La única palabra prohibida en Star Trek

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Se viene “Star Trek: Discovery”, una nueva serie basada en la mitología Star Trek, y es una excelente excusa para recordar algunas de las ideas del creador de la saga, Gene Roddenberry.

El hombre planteó algunas reglas para el universo que inauguró la serie original: sostuvo que las tripulaciones debían ser diversas en cuanto a su etnicidad (de hecho, la “Star Trek” original incluyó el primer beso interracial de la televisión estadounidense), que los personajes no debían interferir con otras culturas, y que no debía haber conflictos personales serios a bordo de la nave.

Y había otra regla, incluso más revolucionaria para la época del estreno: la palabra “Dios” nunca debía ser mencionada en el programa. La idea de Roddenberry era que en el siglo 23, la civilización estaría basada en la ciencia y por lo tanto la religión básicamente no existiría. Esta regla no solo significaba que la religión no formaría parte de las historias, sino que hasta estaba prohibido decir frases casuales como “Ay, Dios”, o “Por el amor de Dios”. Si alguno de los actores improvisaba alguna de esas expresiones, se cortaba la escena.

Curiosamente, algunas de las películas con la tripulación original no siguieron esta regla al pie de la letra; cuando Kirk hace explotar el Enterprise le dice a McCoy: “My God, Bones, what have I done?” Y el quinto filme de la serie, la muy floja “Star Trek V: The Final Frontier”, directamente se trata de la búsqueda de Dios, o de quienes ellos suponen que es Dios (no, no lo es).

Los creadores de la nueva serie no prometen adherir con fidelidad a estas reglas de Roddenberry, en particular la de que no haya conflictos entre los tripulantes. Veremos si siguen el resto de las premisas, incluyendo la palabra prohibida.

(Fuentes: Mental Floss, Entertainment Weekly)

Usamos desodorantes gracias a (o por culpa de) la publicidad

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Todos tenemos incorporado el ritual del desodorante. Lo usamos una vez al día y, si la jornada ha sido particularmente dura, más veces hasta lograr disimular el aroma a hipopótamo.

Pero esto no fue siempre así: de hecho, el concepto de aplicarse productos químicos en las axilas tiene su origen a comienzos del siglo 20. Antes, la transpiración era considerada algo típico de los seres humanos. Y conversar sobre el tema en público era visto como un signo de mala educación.

Hasta que llegó Edna Murphey, una mujer cuyo padre, que era cirujano, desarrolló un producto que mantenía sus manos secas durante las operaciones quirúrgicas. Edna descubrió que el producto, aplicado en las axilas, también servía para prevenir la transpiración. Entonces lo embotelló y lo llamó Odorono a partir de la frase en inglés: “Odor? Oh no!”. (Impresionante.)

Sin embargo, Murphey se encontró con un problema: la gente no entendía por qué de repente tenían que suprimir su transpiración, algo que jamás habían hecho antes. Por otra parte, Odorono era muy fuerte; tanto, que prevenía el sudor por tres días. Muchos pensaron que un producto capaz de lograr eso no podía de ninguna manera ser saludable. Encima, el ingrediente activo de Odorono tenía que ser suspendido en un ácido que podía provocar irritación en las axilas. Edna tuvo entonces la suerte de conocer a un tal James Young, publicista y vendedor de Biblias a domicilio. El encargo que le hizo a Young fue muy simple: conseguir que las mujeres se avergonzaran de su transpiración.

Lo primero que hizo Young fue, desde luego, lanzar una campaña publicitaria masiva, que describía a la transpiración como una condición médica que necesitaba cura. Luego, creó la idea de que si alguien sudaba en público, todos iban a murmurar a sus espaldas. En la década de 1930, con la Gran Depresión estadounidense preocupando a todo el mundo, los avisos de Odorono llegaron a afirmar que si uno tenía olor a transpiración en la oficina podía llegar a perder su trabajo.

Gracias al trabajo de Young, Odorono pasó de ser algo que nadie quería a ser un producto imprescindible. Hoy todos seguimos usando toda clase de desodorantes en toda clase de formatos y aplicaciones. Y gracias a la publicidad, que es, en realidad, lo que más nos hace transpirar.

(Fuente: Cracked.com)

Datos al Cubo

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Ninguno de estos datos resulta útil a la hora de resolver un Cubo de Rubik, ese artefacto que a tantos de nosotros ha desvelado y desvela desde que se inventó en 1974. Y quien lo inventó se llama, lógicamente, Rubik. Más precisamente Erno Rubik, un húngaro que lo definió como “una pieza de arte”. Desde entonces, se han vendido más de 350 millones de Cubos de Rubik, por lo que el sitio Mental Floss lo define como uno de los trabajos creativos más reconocibles de la historia humana.

