No debe ser fácil dormirse en este hotel

Motel 1

Se llama, de manera bastante obvia, Clown Motel, y está en el estado de Nevada, EE.UU. Debe su nombre a que, por alguna razón, toda su decoración consiste en payasos de todos los tamaños, clases y colores. El Clown Motel se especializa en atender a motociclistas y camioneros que atraviesan el aparentemente interminable desierto de Nevada. Las miradas de sus decenas de payasos no deben ser sencillas de soportar, pero sin embargo el hotel se las ha arreglado para subsistir por muchos años, tal vez gracias a que funciona como una especie de (terrorífico) oasis en medio del desierto. Aunque tampoco ayuda su cercanía con el Cementerio de Tonopah, que guarda los restos de mineros locales.

Motel 2

En definitiva, este hotel las tiene todas en contra. Pero lo peor, sin duda, son los payasos. Según el sitio Atlas Obscura, desde el momento en que los viajeros ingresan, se topan con figuras de payasos de tamaño natural, sentados en sillas y acunando payasos más pequeños en sus brazos. La fiesta sigue: los estantes y bibliotecas están cubiertos de muñecos, estatuas y cuadros, siempre de payasos. Además, y como si esto fuera poco, hay animales embalsamados.

Motel 3

Lo más curioso es que el Clown Motel no ha producido historias ni leyendas urbanas, ni comunes ni horroríficas. ¿Será, como afirman algunos, que nadie ha salido vivo como para contarlas? No se sabe. Pero con tal de no alojarme allí, hasta soy capaz de ir en carpa.

(Fuente: Atlas Obscura)

La persistencia del logo de Chupa Chups

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Las golosinas Chupa Chups son una verdadera institución en España, y también son conocidas en otros países. La historia de su creación es genial, pero más genial aún es el origen de su logo, diseñado por Salvador Dalí. Sí, el mismísimo Dalí.

Los Chupa Chups surgieron de uno de los primeros estudios de mercado realizados en España. Los chicos disfrutaban caramelos y dulces de varias formas y colores, y se los metían y sacaban de la boca constantemente. El obvio resultado era que siempre se manchaban las manos y la ropa, por lo que, según la investigación, los padres odiaban con fervor los caramelos. En 1958, el confitero Enric Bernat tuvo una idea brillante para superar este escollo: poner el caramelo en un palito.

El siguiente paso fue nombrar el producto. Al principio sus creadores relacionaron la forma redonda del caramelo y el hecho de que entrara en la boca como esta si fuera un arco; lo llamaron, en consecuencia, “Gol”. Pero el nombre no les pareció muy atractivo por lo que contrataron una agencia de publicidad (era hora) para que propusiera opciones. La ganadora fue “Chups”, y se popularizó rápidamente gracias a un pegadizo jingle creado por la agencia que impuso la frase “chupa Chups”.

Todavía faltaba un detalle: un logo. Una imagen que representara el estilo alegre de la marca y que, al mismo tiempo, fuera universal. De acuerdo con la leyenda, el mismo Enric Bernat fue a Figueres en 1969 a encargarle el trabajo al ya muy célebre Salvador Dalí. El artista se puso a garabatear logos sobre hojas de periódicos que tenía, y en menos de una hora tenía la imagen con la tipografía en rojo sobre fondo amarillo y su hoy clásica forma de flor. Se dice que fue el mismo Dalí quien sugirió que el logotipo se ubicara en la parte superior del chupetín y no al costado, de manera que siempre se lo pudiera ver intacto. El logo de Chupa Chups sigue siendo hoy muy similar al creado por el pintor catalán, excepto por la intensidad de los colores, que se incrementó en su último rediseño en 1988.

Chupa Chups logo

¿Por qué aceptó el encargo Dalí? Si bien no se sabe la cifra exacta que cobró, sí se supone que fue astronómica, y esta parece ser la razón. Muchos afirman que el artista no solía rechazar propuestas que incluyeran un pago suculento. Es más, el poeta surrealista André Breton lo llamaba “Avida Dollars”: un ingenioso anagrama del nombre Salvador Dalí que, desde luego, se traduce como “ávido de dólares”. En todo caso, el dinero que pagó Chupa Chups no fue malgastado. Hoy, el ícono creado por Dalí sigue siendo la imagen de la marca. Y esta puede alardear con el hecho de que su logo lo hizo Dalí. No hay muchas otras que puedan decir lo mismo, ¿no?

