El Coffee Break existe gracias a la publicidad

coffee break

Aclaración muy necesaria: una cosa es la costumbre del “Coffee Break” y otra es la denominación de “Coffee Break”, hoy usada en casi todo el mundo.

Según parece, la costumbre de interrumpir el trabajo durante unos minutos (10, 15, 20) se originó a fines del siglo 19 en Stoughton, Wisconsin, EE.UU., debido a que trabajadoras inmigrantes noruegas se tomaban un descanso matinal y otro vespertino para ir a sus casas y atender a sus hijos. En esas interrupciones, aprovechaban y comían algo ligero o se tomaban un café. Hoy, esa ciudad celebra todos los años el Stoughton Coffee Break Festival.

Sin embargo, hay dos empresas de Nueva York que también se adjudican la implementación de la costumbre. Declaran que a principios del siglo 20 permitían a sus empleados un descanso del trabajo y les daban un café de cortesía. En definitiva, el “Coffee Break” fue solo un aspecto de los importantes cambios sociales que se estaban dando en el ámbito laboral: al mismo tiempo, se establecían el salario mínimo y la actividad sindical, entre otros beneficios.

De todos modos, el ritual y su actual denominación se hicieron costumbre en las empresas estadounidenses recién en 1952, cuando se lanzó una campaña publicitaria del Pan-American Coffee Bureau. El titular de esa campaña incluía la expresión: “Give Yourself a Coffee-Break – and Get What Coffee Gives to You” (algo así como “Date a vos mismo una pausa de café – y obtené lo que el café te da”). Años después, en 1964, el tema casi desata una huelga de los United Auto Workers que exigían en sus contratos un Coffee Break diario de 15 minutos. Hoy, en estados como California, la ley obliga a las empresas a otorgar esos breaks a todos sus empleados. Ya desde la Segunda Guerra Mundial, según afirmaba la revista Time en 1951, “los Coffee Breaks se incorporaban en los contratos gremiales”.

Es sabido que en nuestra profesión el Coffee Break no solo es muy común, sino que a veces ocupa casi toda la jornada. Y está bien que así sea. Después de todo, el nombre lo inventamos nosotros.

(Fuentes: rogersfamilyco.com; wikipedia)

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Perdiendo el juicio

God by Crumb

Si bien hay muchas personas que suelen quejarse de su mala fortuna con la blasfema frase “me cago en Dios”, hay algunos que han ido más allá. Un extraordinario ejemplo de esto es Ernie Chambers, senador estatal por Nebraska, en Estados Unidos, que en 2007 le hizo juicio a Dios.

En su acción legal, Chambers pedía una orden de restricción permanente contra Dios, a quien culpaba de haber causado varios desastres naturales. La demanda también acusaba a Dios del crimen de no detener “amenazas terroristas”. Chambers declaraba que él había intentado contactar a Dios en varias ocasiones para hablarle sobre estos temas, pero que no había tenido éxito. El senador dejó bien claro que no esperaba ganar el juicio pero que entablaba la demanda para instalar un debate acerca de las demandas frívolas. Lo más impresionante fue el argumento del juzgado para desestimar el juicio: Dios no tenía una dirección fija donde enviarle los papeles de la demanda. Esto no es casual, ya que si bien la notificación de juicio parece algo técnico y menor, es también una garantía de la constitución estadounidense de que a uno no le van a hacer juicio sin que lo sepa.

El caso de Chambers no es el único. En 1971, un tipo llamado Gerald Mayo intentó demandar a Satán y a todo su equipo por poner obstáculos en su camino y causarle pena. El litigio de Mayo fue descartado por las mismas razones que el de Chambers: no había cómo notificar al Diablo.

Las demandas contra Dios no son exclusivas de los Estados Unidos. En 2007, un rumano que estaba preso por asesinato le hizo juicio a Dios por no protegerlo de la influencia del demonio, pero la demanda fue desestimada porque la ley rumana no ve a Dios como una persona. Y en 2016, un abogado del estado de Bihar, en la India, pretendió enjuiciar al dios hindú Rama; el pleito fue rechazado porque la corte consideró que no era “práctico”.

En fin, no parece sencillo hacerle juicio a Dios. De hecho, parece que aquellos que lo hicieron ya habían perdido el juicio antes de empezar.

(Fuente: Atlas Obscura; ilustración de R. Crumb)

El curioso origen de Cisco (y de su logo)

Cisco_logo

Si bien casi todos los logos de las grandes empresas tienen una historia interesante detrás, el caso de Cisco es diferente. Porque no la historia no solo es sobre el logo sino sobre el mismísimo nombre de la compañía.

Como todos saben, Cisco Systems es una empresa global con sede en San José, California, Estados Unidos. Se dedica principalmente a la fabricación, venta, mantenimiento y consultoría de equipos de telecomunicaciones. La cantidad de productos y servicios que provee es demasiado grande como para consignarla aquí. Mejor hablemos de su origen.

