Reivindicación de los lunes

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Una parte importante de los memes que circulan por ahí se dedica a defenestrar a los lunes y a celebrar la llegada de cada viernes como si se tratara de una entrada gratuita al Paraíso. Hasta cierto punto es comprensible: después de una semana agotadora (casi todas lo son) el viernes es una meta a partir de la cual se disfrutan las múltiples felicidades del fin de semana. Y el lunes interrumpe esas felicidades para dar comienzo a otros cinco días que, en algunas ocasiones, parecen 50.

Pero yo, personalmente, considero que este amor desaforado al viernes y este odio incontenible al lunes son exagerados. Esto no significa que se deba amar el lunes y detestar el viernes, para nada. Solo afirmo que, la verdad, si tanto odiás volver a tu trabajo los lunes, tal vez no estés en el trabajo correcto. Hay una frase atribuida a Confucio (no sé si realmente es de él; probablemente no) según la cual “si trabajas de lo que te gusta, no trabajarás un solo día de tu vida”. Suena razonable, aunque yo detesto este tipo de frases con aires de autoayuda porque, en general, desprecian los contextos de cada situación y suponen que el cambio solo depende de la voluntad personal. Si fuera tan sencillo conseguir trabajo de lo que a cada uno le gusta, todo el mundo lo haría, y no es así. Lo mismo sucede con los trabajos insatisfactorios: no es fácil largar todo a la mierda y buscar otro trabajo, así como no es fácil “elegir disfrutar” o cualquiera sea el slogan actual de las gaseosas más famosas.

Aun siendo consciente de estas dificultades, insisto con que celebrar la llegada de cada viernes como si fuera un Edén de frecuencia semanal es una exageración. No es que a mí me gusten los lunes; lo que me gusta es mi trabajo: soy uno de esos privilegiados que pueden hacer lo que les gusta todos los días (hábiles y a veces torpes). Lo contrario sería admitir que de cada siete días, hay cinco en los que uno la pasa muy mal. No parece una manera conveniente de vivir.

Así que fíjense un poquito en cuáles son las razones por las que detestan los lunes con un fervor digno de mejor causa. A lo mejor empiezan a apreciarlos un poco más, o al menos hacen algo por cambiar la situación. Por más que, insisto, no dependa solo de ustedes.

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7 tips para leer más libros

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Austin Kleon es escritor: publicó un libro llamado “Steal Like an Artist: 10 Things Nobody Told You About Being Creative”. Pero además ha compartido en Twitter nada menos que 7 tips para lograr leer más libros, tarea nada fácil en esta época de distracciones constantes.

Cada uno aprovechará estos tips como más le convenga, pero lo cierto es que al mismo Kleon le sirvieron. El hombre consiguió leer la friolera de 70 libros el año pasado. Los tips son estos. El primero no debería resultar sorpresivo, pero aun así resulta un poco brutal.

  1. Tirar el celular al océano.
  2. Hacer un presupuesto: comprar solo libros que uno quiera leer, y hacer una pila con ellos de modo de verla todos los días (concurrir a una biblioteca también es bueno, desde luego).
  3. Llevar un libro con uno todo el tiempo.
  4. Si no estamos disfrutando un libro o no estamos aprendiendo de él, dejar de leerlo de inmediato. Arrojarlo a la otra punta de la habitación es muy bueno para cortar la relación con el libro.
  5. Leer una hora diaria de no ficción (durante el viaje al trabajo o en el almuerzo).
  6. Irse a la cama una hora más temprano y leer ficción (ayuda a conciliar el sueño).
  7. Escribir sobre los libros leídos y compartirlo con otros; ellos recomendarán nuevos libros para leer.

¿Qué les parece? ¿Ya están poniendo en práctica alguno de estos tips?

(Fuente: @austinkleon)

La empresa que le dijo NO a “Star Wars” (y así le fue)

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Casi nadie recuerda hoy a The Mego Corporation, pero fue el fabricante número uno de “action figures”, esos atractivos muñecos coleccionables basados en personajes de cine, TV, cómics, etc. La compañía se fundó en 1954 pero en los años 70 cambió su dirección y se hizo famosa por sus figuras con partes intercambiables; entre ellas, superhéroes de Marvel y DC, y la línea de “Micronautas”. Los juguetes medían 20 centímetros, estaban realizados en tela, y el 60% de ellos se fabricaba en Hong Kong.

Los directores de Mego se dieron cuenta del mercado que tenían a su disposición y comenzaron a asegurarse los derechos de series y películas: El Planeta de los Simios, Star Trek, El Mago de Oz, Tarzán, entre otras. Las primeras dos probaron ser las más populares, e inspiraron el crecimiento de Mego y de la industria en general. La empresa era conocida por las lujosas fiestas en las que presentaba sus nuevos productos, sobre todo por aquella en la que debutó la muñeca de Cher, la más vendida en los EE.UU. en 1976.