(Fuentes: Muy Interesante; graffica.info, chupachups.es; fastcodesign.com)

El aviso que le complicó la vida a Heidi

Heidi Yeh Ad

En 2012, la modelo taiwanesa Heidi Yeh posó para una fotografía que iba a aparecer en un anuncio de una clínica de cirugía estética. La foto mostraba a una pareja muy atractiva físicamente (la modelo, obviamente, era la madre) junto con sus tres hijos; los chicos no se les parecían en nada y, además, eran mucho menos atractivos gracias a un minucioso trabajo de Photoshop. El aviso cerraba con la frase:

“Después de tu cirugía plástica, lo único que te va a preocupar es tener que explicarles a tus hijos.”

La idea del aviso estaba basada en una leyenda urbana cuya falsedad fue luego demostrada. De acuerdo con esa leyenda de 2004, un chino llamado Jian Feng le inició un juicio a su esposa por haberle ocultado que se había hecho una cirugía plástica antes de conocerlo; según el mito, Feng se dio cuenta porque sus hijos no se parecían en nada a la madre. Es más, eran feos.

Los problemas para Heidi comenzaron cuando el aviso con su foto, como era de esperarse, se viralizó en redes sociales, ya que los usuarios recordaron la (insisto: falsa) historia del chino y llegaron a sostener que quien había protagonizado esa historia no era otra que Heidi. Después, y como no podía ser de otra manera, llegaron los memes. “El día que me sacaron la foto, yo sabía de qué se trataba el anuncio, pero me aseguraron que solo iba a aparecer en una revista”, dice Heidi, “pero luego lo usaron en Internet y empezaron a surgir historias inventadas sobre mí”. Mucha gente creyó esas historias, incluyendo a la familia de la modelo y a la familia de su prometido; ambas le preguntaron una y otra vez si se había hecho una cirugía.

Heidi le contó a la BBC que desde que la foto se hizo viral, está teniendo muchos inconvenientes para conseguir trabajo, pese a que antes del episodio había realizado grandes campañas para, por ejemplo, Kentucky Fried Chicken, y también había aparecido en varios videos musicales. No solo eso: además sostiene que tiene problemas para dormir y sufre de accesos de llanto. Por eso le hizo juicio a la agencia JWT, reclamando alrededor de 154.000 dólares por los daños causados. Ella afirma que el contrato original establecía que el aviso solo iba a ser usado en gráfica. La agencia, a su vez, le hizo juicio por falso testimonio.

“No soporto ver esa foto”, dice la modelo, “y espero que no aparezca nunca más”. Perdón, Heidi. Te prometemos que esta es la última vez.

(Fuentes: marketingdirecto.com, blogs.smoda.elpais.com, techinsider.io)

La publicidad y el Síndrome de Stendhal

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Henri Beyle fue un escritor francés del siglo 19, que firmaba con el célebre seudónimo Stendhal. Se lo conoce principalmente por dos obras: “Rojo y negro” (1830) y “La cartuja de Parma” (1839). Pero también se lo conoce por un episodio muy particular de su vida.

Resulta que en 1817 Stendhal visitó la Basílica de Santa Croce, en la bella ciudad de Florencia, Italia. En ese lugar, donde están enterrados Maquiavelo, Miguel Ángel y Galileo, Stendhal contempló, entre otras maravillas, frescos del artista renacentista Giotto. El escritor publicó luego sus sensaciones en el libro “Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio”. Escribió Stendhal: “Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”.

Parece que hay varios casos de gente que ha sufrido vértigos, desmayos y confusión en medio de sus recorridos por Florencia (la ciudad es, en sí, toda una obra de arte), especialmente en la Galleria degli Uffizi, pero esto recién fue descripto como un síndrome en 1979. La psiquiatra italiana Graziella Magherini observó y relató más de 100 casos similares en Florencia y definió al malestar como “Síndrome de Stendhal”; también se lo conoce como “Síndrome de Florencia”. Y tiene puntos en común con otros fenómenos: el Síndrome de París, que sufren algunos turistas que visitan la ciudad por primera vez, al darse cuenta de que es muy diferente de la versión idealizada que ellos tenían; y el Síndrome de Jerusalén, durante el cual los que visitan esa ciudad padecen obsesiones y alucinaciones relacionadas con la religión.