Comparto datos interesantes sobre este… ¿juguete? Están medio desordenados: como corresponde, quienes deben ordenarlos son ustedes.

  • Se llamaba el “Cubo Mágico”

En 1974, Erno Rubik tenía 30 años y era profesor de arquitectura en Hungría cuando se le ocurrió la idea de construir un juego basado en la geometría que ayudara a sus alumnos a entender las relaciones espaciales. Los primeros prototipos estaban hechos con bloques de madera, hasta que se juntó con un fabricante de juguetes y logró distribuir los primeros Cubos. En 1980 el Cubo fue comprado por la Ideal Toy Maker, y la empresa lo denominó Cubo de Rubik porque pensaban que la palabra “Mágico” remitía a hechicería.

  • Rubik no es muy bueno para resolver su propio Cubo

El inventor del Cubo de Rubik admitió que cuando inventó el artefacto, le llevó más de un mes resolverlo. Después de mucha práctica mejoró su tiempo pero jamás pudo hacerlo en menos de un minuto; hoy, los mejores jugadores tratan de resolverlo en menos de 10 segundos.

  • Las posibles combinaciones

El Cubo tiene seis lados que representan nueve bloques: anaranjado, amarillo, verde, rojo, blanco y azul. Hay 43.000.000.000.000.000.000 posibles configuraciones del Cubo.

  • La estrategia de un chico de 12 años

A principios de la década de los 80, Patrick Bossert, de 12 años, escribió un libro con una estrategia para resolver el juego, “You can do the Cube”, que vendió más de 750.000 ejemplares. El chico lo escribió para sus amigos, pero uno de ellos se lo mostró al padre, que era editor, y este decidió sacarlo a la venta.

  • Diamantes al Cubo

En 1995, y para celebrar el 15º aniversario del Cubo, la empresa Diamond Cutters International creó un Cubo de Rubik (que funcionaba) hecho con 185 quilates de diamantes; cada uno de estos Cubos costaba un millón de dólares. Además, crearon 2.500 Cubos hechos de plata, cada uno de los cuales costaba 2.000 dólares.

  • Un movimiento artístico: ¿Cubismo?

Y sí, se llamó así: el Cubismo de Rubik. Consistía en usar Cubos ya resueltos para crear mosaicos y reproducir obras de arte clásico. En 2009 Josh Chalom recreó “La Última Cena”, de Leonardo, usando más de 4.000 Cubos. Luego hizo “La Mano de Dios” de Miguel Ángel, con más de 12.000 Cubos (la obra pesaba una tonelada).

  • El tamaño importa

El coleccionista Tony Fisher obtuvo un récord mundial Guinness al construir el Cubo más grande del planeta: aproximadamente un metro y medio. En YouTube hay un video de Fisher resolviéndolo.

  • Will Smith ayudó a hacerlo popular otra vez

Las ventas del Cubo de Rubik nunca tuvieron una verdadera caída, pero sí experimentaron un fuerte crecimiento cuando el Cubo apareció en la película “The Pursuit of Happyness”: allí el personaje de Will Smith lo resolvía con mucha rapidez para demostrar su poder mental. En 2008, las ventas del Cubo alcanzaron su tope con 15 millones de unidades vendidas en todo el mundo.

  • Hubo un dibujo animado sobre el Cubo

En 1983 se hicieron 13 episodios de la serie animada “Rubik, the amazing Cube”. El Cubo tenía piernas, cara y habilidades mágicas. La música de la serie fue creada por el grupo Menudo.

  • El récord más peligroso

Hay muchos récords relacionados con el Cubo pero este es curioso –y peligroso. En 2003, un tal Dan Knights lo resolvió luego de tirarse de un avión a 4.000 metros de altura. Knights tenía 45 segundos para resolverlo antes de tener que abrir su paracaídas, y lo logró en 32 segundos.

  • Con manos y sin manos

El récord mundial para resolver un Cubo de Rubik lo posee Lucas Etter, de 14 años: en noviembre de 2015 lo hizo en 4,9 segundos. Y lo hizo con sus manos. Hay otro récord y lo posee Jakub Kipa, quien resolvió el Cubo en 20,57 segundos usando solo sus pies.

  • A ciegas

Chan Hon Lik, de solo 7 años, resolvió un Cubo con los ojos vendados en 2016. Primero memorizó la ubicación de las piezas y luego se vendó los ojos para no ver el Cubo en movimiento. Le llevó 2 minutos y 21 segundos.

  • Los robots son mejores para resolverlo

En 2014, los ingenieros David Gilday y Mike Dobson construyeron un robot capaz de resolver el Cubo de Rubik. Y lo hicieron con Legos y un celular Galaxy S4. El robot solucionó el Cubo en 3,253 segundos. Pero hay otro robot, más convencional, que lo hace más rápido: lo desarrollaron dos fanáticos de Kansas, y es capaz de resolver el Cubo en 1,2 segundos.