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Entonces llegó Star Wars. La opción lógica para los responsables de la película era acudir a Mego para que realicen los juguetes. Pero el presidente de la empresa, David Abrams, dijo que no.

Dijo que no.

Su argumento fue que “si Mego se ponía a hacer juguetes para cada película de ciencia ficción clase B que se estrenara, la empresa iba a terminar en bancarrota”.

Al principio esta decisión no pareció tener consecuencias para Mego, porque la línea de los Micronautas se vendía muy bien. Pero, desde luego, Star Wars se convirtió en un éxito descomunal y sus juguetes comenzaron a venderse de manera increíble. La empresa encargada de fabricarlos fue Hasbro, que hizo las figuras más pequeñas (poco más de 10 cm) y totalmente de plástico; este método se transformó en el estándar de la industria. Ahí fue cuando Mego se percató de su error de apreciación, e intentó repararlo metiéndose en todos los proyectos de ciencia ficción que encontrara, incluyendo “Moonraker” (de James Bond), “Buck Rogers en el Siglo 25”, “The Black Hole”, “Star Trek: The Motion Picture” y “Logan’s Run” (conocida en español como “Fuga en el Siglo 23”). Las figuras de Mego eran de mejor calidad que las de Hasbro, pero ninguna de esas películas fue tan exitosa; peor aún, “The Black Hole” fue un fracaso resonante.

Los de Mego, desesperados, empezaron a invertir en electrónica ya que pensaban que era el futuro de los juguetes, pero las “action figures” siguieron y siguen dominando las preferencias de los chicos, por lo que las inversiones no fueron redituables. Finalmente, la compañía presentó la quiebra en 1982 y desapareció al año siguiente. Aunque en realidad no desapareció del todo: hoy existe un Mego Museum, que expone los clásicos juguetes, y la llamada Mego Meet, una convención anual de coleccionistas.

Según dicen, una oportunidad es lo único que parece más grande a medida que se aleja. El caso de Mego es el mejor ejemplo de que esta expresión es cierta.

(Fuentes: oneperfectshotdb.com, Wikipedia)

Epifanía

kafka

El sitio mexicano de publicidad Roastbrief editó un libro llamado Roastbook, que incluye varias colaboraciones escritas por mí. Por eso me mandaron un ejemplar de regalo, con todos los gastos pagos hasta mi casa.

Un par de semanas después de ello recibí un telegrama en el que me notificaban que debía concurrir a ese horroroso edificio de la Aduana que está atrás de Retiro. Mi libro estaba allí, me avisaban, y no solo tenía que ir a buscarlo sino que además debía pagar: 50 pesos más 10 pesos por cada día “en depósito”. También debía completar un formulario en la página de la AFIP, imprimirlo y llevarlo junto con el telegrama y el dinero. El formulario es tan sencillo que la AFIP creó un tutorial para ayudar a llenarlo y hay “gestores” que lo completan por la módica suma de 50 pesos.

Todo esto, por si no quedó claro, para tener en mi poder un (1) libro que me mandaron de regalo.

Y allá fui a buscarlo. Apenas llegué al mugriento edificio, advertí que había unas 400 personas adentro, y que formaban 5 o 6 filas para distintas ventanillas. Las filas se cruzaban entre sí, provocando discusiones, gritos, peleas. El señor de la entrada me dijo que debía firmar el telegrama, sacar número, formar una fila en la que había al menos 100 personas, luego otra fila cuya función desconozco, y finalmente esperar al fondo, donde había 300 personas más; allí me llamarían para darme mi libro. La demora aproximada, me informó el señor, era de unas 4 horas y media.

En ese momento tuve una epifanía: la vida es demasiado corta. Entonces rompí en varios pedazos el telegrama, el formulario y el numerito, y los arrojé al aire. Dos o tres aplaudieron, la gran mayoría me ignoró y hubo alguno que murmuró “no es para tanto”.

Yo creo, en cambio, que sí es para tanto. Que la vida es demasiado corta para perder 4 horas en un infierno kafkiano y pagar por un regalo que me hicieron. Más aún: empiezo a creer que la vida es demasiado corta para vivirla en la Argentina.

Las palabras tienen significados

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En un reciente monólogo, Jerry Seinfeld expresó su indignación gritando la frase del título.

Se refería al mal uso de la palabra “agujero”, pero eso no viene al caso.

A mí me interesó la frase por sus implicancias y sus consecuencias, en particular por un tema de incesante actualidad en la Argentina: las villas.

Nótese que uso el término más común utilizado hoy para definir esas barriadas precarias. Villas, así, a secas.

Antes no era así.

Antes las llamábamos “villas miseria”, una expresión bastante precisa para describir lo que allí se veía.