Stendhal

Según la doctora Magherini, los síntomas del Síndrome de Stendhal no solo incluyen ansiedad, mareos y ataques de pánico, sino además, y en algunos casos extremos, episodios psicóticos. Casi siempre estos síntomas afectan a personas emotivas y sensibles, en general solteras, de entre 26 y 40 años, estresados por su reciente viaje, y que se pusieron a ver todo el arte que podían en sus escasos días de visita en Florencia. ¿Y por qué Florencia? Magherini afirma que se debe a la presencia de muchísimo arte del Renacimiento, y que esta corriente produjo obras tan bellas como famosas, pero que al mismo tiempo incluyen detalles más oscuros y perturbadores; el arte florentino provoca sentimientos subconscientes y recuerdos en los espectadores sensibles, quienes, luego de unos días de descanso o ya de regreso en sus hogares, se recuperan por completo.

Como tal vez hayan notado, el título de este artículo menciona a la publicidad. Qué tendrá que ver nuestra profesión con el sublime arte renacentista, se preguntarán ustedes. Quizás no tenga que ver con el arte, pero sí con el posible estrés que produce encontrarse con una enorme cantidad de piezas publicitarias, todas juntas y en un solo lugar. Esto es lo que puede suceder en un festival publicitario, y en particular en el más importante: Cannes. Yo he tenido la fortuna de asistir al Festival, y les aseguro que, si bien no sufrí mareos ni alucinaciones, la sensación de recorrer la exposición de finalistas es abrumadora. Esto pasa principalmente con las gráficas, todas ellas hermosamente impresas en gran tamaño, con lujosas fotografías, excelentes ilustraciones y, casi siempre, maravillosas ideas, truchas o no. Pero también existe la posibilidad de que nos asalte el Síndrome mientras vemos videos de casos exitosos (publicitarios, directos, promocionales, digitales, etc.): decenas, centenas, miles de breves películas a las que hay que prestar atención para entender y apreciar la acción descripta y, sobre todo, aprender lo que podamos para hacer luego nuestras propias campañas y presentaciones.

Seguramente habrá algún caso de Síndrome de Stendhal (o de París, ya que estamos) entre aquellos que integran los diversos jurados: tienen que ver todos los entries de cada categoría en pocos días y, peor todavía, calificarlos. Si revisamos la descripción que hizo la doctora Magherini de los afectados por el Síndrome, nos damos cuenta de que la italiana bien podría estar describiendo a los asistentes al Festival: personas emotivas y sensibles, en general solteras, de entre 26 y 40 años, estresados por su reciente viaje, y que se pusieron a ver todo la publicidad que podían en sus escasos días de visita en Cannes.

Si conocen algún caso de esta clase de malestar en algún festival publicitario, sería bueno que lo compartan. Así definimos la dolencia de la única manera posible: el Síndrome de Cannes.

Buscando un símbolo de paz

Peace Gerald Holtom

Hay símbolos, íconos o imágenes que parecen haber estado entre nosotros desde el mismo origen de los tiempos. Sin embargo, y aunque suene increíble, esto no es así: alguien los pensó, los diseñó, los difundió. Uno de estos casos, tal vez el más representativo, es el archiconocido símbolo mundial de la paz. Al menos así se lo conoce en gran parte del planeta, porque en Gran Bretaña representa el desarme nuclear, que no es exactamente lo mismo.

En cualquier caso, el creador del símbolo fue el británico Gerald Holtom (1914-1985). El tipo era diseñador, y fue objetor de conciencia durante la Segunda Guerra Mundial. Luego del conflicto, lamentó la gran proliferación de armas nucleares, y su frustración lo llevó a diseñar una imagen que funcionara como símbolo mundial de la paz. El debut del ícono se produjo en 1958, durante una marcha organizada por el Direct Action Committee Against Nuclear War. Interrogado sobre su idea, Holtom declaró:

“Estaba desesperado. Profundamente desesperado. Me dibujé a mí mismo: representé a un individuo desesperado, con las palmas de las manos hacia abajo y hacia afuera. Le di forma al diseño con una línea y lo cerré con un círculo.”