Fue fundada en 1984 por el matrimonio compuesto por Leonard Bosack y Sandra Lerner; ambos trabajaban en el sector de computación de la Universidad de Stanford. El nombre de la empresa proviene de la ciudad de San Francisco, donde ellos vivían. Según cuentan, estaban pensando en cómo denominar a su flamante compañía y miraron por la ventana en busca de inspiración.

Afuera había un cartel con el nombre de la ciudad pero un árbol se interponía por lo que solo se veía el final de la palabra: Cisco. En ese momento decidieron llamar así a su emprendimiento. Y el origen del nombre también dictó el diseño de su logotipo, que representa el Puente Golden Gate, uno de los íconos de la ciudad.

Debo confesar que hasta no conocer esta historia, nunca había visto el puente en el logo de la empresa. Ahora, desde luego, no puedo dejar de verlo.

(Fuente: Wikipedia)

El curioso slogan original de la Real Academia Española

RAE

Todos sabemos, o deberíamos saber, qué es la Real Academia Española (RAE), esa institución que aprueba nuevas palabras todo el tiempo y que tanto nos ayuda cuando no recordamos cómo se escribe algún término. Lo que no muchos saben es que la Academia nació con un slogan (o “eslogan” según el Diccionario Panhispánico de Dudas, que edita la Real Academia). Y que ese slogan es bastante extraño. Veamos.

La Real Academia Española se creó en Madrid en 1713, por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, también su primer director. El 6 de julio de ese año se celebró la primera sesión oficial de la nueva corporación en la casa del fundador. Luego, el 3 de octubre de 1714, su constitución fue aprobada oficialmente a través de una real cédula del rey Felipe V.

Dos años después de su creación, la RAE evaluó una serie de propuestas para decidir su lema, que no solo debía tener una frase sino también una imagen. Un isologo, bah. La decisión se tomó en una votación secreta y eligieron un crisol acompañado por la leyenda “Limpia, fija y da esplendor”.

crisol RAE

Sí, ese es su slogan. Como ya habrán notado, parece mucho más apropiado para una campaña publicitaria de productos de limpieza. Los estatutos vigentes de la RAE, aprobados en 1993, declaran con bastante más lógica que el objetivo de la Academia es “velar por que la lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad”. Muy bonito. Pero no nos hará olvidar que, en sus orígenes, la Real Academia Española casi que se definió como un detergente.

(Fuente: rae.es)

La historia de una tapa legendaria

houses-of-the-holy

Es una de las tapas de disco más icónicas y misteriosas de la década de 1970 y de toda la historia del rock: la tapa de “Houses of the Holy”, el quinto álbum de Led Zeppelin y el primero con un nombre propiamente dicho. La imagen consiste en un grupo de niños desnudos y de cabellos dorados trepando en un paisaje bastante apocalíptico hacia… ¿qué? No se sabe. ¿Formaban parte de un culto, era un homenaje a la película de ciencia ficción “Village of the damned”, tenía algún significado oculto para el guitarrista Jimmy Page, famoso por esa clase de aficiones…?

La tapa fue creada por el célebre estudio de diseño Hipgnosis, que también realizó trabajos para Pink Floyd, Yes y Peter Gabriel, entre otros, y se produjo en Giant’s Causeway, en Irlanda del Norte, un área repleta de columnas de basalto, resultado de antiguas erupciones volcánicas. El diseñador de la tapa, Aubrey Powell, declaró que estaba basada en la novela “El fin de la infancia” de Arthur C. Clarke, en la que cientos de millones de niños se reúnen para ser transportados al espacio.

Hay un dato curioso sobre la fotografía: mucha gente supone que era un grupo numeroso de niños, pero en realidad solo eran dos chicos llamados Stefan y Samantha Gates, un hermano y una hermana, que fueron fotografiados durante diez días al amanecer y en el crepúsculo. Pese a otra creencia popular, los chicos no tenían pelucas sino que ese era su cabello real. Stefan, que en aquel entonces tenía solo 5 años, contó mucho después que cuando era pequeño le encantaba estar desnudo y que por eso no le importó que lo fotografiaran así (!).

Powell cuenta que durante las tomas llovió diez días seguidos, y que todas las fotos se hicieron en blanco y negro; él pretendía que todos los niños fueran dorados y plateados, pero las imágenes quedaron demasiado blancas, por lo que las retocaron con aerógrafo. Un error del artista hizo que los cuerpos de los chicos tuvieran un ligero color violeta, y a Powell le gustó tanto que esa fue la imagen final.

Stefan Gates declaró en 2007 que hasta ese momento nunca había escuchado el álbum de Zeppelin y que siempre sintió que en la tapa había algo siniestro. Si ustedes lo escucharon, ya saben que en alguna de las canciones esto es cierto (“No Quarter”, por ejemplo). Y si no lo escucharon, los invito a hacerlo: para mí no es lo mejor de Led Zeppelin, pero es un disco arriesgado, variado, ambicioso. Cualquier cosa me cuentan.