(Fuente: Mental Floss)

La conexión Tarantino-Scorsese

scorsese y tarantino

Existe más de una conexión en la singular obra de estos dos directores estadounidenses, pero esta es buenísima, sobre todo porque relaciona dos de sus mejores películas: “Taxi Driver” de Scorsese y “Pulp Fiction” de Tarantino. La primera es una dura, violenta y extraordinaria película del gran Scorsese protagonizada por Robert DeNiro, Jodie Foster, Harvey Keitel y Cybil Shepherd, entre otros. Entre sus muchas secuencias memorables, a mí siempre me fascinó aquella en la que Travis (DeNiro) le compra armas a un tipo en la habitación de un hotel. Es la única escena en la que aparece el personaje del vendedor, Easy Andy, y es inolvidable.

Una de las razones es que el actor que interpreta a Andy no es actor. Se llamaba Steve Prince y era esa clase de tipo: vendedor, estafador, y además amigo de Scorsese. El director estaba tan encantado con este personaje, que hizo un documental sobre él en 1978, llamado “American Boy”, en el que relataba las experiencias de Prince. El documental nunca se estrenó oficialmente pero sí se pasó extraoficialmente en algunos cines, y circularon videos piratas con la película (hoy está en YouTube). Pocas personas la vieron, pero una de ellas fue Quentin Tarantino. Y una de las historias que cuenta Prince le quedó grabada en la memoria.

Prince relata que fue a comprar heroína a la casa de un dealer, y la chica que estaba con él sufrió una sobredosis, por lo que tuvieron que inyectarle adrenalina directamente en el corazón. ¿Les resulta familiar la escena? Por supuesto: la escena aparece paso a paso en “Pulp Fiction”, recreada por John Travolta y Uma Thurman. Si ven el documental de Scorsese se van a dar cuenta de que la recreación de Tarantino es tremendamente fiel a lo que narra Prince.

Existe una especie de secuela de aquel documental llamada “American Prince”, que se hizo en 2009 y la dirigió un tal Tommy Pallotta. En esta secuela, Prince recuerda su vida en los años 70 y habla sobre la escena de “Pulp Fiction” que, digamos, lo “homenajea”. Todo esto está hoy disponible en algún lugar de Internet. Si son fans de estos dos directores como yo (sobre todo de Scorsese) no se lo pierdan.

(Fuente: filmschoolrejects.com)

Para Windows los juegos son más que juegos

microsoft solitaire

El Solitario, el Buscaminas, Hearts y FreeCell son juegos que cualquier usuario de Windows ha jugado en algún momento. Incluso los usuarios de Apple lo hemos hecho. Pero la realidad es que Microsoft no los diseñó para nuestro entretenimiento, sino que cada uno de estos juegos tuvo un propósito específico.

El más antiguo de ellos, el Solitario, apareció en el Windows 3.0 en 1990. El juego en sí tuvo su origen a fines del siglo 18. La intención de su versión digital fue incrementar la destreza en el manejo del mouse: hacer que para los usuarios, el hoy habitual “drag and drop” (arrastrar y soltar) fuera tan natural como para hacerlo sin pensar. Que hoy lo sigamos haciendo demuestra que la estrategia fue exitosa.

La versión 3.1 de Windows presentó el Buscaminas, un juego que ya era conocido en los años 60 y 70. Microsoft lo incorporó para introducir la idea del clic izquierdo y derecho, y para aumentar la velocidad y precisión en los movimientos del mouse. En cambio, el juego Hearts, que se presentó en el Windows for Workgroups (la primera versión de Windows lista para conectarse en red) fue la manera de hacer que la gente se interesara en las capacidades del nuevo sistema para integrarse en una red. Por su parte, el juego FreeCell se creó para testear un subsistema de procesamiento de datos. Si este subsistema no estaba correctamente instalado, FreeCell no funcionaba. Es decir que, mientras pensábamos que estábamos jugando, en realidad estábamos testeando software.

Desde luego, nada de esto explica la persistencia de estos juegos, sino que la razón es más simple: la gente se divierte mucho jugándolos. Cada vez que Microsoft intentó sacar alguno de estos juegos de sus nuevos sistemas, los usuarios es enfurecieron. Finalmente, en 2012 Microsoft sacó todos los juegos de Windows 8: los usuarios podían bajárselos por separado, pero si los querían sin anuncios publicitarios debían pagar aparte. Con la aparición de Windows 10, volvió el Solitario; si se buscan los otros juegos, aparecen resultados de búsqueda de la Windows Store. Lo cual muy probablemente sea intencional para que la gente se acostumbre a usar la tienda. ¿O no?

