Usamos desodorantes gracias a (o por culpa de) la publicidad

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Todos tenemos incorporado el ritual del desodorante. Lo usamos una vez al día y, si la jornada ha sido particularmente dura, más veces hasta lograr disimular el aroma a hipopótamo.

Pero esto no fue siempre así: de hecho, el concepto de aplicarse productos químicos en las axilas tiene su origen a comienzos del siglo 20. Antes, la transpiración era considerada algo típico de los seres humanos. Y conversar sobre el tema en público era visto como un signo de mala educación.

Hasta que llegó Edna Murphey, una mujer cuyo padre, que era cirujano, desarrolló un producto que mantenía sus manos secas durante las operaciones quirúrgicas. Edna descubrió que el producto, aplicado en las axilas, también servía para prevenir la transpiración. Entonces lo embotelló y lo llamó Odorono a partir de la frase en inglés: “Odor? Oh no!”. (Impresionante.)

Sin embargo, Murphey se encontró con un problema: la gente no entendía por qué de repente tenían que suprimir su transpiración, algo que jamás habían hecho antes. Por otra parte, Odorono era muy fuerte; tanto, que prevenía el sudor por tres días. Muchos pensaron que un producto capaz de lograr eso no podía de ninguna manera ser saludable. Encima, el ingrediente activo de Odorono tenía que ser suspendido en un ácido que podía provocar irritación en las axilas. Edna tuvo entonces la suerte de conocer a un tal James Young, publicista y vendedor de Biblias a domicilio. El encargo que le hizo a Young fue muy simple: conseguir que las mujeres se avergonzaran de su transpiración.

Lo primero que hizo Young fue, desde luego, lanzar una campaña publicitaria masiva, que describía a la transpiración como una condición médica que necesitaba cura. Luego, creó la idea de que si alguien sudaba en público, todos iban a murmurar a sus espaldas. En la década de 1930, con la Gran Depresión estadounidense preocupando a todo el mundo, los avisos de Odorono llegaron a afirmar que si uno tenía olor a transpiración en la oficina podía llegar a perder su trabajo.

Gracias al trabajo de Young, Odorono pasó de ser algo que nadie quería a ser un producto imprescindible. Hoy todos seguimos usando toda clase de desodorantes en toda clase de formatos y aplicaciones. Y gracias a la publicidad, que es, en realidad, lo que más nos hace transpirar.

(Fuente: Cracked.com)