Originalmente Holtom pensó usar la cruz cristiana dentro de un círculo como motivo de la marcha, pero lo consultó con varios sacerdotes y estos le dijeron que no se sentían del todo cómodos con una cruz encabezando una protesta, por lo que el diseñador tomó otro camino. El Comité antes mencionado ya estaba planeando la que iba a ser la primera gran marcha antinuclear, desde Londres hasta Aldermaston, donde se fabricaban las armas nucleares británicas. Y allí, durante la Pascua de 1958, se estrenó el símbolo: produjeron 500 carteles con palos para sostenerlos; la mitad en blanco y negro, y la otra mitad en blanco sobre verde. Los primeros distintivos se hicieron con pintura negra sobre arcilla blanca, y esto también era un símbolo ya que una nota adjunta explicaba que, en caso de una guerra nuclear, estos objetos estarían entre los pocos artefactos humanos sobrevivientes.

Algunos afirman que el símbolo es mucho más antiguo, y lo asocian con el ocultismo anticristiano. En Sudáfrica, cuando mandaba el apartheid, hubo intentos oficiales de prohibirlo; varios grupos de la derecha fundamentalista estadounidense lo asocian con el satanismo y lo califican de símbolo del comunismo. De todos modos, Holtom explicó de manera muy clara el origen del símbolo, y sus primeros bocetos se exponen hoy en la Commonweal Collection de la Universidad de Bradford; la imagen es uno de ellos.

Un detalle muy significativo es que el símbolo de la paz nunca fue inscripto como marca registrada, es decir, no tiene copyright. Nadie necesita pedir permiso para usarlo: es gratis para todos. En más de una ocasión el movimiento pacifista y antinuclear ha estado en desacuerdo con los usos inapropiados del símbolo (por ejemplo, aplicaciones comerciales, publicitarias, en artículos de moda, etc.) pero ellos mismos aseguran que, de todos modos, no tienen la menor intención de registrarlo; a lo sumo, piden una donación a aquellos que lo usan comercialmente.

Ahora que ya conocemos el origen del símbolo de la paz, usémoslo bien.

(Fuentes: cnduk.org, wikipedia)

Las palabras tienen significados

villa11114

En un reciente monólogo, Jerry Seinfeld expresó su indignación gritando la frase del título.

Se refería al mal uso de la palabra “agujero”, pero eso no viene al caso.

A mí me interesó la frase por sus implicancias y sus consecuencias, en particular por un tema de incesante actualidad en la Argentina: las villas.

Nótese que uso el término más común utilizado hoy para definir esas barriadas precarias. Villas, así, a secas.

Antes no era así.

Antes las llamábamos “villas miseria”, una expresión bastante precisa para describir lo que allí se veía.

Pero en algún momento, a alguien se le debe haber ocurrido eliminar la palabra “miseria”, ya que sonaba demasiado fuerte, ¿no?

La palabra “miseria” estigmatiza. Lastima.

Entonces les empezamos a decir “villas de emergencia”.

Pero esto trajo otro problema.

Si hablamos de “emergencia”, aludimos a un problema que hay que solucionar de inmediato; es un problema pasajero cuyo arreglo ya está en marcha.

Y no es así.

Por supuesto que no es así.

¿Qué hacemos entonces?

Dos cosas.

Primero: les decimos “villas”, nomás. Es una linda palabra, que evoca hermosas casas italianas y bellas localidades turísticas. Suena bien.

Segundo: les reconocemos una supuesta “cultura villera”, construida con humildad y esperanza, y de la que puedan sentirse orgullosos.

¿Por qué hacemos esto?

Fácil: si logramos que se sientan orgullosos de vivir en una villa, ya no tenemos que hacer lo necesario para mejorar su situación.

Y nos quedamos tranquilos, sin problemas de conciencia.

Total, los villeros están bien ahí.

Están contentos con su cultura villera.

Y nosotros estamos contentos porque ya no tenemos ninguna responsabilidad para con ellos.

Solo la de mirarlos desde adentro de nuestro auto con una mezcla de temor y piedad, mientras aceleramos para rajar de la zona lo más rápido posible.

Las palabras tienen significados.

Aunque a veces las usemos sin darnos cuenta.