Procter & Gamble (& Satán)

2013

Hace dos años, la consultora Landor Associates creó un nuevo logotipo para la gigantesca compañía Procter & Gamble. O, como se la conoce más popularmente, P&G. En verdad, para crear el nuevo logo le sumaron la silueta de la luna al viejo, que consistía en las letras de la marca. “Nos inspiramos en la historia de P&G”, explicaron los de Landor. “Ellos empezaron como fabricantes de jabón y velas, y el logo original de la empresa era una estrella que los trabajadores portuarios pintaban en las cajas de Star Candles para identificarlas.” El logo de P&G derivó luego en un sello que incluía la luna y varias estrellas. Estas imágenes pretendían reflejar la capacidad de P&G para tocar las vidas de sus consumidores a lo largo de las fases de sus días y sus vidas, y a través de varias generaciones. Y de hecho, la luna fue parte del logo de P&G durante 140 años.

1882

Landor Associates no explicó por qué en algún momento la luna había dejado de ser parte del logo. La razón fue el rumor (falso, me apresuro a aclarar) de que el logo de P&G es un claro signo de que la empresa apoya y practica el satanismo.

La marca original de P&G, adoptada en 1851, consistía en el llamado “hombre en la luna”. En aquel entonces, los logos de las empresas eran usualmente imágenes y no el nombre de la compañía: saber leer no era tan común como en la actualidad, por lo que las empresas recurrían a figuras memorables en lugar de texto, sobre todo cuando ofrecían diferentes productos y no uno solo. El “hombre en la luna” era simplemente un recurso decorativo muy popular en aquella época. A partir de 1882, al hombre en la luna se le diseñó una cara sonriente, y pasó a estar acompañado por trece estrellas, como homenaje a las trece colonias originales de los Estados Unidos.

logo satánico

Pero en 1930 le hicieron rulos en la melena, y esta decisión aparentemente inocua terminó por crear un escandalete muchos años después: durante la década de los 80, varios delirantes “descubrieron” cuernos escondidos en la imagen, uno arriba y otro abajo, y un triple 6 en la barba del tipo. También comenzó a circular el rumor de que conectando las 13 estrellas volvía a aparecer el demoníaco número 666. P&G, en consecuencia, decidió sacarle los rulos a la figura en 1991.

1991

En la década de los 90, sin embargo, los rumores no sólo no desaparecieron sino que se acrecentaron. Ahora se aseguraba que el CEO de P&G se había presentado en varios programas de televisión para confesar redondamente que era miembro de la Iglesia de Satán (Church of Satan), que su compañía apoyaba sus creencias y que, encima, realizaba donaciones tan frecuentes como sustanciales a esa iglesia. Los programas donde supuestamente había estado el CEO eran los llamados “talk shows” norteamericanos, entre otros los de los conductores Phil Donahue, Jenny Jones y Sally Jesse Raphael. Esta última salió a desmentir la locura, con el muy razonable argumento de que si el rumor fuera cierto, su programa se habría convertido en el más visto de la historia. P&G le hizo un juicio civil a su competidora Amway, acusándolos de haber sido ellos los culpables de diseminar el rumor en 1995. (El juicio lo ganaron. Clarito, ¿no?)

2003

Hartos ya de lidiar con estas cuestiones, en P&G decidieron cambiar el logo de forma radical. Y en 1995 presentaron su nueva identidad, consistente en las dos iniciales de la marca. Como quedó dicho al principio, en 2013 volvieron a agregar la silueta de la luna. ¿Faltará mucho para que se vuelva a hablar de satanismo?

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La maldición de “Blade Runner”

Blade Runner Coca Cola

Siempre se ha hablado de “maldiciones” que rodean a determinadas películas, en general de terror. Hay quienes atribuyen a una maldición el hecho de que Linda Blair, la protagonista de “El Exorcista”, no haya podido construir una carrera en Hollywood (el motivo real es que no era muy buena actriz); otros cuentan que durante la filmación de esa película sucedieron cosas raras e imposibles de explicar a menos que se recurra a la presencia del mismísimo demonio. Están los que sostienen que la pequeña actriz de “Poltergeist” y sus secuelas, Heather O’Rourke, murió debido a las fuerzas sobrenaturales descritas en la película (en realidad murió por la Enfermedad de Crohn, una inflamación crónica del intestino). En definitiva, cuando se habla de una película “maldita”, se alude a quienes la hicieron –tanto actores como equipo técnico– o a quienes la vieron.

La maldición de “Blade Runner” es otra cosa. Como todos saben, o deberían saber, no es una película de terror sino un thriller de ciencia ficción que se hizo en 1982 pero transcurre en 2019. Y la leyenda de la Maldición asegura que todas o casi todas las marcas cuyos logos se ven en el filme tuvieron problemas; en algunos casos, esos problemas fueron tan serios que terminaron en su desaparición. Es curioso: la presencia de estas marcas se debía a su inmensa popularidad en aquel entonces; popularidad que, según “Blade Runner”, seguiría vigente casi 40 años después. En la mayoría de los casos, no fue así.

