus hijos, ya que recibía constantes amenazas; su preocupación se extiende a las posibles repercusiones negativas que la campaña, ya calificada como un “epic fail”, puede tener en su carrera.

La compañía de seguros y su agencia, siempre sin revelar sus nombres, postearon que “la idea era brindar una experiencia que el público perciba como real”. Una frase que a más de uno le resultará extrañamente familiar, y por una muy simple razón: aparece, de forma casi literal, cada vez que un cliente solicita “un viral”. Que la romántica y trágica historia de Mark y Audrey nos sirva de lección.

(Fuentes: Families.com, Today.com, Businesspundit.com)

Sin gracias

no thanks Cummings

El muy atractivo sitio Mental Floss, mencionado más de una vez en este modesto blog, publicó hace poco un informe sobre dedicatorias de libros que consisten más bien en insultos a personas o compañías por quienes el autor no siente ninguna simpatía. Una de estas dedicatorias me llamó la atención: es la incluida en un libro de poemas de E. E. Cummings (o “e e cummings”, como firmaba a veces) publicado en 1935.

Este escritor ya había publicado varios libros, incluyendo su única novela, “The Enormous Room”, pero se encontró en dificultades para editar este poemario llamado, no muy ingeniosamente, “70 Poemas”. Nada menos que 14 casas editoriales le rechazaron el libro. Al final, Cummings aceptó 300 dólares de su madre y con ese dinero publicó el libro a través del impresor Samuel Jacobs y su sello Golden Eagle Press.

El volumen salió pero el autor ya había decidido cambiarle el nombre: ahora se llamaba “No Thanks” porque, redondamente, no tenía nada que agradecer. No solo eso, sino que además la antidedicatoria era la lista de editores que lo habían rechazado. Cummings ordenó la lista como para que el bloque de texto pareciera una urna funeraria; esa es la curiosa y letal imagen que ilustra este post. Y es un gran ejemplo de cómo un insulto ingenioso puede ser mucho más efectivo y memorable que una furiosa pero efímera puteada. ¿O no?