“Physical Graffiti”: las ventanitas del amor

Tapa Physical Graffiti

Con la posible excepción de “Presence”, un disco durísimo, lleno de capas de guitarras y sin teclados, los discos de Led Zeppelin se caracterizan por su variedad. Rocks furiosos y blues desgarradores se alternan con canciones más dulces y tranquilas, y experimentos en otros formatos, incluyendo pasajes del llamado rock “progresivo”. Esta es, me parece, una de las causas principales de la inmensa popularidad de la banda: hay quienes adoran los rocks como “Whole Lotta Love” o “Black Dog”, y otros que aman las baladas épicas como “Stairway to Heaven” o “The Rain Song”. Desde luego, para nosotros los fanáticos Zeppelin fue la suma de todo eso y más. Y ninguno de sus discos refleja tan bien su tremendo poderío y su bella sutileza como el álbum doble “Physical Graffiti”, que fue editado hace cuarenta años, el 24 de febrero de 1975.

Se trataba de su sexto disco, y apareció dos años después que el anterior, “Houses of the Holy”. El grupo había grabado ocho canciones nuevas en Headley Grange, el lugar donde habían realizado su célebre cuarto álbum, que incluye el que tal vez sea el Lado A más extraordinario de la historia del rock. (Ese Lado A contiene “Black Dog”, “Rock and Roll”, “The Battle of Evermore” y “Stairway to Heaven”, en ese orden. Mamita.)

Las ocho canciones nuevas excedían la duración de un disco, por lo que los muchachos decidieron rescatar varias canciones que habían creado para discos anteriores, y cuya exclusión resulta a todas luces inexplicable. Parece que en medio de la grabación de esos temas, las sesiones se interrumpieron porque el bajista y tecladista John Paul Jones anunció que dejaba la banda para convertirse en el Director del Coro de la Catedral de Winchester (!). Se dice que el hombre estaba muy cansado de las incesantes giras mundiales. De todos modos, cambió de idea y volvió; terminaron esas canciones y eligieron las más viejas que tenían a su disposición para completar un disco doble, alrededor de 80 minutos de música.

Esos 80 minutos de “Physical Graffiti” tienen de todo. Es como si Led Zeppelin hubiera decidido mostrarle a todo el mundo lo que eran capaces de hacer. Sucede que la popularidad del grupo era gigantesca pero los críticos solían despreciar su música, calificándola en muchas ocasiones de “básica” y demasiado inspirada en otros artistas. En este caso, además, Zeppelin estaba lanzando su propio sello discográfico, Swan Song, en sociedad con su manager. Page, Plant, Jones y Bonham, en consecuencia, no se privaron de nada: hay rock pesado, rock progresivo, funk, rock acústico, baladas y hasta un instrumental. Tan rico y variado es el disco que incluye tanto el tema más largo de Zeppelin (“In My Time of Dying”, de once minutos) como el más corto (“Bron-Yr-Aur”, de 2:06). Entre las canciones que luego se convertirían en clásicos, la principal es la monumental “Kashmir”, pero también están “Trampled Under Foot”, “Ten Years Gone” y una de mis favoritas, “The Rover”.

La interminable creatividad del álbum empieza desde la tapa. Los dos discos venían en sobres internos adentro de una delgada caja que mostraba un edificio de Nueva York. Las ventanas del edificio estaban caladas, para mostrar imágenes que dependían de cómo uno dispusiera los sobres internos; cada uno de ellos tenía diferentes y pequeñas fotografías, entre ellas una del cantante Robert Plant vestido de mujer. Uno de los sobres tenía las letras que formaban el título del disco, que se veían a través de las ventanitas. El diseñador de la portada, Peter Corriston, recorrió toda la ciudad buscando un edificio adecuado, hasta que encontró dos, de cinco pisos cada uno, ubicados en St. Mark’s Place 96 y 98. A la foto original le hicieron varios ajustes: cortaron el quinto piso para que entre bien en el formato cuadrado; los edificios de la izquierda y la derecha los retocaron para igualar el estilo de los edificios principales; agregaron detalles a la arquitectura; quitaron parte de un balcón para que se vea mejor una ventana. El frente de la tapa es una foto diurna, el dorso es la misma foto tomada de noche. El resultado es una portada inolvidable, tanto que fue nominada para un Grammy. Increíblemente no ganó, pero su diseñador, Mike Doud, sí lo hizo en 1980 con la carátula de “Breakfast in America”, el disco de Supertramp. Unos años después, en el video del tema “Waiting on a Friend” de los Stones, Mick Jagger y Keith Richards aparecían en la puerta de estos mismos edificios.