Atari, por ejemplo, de presencia prominente en el filme, era el líder indiscutido en el mercado de los videojuegos en 1982, pero al año siguiente la industria sufrió un gran retroceso; en la década de 1990, Atari ya casi no existía como empresa. Dos marcas, Pan Am y Cuisinart, se declararon en bancarrota menos de 10 años después de su “placement” en la película. Cuisinart lo hizo en 1989, aunque sobrevive hoy con nuevos dueños. Pan Am quebró en 1991 luego de una década de enormes pérdidas durante la cual, encima, sufrió el ataque terrorista de su vuelo 103. El mismo año del estreno de la película, el monopolio que ejercía la empresa Bell System fue desarmado, y como resultado todas las operaciones Bell regionales cambiaron sus nombres y se fusionaron entre sí y con otras empresas para crear AT&T. La compañía RCA, en aquella época un verdadero coloso de la industria electrónica y de comunicaciones, fue comprada y desmantelada por General Electric. La KOSS Corporation, cuyo logo aparece al principio del filme, padeció la Maldición muchos años después, cuando en 2010 se descubrió que su Director Financiero los había desfalcado por 34 millones de dólares. El caso de Coca-Cola es singular: muy poco tiempo después de aparecer en “Blade Runner”, en 1985, la marca presentó su New Coke, el fracaso más estrepitoso en la larga historia de la empresa. Sin embargo, poco después Coca-Cola se recuperó de sus pérdidas y volvió a ganar el mercado que se le había escapado.

¿Hay alguna marca a la que le haya ido bien después de figurar en “Blade Runner”? Sí: se trata de la cerveza Tsingtao, una de cuyas botellas compra en la calle Deckard, el personaje de Harrison Ford. El producto es una cerveza china real que se elabora desde 1903, y a pesar de la Maldición de “Blade Runner”, sigue estando entre las más vendidas de su país.

Hace muy poco, la Maldición parece haber excedido los límites de las marcas para alcanzar a su protagonista. Se anunció que Harrison Ford iba a participar en la demorada secuela de la película y, casi de inmediato, el actor casi se mata piloteando su propio avión. Es una estupidez creer en esta clase de leyendas, desde luego. Pero está muy bien usar a la Maldición como excusa para volver a ver esa maravillosa e irrepetible película que es “Blade Runner”.

El espíritu de la escalera

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En su reciente libro “Kassel no invita a la lógica”, el escritor español Enrique Vila-Matas se refiere a una circunstancia que he padecido en innumerables ocasiones –me atrevo a suponer que nos ha sucedido y nos sigue sucediendo a todos. Se trata de aquellas situaciones en las que alguien nos dice algo que merece una réplica ingeniosa, inmediata y contundente, pero esa réplica se nos ocurre después, cuando ya es fatalmente tarde.

Vila-Matas cuenta que los franceses tienen un nombre para esos momentos: “l’esprit de l’escalier”, esto es, “el espíritu de la escalera”. La denominación se debe a que “cuando uno encuentra la respuesta correcta, esta no sirve porque ya estás bajando la escalera y la réplica ingeniosa deberías haberla dado antes, cuando estabas arriba”. El barcelonés define a esta situación, de manera muy acertada, como un tormento. Es importante señalar que en francés “esprit” no sólo quiere decir “espíritu” sino también “ingenio”, y es así como debería traducirse la expresión, ya que esta fue creada por el filósofo Denis Diderot en su obra “La paradoja del comediante”, durante el siglo 18, y en aquella época la acepción principal de “esprit” era, justamente, “ingenio”. La escalera a la que aludía Diderot era la tribuna de oradores, que suelen encontrar su más ingeniosa argumentación cuando ya están bajando del estrado. Es entonces, continúa el filósofo, cuando se frustran, se lamentan y hasta se sienten culpables.

Otro filósofo, Jean-Jacques Rousseau, reconocía su angustia al encontrarse en una de esas situaciones, y dijo sobre sí mismo que por eso era mejor en “conversaciones por correo”. De modo más pedestre o no, la serie “Seinfeld” incluyó un episodio llamado “The Comeback” (“La Respuesta”) en el que a George Costanza se le ocurre una réplica tan ingeniosa y ofensiva como el comentario denigrante que acaba de recibir de un compañero de trabajo. Cuando su compañero es trasladado a otra ciudad, la obsesión de George lo lleva a esa ciudad para poder contestarle. Obvio: ya es demasiado tarde.

Es inevitable cerrar este breve informe con una alusión a mi profesión de publicitario. Con mucha frecuencia se me han ocurrido maneras de defender un trabajo ante la descalificación del cliente. Y se me han ocurrido tarde: no necesariamente en una escalera, sino también en un ascensor, en un taxi, o ya de vuelta en la agencia. Desde luego, si la réplica ingeniosa hubiera aparecido en el momento adecuado, es decir, durante la reunión, el mismo cliente habría encontrado otra manera de descartar la idea, y otra más, hasta llegar al terminante “no me gusta”. Y contra ese argumento, no hay espíritu de la escalera que valga.