Pero en algún momento, a alguien se le debe haber ocurrido eliminar la palabra “miseria”, ya que sonaba demasiado fuerte, ¿no?

La palabra “miseria” estigmatiza. Lastima.

Entonces les empezamos a decir “villas de emergencia”.

Pero esto trajo otro problema.

Si hablamos de “emergencia”, aludimos a un problema que hay que solucionar de inmediato; es un problema pasajero cuyo arreglo ya está en marcha.

Y no es así.

Por supuesto que no es así.

¿Qué hacemos entonces?

Dos cosas.

Primero: les decimos “villas”, nomás. Es una linda palabra, que evoca hermosas casas italianas y bellas localidades turísticas. Suena bien.

Segundo: les reconocemos una supuesta “cultura villera”, construida con humildad y esperanza, y de la que puedan sentirse orgullosos.

¿Por qué hacemos esto?

Fácil: si logramos que se sientan orgullosos de vivir en una villa, ya no tenemos que hacer lo necesario para mejorar su situación.

Y nos quedamos tranquilos, sin problemas de conciencia.

Total, los villeros están bien ahí.

Están contentos con su cultura villera.

Y nosotros estamos contentos porque ya no tenemos ninguna responsabilidad para con ellos.

Solo la de mirarlos desde adentro de nuestro auto con una mezcla de temor y piedad, mientras aceleramos para rajar de la zona lo más rápido posible.

Las palabras tienen significados.

Aunque a veces las usemos sin darnos cuenta.

Un aporte interesado

En un aviso involuntariamente gracioso, la empresa Edesur declara que las “molestias” actuales son “producto de una situación climática extraordinaria”. El aviso parece sugerir que la situación los ha tomado por sorpresa; que no suponían que algo así podía suceder. Vivo en Villa Devoto, Ciudad de Buenos Aires; de los últimos nueve días, tuvimos energía eléctrica durante uno y medio. Esto significa que con mi familia hemos sufrido y estamos sufriendo bastantes de estas “molestias”. Me gustaría no volver a pasar por esta situación dentro de un año y, de ser posible, nunca más.

Por eso, me permito advertir a los responsables de Edesur (y Edenor) y a los funcionarios cuya tarea es “supervisar” y “controlar” a estas empresas, acerca de unas cuantas sospechas que tengo, para que estén un poco más prevenidos el año que viene. No soy adivino, pero creo que estas predicciones tienen bases muy sólidas:

• En diciembre de 2014 va a hacer mucho calor. Las temperaturas superarán los 30° y se mantendrán allí arriba por varios días.

• Habrá alertas amarillas, alertas naranjas, alertas rojas, “Alerta Máxima” y peinados con Alerta. La gente se va a poner muy nerviosa porque deberá hacer compras de Navidad en medio del calor, que será intenso.

• Casas, empresas y oficinas públicas usarán mucho sus acondicionadores de aire. Estos gastarán mucha energía eléctrica. Lo mismo sucederá con ventiladores y heladeras.

• Debido a que, según sospecho, va a hacer mucho calor, se producirán cortes de energía. Casas, edificios, barrios enteros quedarán a oscuras. En los edificios altos, las personas mayores quedarán atrapadas sin luz y sin agua. Los vecinos solidarios les alcanzarán botellas y palanganas llenas del líquido elemento.

• Algunas personas protestarán por la falta de luz. Puede haber cortes de calles, avenidas y autopistas. La gente se pondrá aún más nerviosa y habrá estallidos de violencia. Cuidado.

• El call center de las empresas de energía eléctrica adoptará un lenguaje único. Los empleados serán instruidos acerca de las palabras a utilizar, y el término seleccionado será “contingencia”, es decir, algo que puede o no suceder. Cada reclamo será respondido con esta palabra.

• Funcionarios encargados de controlar a las empresas de servicios sostendrán que la falta de suministro se debe a que el país está creciendo a pasos agigantados. Otros funcionarios mostrarán las cifras del récord de consumo a manera de carta de triunfo. Otros funcionarios contarán, alborozados, que también se cortó la luz en un barrio de San Francisco, en uno en las afueras de París, y en otro de Brisbane. Otros funcionarios se recluirán en sus frescas residencias sin hacer declaraciones.

• A partir del comienzo de 2015, el consumo en la ciudad ya no será tan alto porque mucha gente se irá de vacaciones (el destino más elegido será la costa). Ya no habrá tantos cortes de energía, pero el problema no desaparecerá del todo.

Personas de Edesur, Edenor y gobiernos nacional, provinciales y municipales: guarden estas predicciones. Les serán muy útiles para estar preparados dentro un año. Lamentablemente, esto también significa que ya no tendrán excusas. Aunque yo considero que nunca las tuvieron.

Muchas gracias.