La producción de semejante tapa no fue sencilla, y eso hizo que cuando Led Zeppelin comenzó su décima gira por los Estados Unidos, el álbum todavía no había salido. Poco importó: fue un éxito colosal; tanto que se convirtió en el primer disco que obtuvo la certificación Platino sólo con sus pedidos anticipados. Cuando apareció, arrastró consigo a todos los álbumes anteriores de la banda a las listas de los más vendidos. Por una vez, los críticos estuvieron de acuerdo. El de la revista Rolling Stone sostuvo que la obra era “Tommy”, “Beggar’s Banquet” y “Sgt. Pepper…” pero todo junto en un solo disco. Y agregó: “Este álbum es un pedido de respeto por parte de Led Zeppelin”.

Aprovechen el aniversario (y la reedición de “Physical Graffiti” con versiones inéditas de algunos temas) para asomarse a estas ventanitas. Les garantizo que, como yo, se van a enamorar.

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Groucho y el incidente del cigarro

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Entre los innumerables programas de preguntas y respuestas creados por la televisión estadounidense y luego replicados en gran parte del mundo, uno de los más recordados es “You Bet Your Life”, que en principio se emitía por radio. Su versión original y más popular era conducida nada menos que por Groucho Marx, y debutó en televisión en 1950. Durante su última temporada, 1960-61, el programa fue rebautizado como “The Groucho Show”.

Según parece, el juego en sí mismo era secundario. Lo principal eran los diálogos entre Groucho y los participantes, en los que obviamente se destacaba el ingenio y la rapidez mental del conductor. El intercambio más recordado y citado del programa, sin embargo, parece no haber sucedido nunca. Se trata del “incidente del cigarro”.

Supuestamente Groucho estaba entrevistando a una participante llamada Charlotte Story, madre de 19 hijos. Marx le preguntó por qué había elegido formar una familia tan numerosa, y la señora Story contestó “Porque amo a mi marido”. La respuesta inmediata de Groucho fue “Y yo amo a mi cigarro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca”. Siempre según la leyenda, la frase fue considerada demasiado fuerte y el programa salió al aire sin el segmento.

Muchos sostienen que la anécdota es cierta, y de hecho el matrimonio Story apareció en el programa de radio, pero el audio no revela esta frase de Groucho. Sí hay una alusión a los cigarros, pero es mucho más inocente (“Cada vez que tienen un hijo, ¿reparten cigarros a todo el mundo?”). Groucho negó haber dicho la frase, aunque su autobiografía, coescrita con Héctor Arce, confirma la historia basándose en otras fuentes. Es probable que Arce no supiera que Groucho había negado antes el hecho: el actor ya estaba grande y con serios problemas mentales.

Yo prefiero creer que Groucho dijo la frase. Y aunque alguna vez se confirme que ello no sucedió, lo voy a seguir creyendo.

Diez mil balcones y ninguna flor

Vista de Prora

Es el hotel más grande del mundo. Lo conforman ocho edificios iguales, que se extienden a lo largo de 4,5 kilómetros y están a unos 150 metros de la playa. Tiene nada menos que 10.000 habitaciones, todas con vista al mar. Y nunca tuvo un solo huésped.

Se llama Prora, y es un enorme complejo turístico construido entre 1936 y 1939 por los Nazis, como parte de su programa “Fuerza mediante la Alegría”. Prora está ubicado en la isla de Ruegen, en una extensa bahía frente al Mar Báltico, y dispone de una larga playa que convierte al lugar en la locación ideal para un hotel. El objetivo del complejo era proveer actividades recreativas para los trabajadores alemanes y, al mismo tiempo, inundarlos de propaganda Nazi. En la actualidad, los habitantes de la región se refieren a Prora como el “Coloso” debido, claro, a su estructura monumental. Durante los pocos años que llevó edificar Prora, todas las grandes empresas constructoras del Reich estuvieron involucradas en el proyecto, en el que participaron casi 9.000 trabajadores. Pero cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en 1939, la construcción se detuvo y los trabajadores fueron transferidos a fábricas de armas.