(Fuente: Mental Floss)

Los 11 dibujos animados censurados de la Warner

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Tal como lo indica el título, existen 11 cortos animados de las series Looney Tunes y Merrie Melodies (uno de ellos protagonizado por Bugs Bunny) que fueron retirados de circulación en 1968 y nunca más pasados en televisión. Tampoco han sido editados en video, y Ted Turner, dueño de Cartoon Network, juró que nunca los iba a mostrar.

¿Cuál es la razón de esto? Simple: racismo. Los chistes racistas en estos cortos son tan frecuentes e insultantes, que resultaría imposible cortarlos, lo que sí se ha hecho con otros cortos a los que se les quitaron personajes ofensivos. Pero en estos casos no se puede. Por ejemplo, un corto de 1937 llamado “Clean Pastures” está ambientado en un sector del Paraíso destinado a los negros: una especie de San Pedro negro está preocupado porque no muchos negros llegan al Cielo, por lo que envía un ángel negro medio tonto a la Tierra. El ángel se para en el medio de Harlem y les ofrece a los morochos comida, viajes y sandías (que los negros comen sandías y pollo frito es uno de los estereotipos racistas de los EE.UU.). Finalmente quienes convencen a los negros son un grupo de ángeles que haven jazz, y todos los negros se van al Cielo, por lo que uno supone que se murieron al mismo tiempo.

Otro corto se llama “The Isle of Pingo Pongo” y es una parodia de un documental en la que descubren una isla tropical donde los nativos tocan una música “primitiva y salvaje”. Es jazz, desde luego. El corto de Bugs Bunny se llama “All This and Rabbit Stew” y consiste, como casi siempre, en el conejo evitando ser cazado; pero en este caso el cazador es una combinación de estereotipos afroamericanos. Lo más ofensivo, aseguran, es la voz del personaje.

Si bien los cortos no se pasan en TV ni se editan en otros formatos, sí están disponibles en YouTube y parece que son muy populares. Si les picó la curiosidad, véanlos allí, y se darán cuenta de por qué están censurados.

(Fuente: Cracked.com)

“Esta, señor, es mi renuncia”

At Home In Oxford

Hay muchas historias de artistas famosos que en algún momento ejercieron un trabajo aburrido y rutinario, hasta que decidieron dejarlo para perseguir sus sueños y, en general, alcanzarlos (de otro modo no se habría conocido su historia, ¿no?). Entre esos artistas hay varios escritores: Herman Melville, por ejemplo, fue inspector de aduanas en Nueva York, y tanto Walt Disney como Charles Bukowski trabajaron en el correo.

Otro célebre escritor que trabajó en un correo fue William Faulkner, y sobre él trata esta nota. El hombre abandonó la Universidad de Mississippi en 1920 y empezó a desempeñarse como su jefe de correo. No era bueno en su tarea; se la pasaba jugando a las cartas, componiendo poemas y bebiendo. Según el escritor y editor Bill Peschel, Faulkner abría el correo cuando se le daba la gana y lo cerraba con frecuencia para irse a cazar o a jugar al golf. Tiraba a la basura lo que él consideraba innecesario, como folletos publicitarios y circulares universitarias, lo que hizo que una publicación estudiantil creara un slogan para su servicio: “El correo, siempre a destiempo”.

Con bastante lógica, sus jefes tenían pensado despedirlo. Faulkner se la veía venir, por lo que decidió renunciar antes de que lo echaran. Y compuso una carta de renuncia tan breve como dramática:

“Mientras viva bajo el sistema capitalista, sé que mi vida será dirigida por las exigencias de la gente de dinero. Pero jamás estaré a las órdenes de cualquier sinvergüenza itinerante que tenga dos centavos para invertir en una estampilla de correo. Esta, señor, es mi renuncia.”

Como tantos otros cuyo trabajo diario era tedioso y poco inspirador, Faulkner consagró el resto de su vida a escribir ficción. (Irónicamente, muchos años después se emitiría una estampilla dedicada a él.) Y también como tantos otros, cuando ya era famoso contó la historia de su renuncia con cierta exageración, llegando incluso a cambiarle el texto. El mismo Peschel asegura que Faulkner declaró haber enviado este texto:

“Reconozco que estaré bajo las órdenes de gente de dinero durante toda mi vida, pero gracias a Dios nunca estaré a las órdenes de cualquier hijo de puta con dos centavos para comprar una estampilla.”

Esta segunda versión no solo es más contundente e insultante, sino que además muestra que el tipo había estado practicando la escritura. Si alguno de ustedes se encuentra en un trabajo así y desea renunciar, siéntanse libres de usar las palabras de William Faulkner.

(Fuentes: Letters of Note, Open Culture)