(Fuente: Dangerous Minds)

El cuestionario Proust

lipton

Cualquiera que haya visto alguna vez el programa “Inside the Actors Studio”, debe tener como una de sus partes favoritas el cuestionario que el conductor James Lipton hace a sus invitados al final de cada emisión.

Lipton suele aclarar que ese cuestionario fue creado por el periodista francés Bernard Pivot pero, según parece, esto no es exactamente así, sino que las preguntas se las hicieron al escritor Marcel Proust, conocido por su kilométrica obra “En busca del tiempo perdido”. A fines del siglo 19, era muy común en las familias inglesas responder preguntas que revelaran los gustos y aspiraciones de una persona. Una amiga de Proust llamada Antoinette le hizo contestar las preguntas en un álbum de confesiones titulado “An Album to Record Thoughts, Feelings, etc.”; Proust respondió el cuestionario dos veces: la primera en inglés, en 1885 o 1886, y la segunda en francés alrededor de 1892. Las preguntas eran las siguientes:

  1. ¿Cuál es el aspecto principal de tu personalidad?
  2. ¿Cuáles son tus cualidades favoritas en un hombre?
  3. ¿Cuáles son tus cualidades favoritas en una mujer?
  4. ¿Qué es lo que más aprecias en tus amigos?
  5. ¿Cuál es tu principal defecto?
  6. ¿Cuál es tu ocupación favorita?
  7. ¿Cuál es tu idea de la felicidad?
  8. ¿Cuál es tu idea de la desgracia?
  9. Si no fueras tú, ¿quién te gustaría ser?
  10. ¿Dónde te gustaría vivir?
  11. ¿Tu color favorito?
  12. ¿Tu flor favorita?
  13. ¿Tu pájaro favorito?
  14. ¿Quiénes son tus escritores favoritos en prosa?
  15. ¿Tus poetas favoritos?
  16. ¿Cuáles son tus héroes de ficción favoritos?
  17. ¿Y tus heroínas?
  18. ¿Quiénes son tus pintores y músicos favoritos?

En su programa “Apostrophes”, el francés Pivot formula este cuestionario a sus escritores invitados para revelar datos sobre su trabajo y su personalidad. Inspirado por Pivot, Lipton usa una versión adaptada y abreviada del cuestionario, pero con bastantes diferencias:

  1. ¿Cuál es tu palabra favorita?
  2. ¿Cuál es tu palabra menos favorita?
  3. ¿Qué te excita?
  4. ¿Qué te desagrada?
  5. ¿Qué sonido o ruido amas?
  6. ¿Qué sonido o ruido odias?
  7. ¿Cuál es tu mala palabra favorita?
  8. ¿Qué profesión que no sea la tuya te gustaría probar?
  9. ¿Qué profesión no te gustaría realizar?
  10. Si el Paraíso existe, ¿qué te gustaría que te diga Dios cuando llegues?

Elijan la versión que deseen (o las dos) y respondan el cuestionario. Les aseguro que es tan entretenido como revelador.

El Lobby feroz

willard hotel

Hace poco escribí un breve artículo sobre el origen de la palabra “deadline” y hoy es el turno de otra palabrita muy usada en nuestra profesión. En este caso, el término es “lobby”, esa maniobra o serie de maniobras diseñadas y ejecutadas para influenciar a una o varias personas.

La historia tiene que ver con el hotel Willard, un célebre establecimiento ubicado a dos cuadras de la Casa Blanca, en Washington. Esa ubicación privilegiada ha hecho que muchos famosos se hayan hospedado allí, entre ellos Abraham Lincoln, Mark Twain, Walt Whitman, Charles Dickens y Martin Luther King. Ya desde la década de 1860, el Willard era lugar de reunión para cientos de clientes que llenaban su enorme bar y salón comedor, y se llenaban de pescado, ostras, venado y champagne. Uno de ellos era Lincoln, que se reunía en el Willard con un detective privado para evaluar posibles intentos de asesinato -esas reuniones fueron un fracaso, como se sabe.

Pero el origen de la palabra se debe al también presidente de los Estados Unidos Ulysses S. Grant (entre 1869 y 1877), quien, según se dice, pasaba tanto tiempo en el lobby del hotel bebiendo brandy, que aquellos que deseaban un favor de él lo iban a buscar allí. Por eso el término “lobbyst” en aquel país, luego popularizado en todo el mundo.

El hotel original fue construido en 1816, pero su estructura actual de 12 pisos se realizó en 1901 y fue renovada en la década de 1980, con lo que retornó a su antigua gloria. Hoy, el lobby y el bar están abiertos al público. Así que ya saben: si desean o necesitan hacer lobby por algo, no hay mejor lugar que el hotel Willard en Washington.

(Fuente: Atlas Obscura)