Vista aerea de Prora

Prora fue diseñado para alojar a 20.000 turistas, bajo la premisa de que todo trabajador merecía pasar sus vacaciones en la playa. Cada habitación, de 2,5 por 5 metros, debía tener vista al mar, y los pasillos y las demás instalaciones daban hacia el otro lado. Los cuartos iban a incluir dos camas, un ropero y un lavabo, mientras que los baños completos eran compartidos. Para el proyecto se realizó un concurso de diseño supervisado por Albert Speer, el arquitecto de Hitler; el ganador resultó Clemens Klotz. Prora iba ser sólo el primero de los mega resorts planeados por el programa; después se supo que Hitler quería que ese complejo fuera “el más grande y poderoso de la historia” y al mismo tiempo, que se pudiera convertir en un hospital militar en caso de guerra. El dictador insistió en que incluyera dos enormes piscinas, un cine, un teatro, y un estadio cubierto diseñado por el arquitecto Erich Putlitz con capacidad para los 20.000 huéspedes juntos. El plan original también constaba de un muelle gigantesco para barcos de pasajeros. Los ambiciosos diseños de Prora ganaron el Grand Prix en la Exposición Mundial de París de 1937.

Con la interrupción de la construcción, los ocho edificios, el teatro y el cine quedaron ahí como cáscaras vacías; las piscinas y el estadio nunca se hicieron. Durante los bombardeos aliados, mucha gente de Hamburgo se refugió en uno de los edificios; más tarde hicieron lo mismo refugiados del Este de Alemania; hacia el final de la guerra, el complejo albergó a personal femenino de la Luftwaffe. El deseo de Hitler de que Prora tuviera un propósito militar finalmente se concretó, pero recién lo hicieron los soviéticos cuando controlaron la región; a fines de la década de 1940, dos de los edificios fueron demolidos y sus restos trasladados. Pero diez años después, el ejército de Alemania Oriental los restauró. Por eso gran parte de los exteriores que hoy se ven se realizaron bajo su gestión. Luego de la creación del Ejército Nacional del Pueblo de la República Democrática Alemana en 1956, Prora pasó a ser un área militar restringida en la que se alojaron varias unidades militares.

Interior de Prora

Con la reunificación alemana, se consideró la posibilidad de demoler todo. Pero después cambiaron de opinión, al lugar le dieron carácter de monumento histórico, y comenzaron a ofrecer una exención de impuestos a los desarrolladores que quisieran hacerse cargo. No hubo suerte: parte de los edificios se siguió usando con fines militares, y otra parte para refugiar asilados de los Balcanes. Después de varias idas y venidas (que incluyeron una etapa en la que el complejo estuvo casi vacío, entregado a la decadencia y a los vándalos) los bloques comenzaron a venderse por separado para varios usos: museos, salones de exhibición, hosteles, negocios, departamentos. A fines de 2008, se aprobaron los planes para terminar de convertir a Prora en lo que siempre pretendió ser: un resort turístico. No faltaron objeciones, sin embargo. Por un lado, los lugareños se quejaron de que ya hay demasiados turistas en la zona. Por el otro, algunos afirmaron que el pasado de Prora lo hace muy inapropiado para el turismo. Aun así, en 2011 se inauguró en uno de los bloques el albergue juvenil más grande de Alemania. Desde entonces funciona con éxito. En consecuencia, ya se anunciaron planes de inversión (de hasta 100 millones de euros) para seguir renovando el complejo y usarlo para hotelería.

De los ocho edificios, hoy se están renovando cuatro, en el quinto está el albergue juvenil, y los otros tres están en ruinas. No debe ser fácil comercializarlos. Hay demasiados fantasmas dando vueltas por esos 10.000 balcones. Y ninguna flor.

(Fuentes: Wikipedia, Washington Post, Atlas Obscura)